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Prime Video desvela las primeras imágenes de la serie ‘Wilderness’

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l-r: Jenna Coleman as Liv Taylor,, Oliver Jackson-Cohen as Will Taylor and Eric Balfour as Garth and Ashley Benson as Cara

Prime Video ha publicado las primeras imágenes de la serie británica Wilderness. La serie está escrita y creada por Marnie Dickens, que fue nombrada BAFTA Breakthrough Brit en 2016.

Wilderness es una historia de amor en la que un giro inesperado hace que unas vacaciones de ensueño y un supuesto «felices para siempre» se conviertan en una pesadilla.

Wilderness

La serie trata sobre una pareja formada por Liv (Jenna Coleman) y Will (Oliver Jackson-Cohen) que a simple vista lo tiene todo: un matrimonio sólido, una nueva y glamurosa vida en Nueva York y un futuro prometedor por delante. Hasta que Liv descubre una infidelidad. Y al despecho le sigue rápidamente otra emoción: la furia. Así, el matrimonio emprende un viaje de carretera por Estados Unidos con el que Liv fantaseaba desde pequeña, desde Monument Valley hasta el Gran Cañón, pasando por Yosemite, y culminando en un fin de semana hedonista en Las Vegas para sacudirse el polvo y el sudor de encima. Mientras que para Will el viaje se convierte en una oportunidad para resarcirse, para Liv, la perspectiva es otra muy distinta: un itinerario donde los accidentes ocurren todo el tiempo. Un lugar perfecto para la venganza.

Durante su estancia en los épicos Parques Nacionales de Estados Unidos, la pareja se topa con Cara (Ashley Benson), compañera de Will, una joven estadounidense con una brillante carrera y un adorable novio, Garth (Eric Balfour). Los mejores planes de Liv se van al traste y, cuando los cuatro se van de excursión juntos, Cara y Garth pronto se ven envueltos en las vidas de Will y Liv de una manera que cambiará el curso de su futuro para siempre.

Wilderness

Wilderness es un thriller psicológico liderado por un equipo femenino, creado por Marnie Dickens, basado en la novela de B.E. Jones, dirigido por So Yong Kim y con la producción ejecutiva de Elizabeth Kilgarriff. La serie se estrenará este otoño globalmente en Prime Video.

Sobre los temas de la serie, la guionista, creadora y productora ejecutiva Marnie Dickens dijo:

¿Quién no conoce a alguien que ha sido engañado? Ese golpe bajo cuando lo descubres, el rastro de paranoia y sospecha que deja tras de sí, la dificultad de volver a confiar… es suficiente para llevar a cualquiera al límite. Y ahí es donde nos encontramos con nuestra heroína, Liv, mientras el hombre al que ama le miente una y otra vez. Por supuesto, ella quiere venganza, y yo, por mi parte, espero que la consiga.

Póster y fecha de estreno de ‘Cerrar los ojos’, de Víctor Erice

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Cerrar los ojos

Cuando se cumplen cincuenta años de su primer largometraje, El espíritu de la colmena, Víctor Erice estrenará en cines Cerrar los ojos el próximo día 29 de septiembre. La película fue ovacionada en su première mundial en el reciente festival de Cannes.

Un célebre actor español, Julio Arenas, desaparece durante el rodaje de una película. Aunque nunca se llega a encontrar su cadáver, la policía concluye que ha sufrido un accidente al borde del mar. Muchos años después, esta suerte de misterio vuelve a la actualidad a raíz de un programa de televisión que pretende evocar la figura del actor, ofreciendo como primicia imágenes de las últimas escenas en que participó, rodadas por el que fue su íntimo amigo, el director Miguel Garay…

Cerrar los ojos está protagonizada por Manolo Solo, junto a Jose Coronado y Ana Torrent. El reparto se completa con una buena selección de grandes nombres como Petra Martínez, María León, Soledad Villamil, Mario Pardo, Helena Miquel, y José María Pou, entre otros, presentando a la joven Venecia Franco.

Coescrita por Víctor Erice y Michel Gaztambide (ganador de un Goya por No habrá paz para los malvados), Cerrar los ojos habla también de una búsqueda, tejiendo un viaje a través del tiempo en busca de redención y cuyos personajes protagonizan una oda a la amistad que perdura en el recuerdo.

La película es una producción liderada por Tandem Films que llegará a los cines de toda España de la mano de Avalon y que cuenta con Film Factory para las ventas internacionales.

Cerrar los ojos

Ciclo Shôhei Imamura: Crítica de ‘La venganza es mía’ (1979)

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La venganza es mía

Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo Shôhei Imamura
La venganza es mía (1979)

La venganza es mía (Fukushû suruwa wareniari / Vengeance is Mine) es un thriller dramático japonés que está dirigido por Shôhei Imamura. El guion lo firma Masaru Baba (Flor pálida, Hell’s Street Corner), con la colaboración de Shunsaku Ikehata y la reescritura del propio Imamura, adaptando una novela de Ryûzô Saki. La historia sigue las andanzas de un criminal al que le encanta cometer atrocidades. Toda la policía de Japón le persigue, pero siempre logra escapar. Un día conoce a una chica que trabaja en un burdel, y los dos se enamoran. Está protagonizada por Ken Ogata, Rentarô Mikuni, Mayumi Ogawa, Mitsuko Baishô, Chôchô Miyako, Nijiko Kiyokawa y Taiji Tonoyama.

El vengativo regreso a la ficción de Shôhei Imamura

Tras el fracaso comercial de El profundo deseo de los dioses (1968) y desalentado por tener que lidiar con actores encarnando el papel de personas reales, Shôhei Imamura se «retiró» de la ficción durante 11 años concentrándose en la realización de 5 documentales para televisión entre los que destacan Historia del Japón de la posguerra contada por una camarera (1970), In Search of the Unreturned Soldiers in Malaysia (1970) o Esas damas que marchan lejos (1975). Fue una época en la que continuó explorando las miserias de la clase baja de la sociedad japonesa de posguerra recogiendo testimonios de prostitutas o soldados que sufrieron en sus carnes las consecuencias de la ocupación estadounidense y que, en muchos casos, vivieron exiliados en otros países para soportar el trauma.

Esas temáticas ya habían sido retratadas en mayor o menor medida en películas anteriores del director, por ejemplo, son elementos troncales de Cerdos y acorazados (1961). Sin embargo, el inconformista Imamura, tampoco se sintió plenamente cómodo con el formato del documental al considerar que su cámara incidía y alteraba la realidad que deseaba trasladar a pantalla (cualquier documental tiene detrás la visión de un director que pervierte la verdad desnuda a través del punto de vista), por tanto, reconsideró la ficción como alternativa que le otorgaba mayores posibilidades para transmitir sus pensamientos.

Su regreso no decepcionó, lo hizo por la puerta grande y con una película tan polémica como cabría esperar de él. La venganza es mía está inspirada en hechos verídicos de la crónica negra japonesa siguiendo las andanzas de Akira Nishiguchi, estafador y asesino en serie que mató a cinco personas durante 1963. La película está basada en un libro de Ryûzô Saki, pero modifica gran parte de los acontecimientos reales hasta el punto de bautizar al asesino como Iwao Enokizu, interpretado por Ken Ogata.

La venganza es mía

La cultura de la vergüenza

La venganza es mía fue realizada en un contexto de evidente interés cinéfilo por los psycho-thrillers con ejemplos tan notorios como El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960), Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), A sangre fría (Richard Brooks, 1967) o El estrangulador de Rillington Place (Richard Fleischer, 1971), por citar algunos, pero estaba claro que Imamura no iba a repetir fórmulas preestablecidas y plantearía algo diferente más apegado a su habitual estilo de antropología sociológica.

Desde el inicio comprobaremos que rompe con cualquier estructura narrativa lógica al proponer un desorden temporal (por no llamarlo caos) en el que tienen cabida varias elipsis y flashbacks que cortocircuitan la linealidad progresiva que se adivina en cualquier historia para transformarla entonces en una suerte de rompecabezas narrativo donde lo más llamativo es que decide comenzar la trama por el final, es decir, con la detención del asesino por parte de la policía. Eliminada la intriga de un plumazo, podríamos imaginar que el resto de la película será la exploración psicológica del criminal para explicar cuáles son las motivaciones que le han convertido en asesino. Pues, tampoco.

El asesino de Imamura es una encarnación del mal sin condicionantes morales o sociales (habrá detalles que comentaremos después con mayor profundidad), es un hombre que vive del fraude y mata simplemente para alcanzar sus objetivos. El director posiciona nuevamente su mirada en la maldad y depravación humana, en los instintos primarios de una humanidad hipócrita que a menudo renuncia a su condición animal para denunciar los prospectos moralistas y religiosos que rigen un país dominado por la «cultura de la vergüenza», esto lo veremos especialmente a través de algunos personajes secundarios.

La venganza es mía

Explicación del título y del extraño desenlace

La venganza es mía es un título, en sí mismo, enigmático. ¿Quién es el vengador? ¿De qué quiere vengarse? ¿Los crímenes del protagonista son una venganza contra algo o alguien? En realidad, la frase está extraída de la Biblia, concretamente del Versículo 19, Capítulo 12, del Libro de Romanos del Nuevo Testamento que reza así: «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor»». Teniendo en cuenta el contenido crítico que destila el cine de Imamura hacia la espiritualidad religiosa y los fanatismos que constriñen los impulsos humanos, la venganza se convierte en una broma sarcástica al dejarla en manos de un ser supremo que nos observa sin intervenir para mitigar nuestras desgracias.

A ese mismo contexto se adscribe la extraña secuencia de cierre donde el realismo abraza lo fantástico cuando vemos a Shizuo (Rentarô Mikuni) y Kazuko (Mitsuko Baishô), en lo alto de una montaña, dispuestos a esparcir los restos del asesino tras ser ejecutado. Al lanzarlos al vacío quedan suspendidos en el aire en forma de amenaza imborrable que se cierne sobre el posible futuro juntos de ambos. Es un efecto visual bastante rudimentario, pero el mensaje está por encima de la ejecución. El director parece querer decirnos que no existe un Dios vengativo que haga pagar al asesino por sus pecados, sin embargo, el «fantasma» del criminal sí continuará atormentando la vida de los que lo conocieron como recordatorio de los falsos valores moralistas que rigen a la sociedad japonesa.

La venganza es mía

Sexualidad reprimida e incesto

Al igual que hace Imamura en La venganza es mía, esta reseña ha comenzado antes por el final que por el principio. La trama de la película transcribe a la ficción de manera libérrima la vida real de Akira Nishiguchi, un criminal nacido en el seno de una familia católica que cometió varios crímenes violentos a finales de los años 60, siendo capaz de huir durante meses de las autoridades policiales a pesar de que su rostro aparecía constantemente en televisión y en miles de carteles repartidos por todo el país. Se convirtió en un maestro del disfraz y embaucó a sus víctimas haciéndose pasar por abogado o profesor universitario para adquirir una respetabilidad que no tenía. Finalmente, gracias al testimonio de una niña (en la película es una prostituta quien lo delata), sería detenido, juzgado y condenado a morir en la horca en 1970.

La película utiliza todos esos elementos, pero no siempre los explica en el orden en que sucedieron. Gran parte de la narración se concentra en los meses en que el asesino estuvo alojado en Shizuoka, iniciando una relación sentimental con la mujer que regentaba el hospedaje y que en la película es apodada como Haru Asano (Mayumi Ogawa). Allí encontrar una complicidad insólita con la madre de la posadera, Hisano (Nijiko Kiyokawa), mujer aficionada a las apuestas en carreras de lanchas y que ha estado en la cárcel por haber asesinado a un maltratador.

Otro eje narrativo clave será el aspecto familiar mediante la tensa relación del asesino con su padre, Shizuo, quien representa los valores tradicionales más conservadores de la sociedad japonesa. Ese personaje sirve para mostrar la falsedad católica a través de la atracción y la pulsión sexual reprimida que existe entre el hombre y su joven nuera, Kazuko (la mujer del asesino), una relación que permite al director retomar su obsesiva insistencia alrededor del incesto ya desarrollada en anteriores películas como El profundo deseo de los dioses.

La venganza es mía

Cobardía y sumisión

Las miradas furtivas que hace Imamura al pasado del asesino en ningún momento justifican sus acciones criminales, pero sirven como retrato de conducta para una sociedad de posguerra acostumbrada a vivir bajo los designios militares del Emperador Shōwa y de la ocupación-invasión estadounidense tras la rendición del país durante la Segunda Guerra Mundial. En uno de los flashbacks vemos a Shizuo plegarse ante órdenes militares y a Iwao, de niño, rebelándose contra sus exigencias. Ahí se abre una grieta insalvable entre ambos, el asesino odiará a su padre con todas sus fuerzas porque simboliza la cobardía y sumisión de Japón. En realidad, es una forma de no mirarse al espejo, él mismo ha heredado la misma cobardía por mucho que busque ocultarla con sus asesinatos, y su padre se lo recuerda: «Solo puedes matar a las personas que no odias».

En La venganza es mía también puede verse la modernización del Japón de posguerra, su creciente occidentalización y el flirteo con el consumismo como un refugio activo para el fugitivo criminal, por ejemplo, la red viaria le permite desplazarse fácilmente sin ser detectado o puede adquirir sin problemas armas homicidas en tiendas comunes… Otro signo de los nuevos tiempos es ver al asesino caracterizarse con personalidades de un estrato social superior (abogado, profesor universitario, persona adinerada…), para Imamura todos somos iguales (en el mal sentido), pero deja claro que las apariencias o el nivel económico que presuponemos a alguien no debe entenderse como una mayor confiabilidad en el individuo (el dueño del hostal es un ser despreciable que se aprovecha de Haru).

Los personajes femeninos vuelven a ser sufridoras que soportan un patriarcado violento, tanto Kazuko como Haru serán forzadas sexualmente por hombres que aprovecharán su estatus de poder hacia ellas. También veremos como, a pesar de estar prohibida la prostitución en aquella época, seguía ejerciéndose de manera habitual para hacer prosperar otros negocios (la propia encargada del hostal contacta por teléfono a las prostitutas requeridas por sus huéspedes). El director sugiere que, por muchas leyes y normas establecidas, la primitiva condición selvática del hombre siempre hace su aparición y, también, que el dinero pervierte a cualquiera.

La venganza es míaPuesta en escena y elementos recurrentes

En cuanto a la puesta en escena de Shôhei Imamura para La venganza es mía, encontraremos muchos detalles que la unen a obras anteriores. Mantiene el estilo voyerista de Los pornógrafos (1966) con muchos encuadres de cámara situados a través de ventanas o enmarcados tras las puertas de las habitaciones, es una invitación en toda regla para que el espectador observe la perversión desde lejos, con el mismo morbo de quien espía al vecino.

En ese sentido, una de las mejores escenas a nivel escénico acontece durante una conversación entre Iwao y su esposa Kazuko cuando él decide mirar por la ventana y le acusa a ella de estar acostándose con su padre. El plano queda partido en dos con el hombre a la izquierda, en primer término, y la mujer al fondo a la derecha. La cámara enfoca y desenfoca la imagen de la mujer según conviene al director para potenciar el sentido de los diálogos. Es una manera de visualizar el cisma creado en el matrimonio y esos roles hombre-mujer de la sociedad japonesa, pero también sirve para filtrar la hipocresía de la mujer cuando expresa los verdaderos sentimientos que alberga hacia su suegro y su imagen se desenfoca.

Otro recurso interesante repetido en la filmografía del director es la aparición de la lluvia, la nieve o el agua como catalizadores de los deseos ocultos, la consumación de los mismos o el anuncio de un peligro inminente. Por ejemplo, la nieve de Intento de asesinato (1964) se repite aquí cuando Iwao es detenido por la policía y el agua expone sin tapujos la relación incestuosa reprimida entre nuera y suegro durante un erótico baño termal. Otro elemento recurrente es el silbido de un tren asociado al acto sexual, algo que también aparecía en la semántica de Intento de asesinato.

La venganza es mía

La anguila atrapada

En cambio, La venganza es mía se anticipa a otra película del director aún por llegar, La anguila (1997), una historia de un asesino que desea reinsertarse en la sociedad tras cometer un crimen machista. Es una secuencia en la que vemos a Iwao pasear junto a la también asesina Hisano (con causa inversa, ella mató a su marido maltratador), mientras contemplan a unas anguilas deslizarse por el agua de una piscifactoría. En un momento concreto, se quedan mirando el cadáver de una de ellas que ha quedado enroscado en un palo.

La presencia de la anguila puede tener diversos significados, pero uno de ellos sería su carácter casi mitológico asociado a deidades marinas que, a su vez, simboliza el ciclo de la vida (son peces que recorren distancias kilométricas tras su maduración sexual para regresar a su hogar y morir allí). Cuando Iwao es detenido no se muestra demasiado preocupado e incluso asevera con tranquilidad que debe morir al haber matado a gente inocente. Es como si reconociese que su trayecto ha llegado a la desembocadura del río. También puede entenderse como otra muestra de cómo la modernización consumista nos asfixia, las anguilas son criadas artificialmente fuera de su hábitat natural y sometidas a la jerarquía animal de la cadena alimenticia al igual que sucedía con los cerdos de granja que se rebelaban al final de Cerdos y acorazados.

La venganza es mía

Escenas incómodas

Como todo el cine de Imamura, hay otras secuencias memorables y terriblemente ambiguas en La venganza es mía. En una de ellas asistimos al «inesperado» asesinato de Haru cuando es estrangulada por Iwao tras mantener una conversación banal de pareja y ella parece agradecérselo. El impulso criminal surgido de una escena cotidiana pone fin a algo abocado a que termine de manera abrupta en cualquier momento, eso nos lleva a profundizar en la fascinación existente dentro de la sociedad japonesa por la muerte y, desde tiempos inmemoriales, en el suicidio (hay que entender que en ese momento ella ya conoce la condición de asesino de su amante y lo ha aceptado).

Otro momento incómodo es la violación de Haru por parte de su benefactor en el hostal. Mientras ella pide auxilio, en la habitación contigua se encuentra su madre y el propio Iwao que mantienen una actitud impasible sin ceder a la tentación criminal que ofrecen los cuchillos de la cocina situados en primer término del plano. Son, pues, dos asesinos que deciden no matar justo cuando el público desea que lo hagan, porque prefieren que su hija no pierda el sustento financiero que le ofrece el violador y, de paso, a ellos. En definitiva, la mayor parte de los personajes del universo Imamura se definen por el deseo, tanto de sexo como de dinero.

La venganza es mía es un filme áspero, complejo y provocador, que explora las obsesiones habituales de su director y continúa trazando el camino de una filmografía única que a partir de aquí se volvería más accesible para todo tipo de público, permitiéndole obtener un reconocimiento crítico a nivel mundial con obras del calibre de La balada de Narayama (1983) o Lluvia negra (1989).


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Tráiler de ‘Creatura’, de Elena Martín Gimeno, que clausura Atlántida Film Fest

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Tráiler de 'Creatura', de Elena Martín Gimeno, que clausura Atlántida Film Fest

Creatura tiene hoy, 30 de julio, su estreno nacional en el Atlántida Film Fest, donde será la película encargada de clausurar el festival, y ya podemos ver el tráiler oficial de la nueva película de la directora Elena Martín Gimeno, galardonada recientemente con el Europa Cinemas Cannes Label Prize a la Mejor Película Europea de la Quincena de cineastas del Festival de Cannes – máximo premio que se otorga en esta sección:

En Creatura, tras mudarse con su pareja a un nuevo hogar, Mila se da cuenta de que su pérdida de deseo se encuentra en sí misma. A partir de ahí, empieza un viaje en el que revisita experiencias de su infancia y adolescencia con la esperanza de reconciliarse con su propio cuerpo.

A caballo entre el teatro y el cine, Elena Martín Gimeno es una actriz, guionista y directora barcelonesa que no solo dirige Creatura, sino que también la protagoniza junto a Clàudia Malagelada y Mila Borràs, que interpretan al mismo personaje con 30, 15 y 5 años respectivamente. Completan el reparto Oriol Pla, Alex Brendemühl, Clara Segura, Marc Cartanyà, Carla Linares y Teresa Vallicrosa.

Creatura cuenta con guion de Elena Martín Gimeno junto a Clara Roquet (Libertad, Los días que vendrán, 10.000 KM).  Se trata de una producción de Vilaüt Films, Lastor Media, Avalon P.C. y Elastica Films, en asociación con Suris/Bishop Film, con la participación de TV3 y Filmin y el apoyo de ICAA, ICEC y Creative Media Europe. Avalon estrenará la película en los cines españoles el 8 de septiembre.

Ciclo Seijun Suzuki: Crítica de ‘Million Dollar Smash-and-Grab’ (‘Hyakuman-doru o tatakidase’) (1961)

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Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase)

Las críticas de David Pérez «Davicine»:
Ciclo Seijun Suzuki:
Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase)

Dos amigos se convierten en boxeadores y comienzan a entrenar para el campeonato nacional. Lo que no saben es que en algún momento, deberán enfrentarse, poniendo en jaque su amistad. Con su característico y poderoso estilo visual, y haciendo uso de una fotografía en color deslumbrante, Seijun Suzuki nos transporta al mundo cotidiano de un boxeador en el emocionante melodrama deportivo Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase).

Dirigida por Seijun Suzuki, con historia de Yasutaro Yagi, cuenta en su reparto con Kôji Wada, Keisuke Noro, Michiko Sawa, Misako Watanabe, Nobuo Kaneko, Daisaburô Hirata, Goichi Yamada y Tôru Abe. Con motivo del centenario del nacimiento de este director, Filmin ha añadido a su catálogo una docena de sus largometrajes, entre los que se puede ver actualmente esta película.

Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase)

Trabajando por encargo

Antes de conseguir perfilar el estilo que lo haría ser reconocido a nivel mundial pero también lo llevaría a ser despedido del Nikkatsu en 1968, Seijun Suzuki trabajaba en cualquier película que se le encargase, dirigiendo producciones de múltiples y variados géneros. El cineasta ni seleccionaba guiones ni actores, por lo que tenía una complicada tarea para destacar en un complicado mercado laboral, aunque siempre dejaba destellos de todo lo que tenía guardado esperando ver la luz.

En Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase) nos presenta una historia de amistad bajo la sombra de una película deportiva, en este caso el boxeo. La película nos cuenta cómo Kinji Mitsui y Tokichi Shimoyama llegan a Tokio con la esperanza de convertirse en boxeadores profesionales. Vienen de Hachijo, una isla sin salida al sur de la península de Izu. Descubierto por una pandilla de yakuza que dirige un club de boxeo, Kinji se niega a inscribirse y convence al gerente de una sala familiar, el Sr. Haraguchi, para que lo tome bajo su protección. Rápidamente demuestra su potencial y Haraguchi espera convertirlo en un campeón.

Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase)

Con destellos de lo que estaba por venir

En Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase) ya se aprecian detalles del estilo visual de Suzuki y un uso del color deslumbrante, además de un manejo sorprendente de los espacios, especialmente en los lugares de entrenamiento. Pero a pesar de apreciarse estos detalles, aún faltaría tiempo para disfrutar de sus mejores películas, al menos las que tenían ya toda la fuerza del cineasta con grandes actores e historias más sorprendentes, lo que no quita que algunos capítulos de la película sean conmovedores.

En esta historia de boxeo, un género inherentemente cinematográfico, se sigue el típico patrón de joven que debe salir adelante a base de esfuerzo, aunque para ello cuente con un actor que tampoco aporta en exceso, cumpliendo tan solo con lo que se le pide. Así, para el papel de Kinji se contó con Kôji Wada, un joven actor de 17 años en ese momento que aún tenía por delante una gran carrera profesional, estando por llegar sus mejores películas, aunque fue reclutado con 15 años por Nikkatsu debido a su parecido con su estrella Yûjirô Ishihara.

En esta película deportiva se ve a un Wada ilusionado y dulce, bastante alejado de la personalidad que suelen tener muchos de los personajes de la filmografía más personal de Suzuki y que solían ser interpretados por actores recurrentes del cineasta japonés, como Jo Shishido, un actor con personajes más complejos que encarnó muy bien el gusto del director por la excentricidad y la violencia. Junto a Wada tenemos a Keisuke Noro como su mejor amigo Tokichi Shimoyama, otro actor joven pero con más experiencia, que se limita a dar lo que el papel le exige, sin destacar.

En resumen, Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase) es una película con destellos de lo que estaría por llegar en la filmografía de Seijun Suzuki, notándose que es una dirección por encargo sin elección de guion ni reparto, pero permitiéndonos ver la visión del cineasta en una historia sencilla de amistad y boxeo.


¿Qué te ha parecido la película Million Dollar Smash-and-Grab (Hyakuman-doru o tatakidase)?

Crítica de ’Barbie’: Greta Gerwig y la sátira como género (cinematográfico)

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Barbie

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Barbie

Escribía hace un par de días sobre Oppenheimer que Christopher Nolan volvía a demostrar que es (mucho) mejor director que guionista; una argumentación muy similar, pero de signo contrario se me antoja ante Greta Gerwig y Noah Baumbach, una pareja de cineastas que escribe extremadamente bien y, sin embargo, no siempre están a la misma brillante altura con la dirección. (Habrá quien de esto entienda que acabo de decir que Baumbach y Gerwig no son buenos directores de cine, pero hoy me pillan sin ganas de esforzarme con quien tenga problemas de comprensión lectora).

Barbie es un cuento sobre juguetes (las similitudes con Toy Story son más de las que parecen), en el que el mundo real (convengamos en llamar así a esta distopia en la que estamos viviendo los seres humanos del siglo XXI) se interrelaciona con el ficticio mundo de Barbieland, una sociedad matriarcal (no tanto como parece) y feminista (no tanto como se pretende) en el que las diversas Barbies y los diversos Kens se relacionan en un plano de desigualdad que reproduce, de modo inverso, la canónica desigualdad entre géneros del mundo real.

La Barbie estereotípica (ya saben, la rubia de medidas imposibles) está interpretada con endiablada gracia por una Margot Robbie que devora al personaje (cuando el riesgo era el contrario), su vida ideal en su preciosa casa de plástico es mostrada desde unos principios estéticos rematadamente perfectos. No hay nada reprochable en la conjunción entre el diseño de producción de Sarah Greenwood, la escenografía de Katie Spender, el vestuario de Jacqueline Curran (dos Óscar la contemplan) y la fotografía del mexicano Rodrigo Prieto. Todos estos elementos funcionan como un todo uniforme que sostiene la película en los momentos de debilidad de la trama argumental o cuando aparece algún personaje sobrante como el del siempre abofeteable Will Ferrell.

Cuando esta Barbie estereotípica comienza a hacerse preguntas metafísicas y la perfección de su cuerpo empieza a agrietarse (esos piececitos en punta perfectamente diseñados para encajar en zapatos imposibles) se producirá el detonante que pondrá en marcha todo el mecanismo argumental pergeñado por Gerwig y Baumbach desde el guion para provocar una distopia dentro de la distopia de Barbieland. Los Kens toman el mando y reproducen los modelos de patriarcado que el Ken protagonista (atolondradamente divertido Ryan Gosling) ha vislumbrado en su breve incursión en el mundo real donde ha absorbido toda una serie de tópicos de manual sobre dónde radica la masculinidad (la estereotípica, claro, ya que hablamos de estereotipos).

El quid de la cuestión estriba en que todo está concebido desde los principios fundamentales de la sátira. El humor preside toda la escritura y buena parte de la filmación, unas veces más afinado y otras más grueso, pero es el humor, al fin y al cabo, el mejor prisma para mirar una película que se toma menos en serio a sí misma de lo que pretenden algunos sesudos análisis, tanto laudatorios como incriminatorios, que he tenido ocasión de leer en los últimos días. Y es que todo el mundo parece haber descartado la posibilidad de que Barbie sea, sencillamente, una película divertida (que lo es) que pone en imágenes un cuento escrito de una manera mucho más clásica de lo que parece por dos de los mejores guionistas del cine norteamericano actual, no hace mucho enfants terribles del cine indie y ahora, por lo que se ve, absorbidos por las majors, las plataformas televisivas y las multinacionales del juguete.

Pretender elevar a la Barbie de Greta Gerwig a una suerte de manifiesto feminista 2.0 o reducirla a panfleto simplón con anemia combativa me parecen dos ejercicios tan estériles como errados en el tiro. Barbie es, ante todo, un divertimento, una comedia alocada que bebe (un poquito, tampoco nos pasemos) de la Screwball Comedy clásica americana mientras flirtea con el musical sin serlo, adquiere la apariencia de una película infantil sin serlo y se presenta, en una suerte de autoparodia, como un drama existencialista que, desde luego, tampoco es.

Lo mejor, ya se ha dicho, es todo el envoltorio estético al que previsiblemente llenarán de merecidísimos premios, las interpretaciones de la pareja protagonista y de America Ferrara, la mala uva de un guion inteligente, aunque irregular y el ritmo que la dirección de Gerwig insufla al conjunto. Lo peor son los baches de guion que casi siempre coinciden con la aparición de Ferrell en pantalla y que todo el ruido generado alrededor de la película impidan que muchos espectadores se acerquen a ella desprejuiciados y con la mirada limpia.

Crítica de ‘Paradise’: Netflix sigue apostando por la ciencia ficción alemana

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Paradise, en Netflix

Las críticas de David Pérez «Davicine»:
Paradise

Un hombre descubre el lado oscuro de la empresa de biotecnología para la que trabaja cuando su esposa se ve obligada a renunciar a 40 años de vida para pagar una deuda. Dirigida por Boris Kunz, Paradise es un thriller de ciencia ficción con Kostja Ullmann (Cita a ciegas con la vida) e Iris Berben (Rosa Roth). Completan el reparto Corinna Kirchhoff, Marlene Tanczik, Lisa-Marie Koroll, Lorna Ishema, Numan Acar, Alina Levshin, Tom Böttcher, Gizem Emre y Lisa Loven Kongsli. La película se estrena el 27 de julio de 2023 en Netflix.

Mirando al futuro con miedo

Canjea tu vida… por dinero. Esta película de ciencia ficción alemana nos lleva hasta un futuro no muy lejano en el que un método para transferir años de vida de una persona a otra ha cambiado el mundo para siempre, convirtiendo a la start-up biotecnológica AEON en una empresa farmacéutica multimillonaria.

Paradise gira alrededor de Max y Elena, quienes disfrutan de una vida casi perfecta. Pero todo cambia súbitamente cuando la pareja debe afrontar unas deudas imprevistas que son incapaces de asumir. Para saldarlas, Elena (Marlene Tanzcik) tiene que ‘pagar’ 40 años de su vida. Privados de un futuro común, ante ellos solo quedan las ruinas de su vida. Max (Kostja Ullmann), empleado de AEON, hará todo lo que esté en su mano para que Elena recupere sus años perdidos. Pero nada volverá a ser como antes.

Paradise, en Netflix

Ciencia ficción desde Alemania

Alemania se ha convertido en un filón para la ciencia ficción en plataformas, y entre series y películas es muy habitual tener todos los meses alguna opción en Netflix para disfrutar de algo distinto sin necesidad de un gran presupuesto, solventando esta carencia con guiones interesantes y que nos sorprenden. El director Boris Kunz ha estado interesado en sacar adelante Paradise durante casi diez años (junto con los guionistas Peter Kocyla y Simon Amberger) hasta que finalmente Netflix se interesó en la idea y se involucró para que viera la luz.

La base de la película es cuanto menos realista, y si bien puede que quede mucho tiempo (si es que se logra) para que lo que nos cuentan sea real, es cierto que la eterna juventud es algo que se ha buscado toda la vida, y más allá de milagros tenemos la ciencia avanzando a pasos agigantados para lograr un rejuvenecimiento sin necesidad de pactar con el diablo. Paradise no nos explica cómo se logra traspasar años de una persona a otra, pero eso ni impide que nos de miedo hacia donde se dirige la tecnología en su afán por rejuvenecer a los que más tienen.

Paradise, en Netflix

Juventud y moralidad

La búsqueda de la eterna juventud se puede tratar de muchas maneras en el cine, desde avances científicos, tecnología para crear cuerpos en los que poder introducir nuestra mente, pactos con el diablo o cremas maravillosas, pero pocas veces se ha retratado con tanta carga social como en este caso. Paradise nos hace preguntarnos si el intercambio de años entre personas es moralmente correcto, especialmente cuando hay una brecha tan grande entre ricos y pobres, pudiendo los primeros pagar por la «vida» de los segundos.

Pero no sólo los millonarios son quienes pueden adquirir años adicionales de juventud, sino que la propia sociedad se encarga de mantener jóvenes a las grandes mentes del mundo, como es el caso de ganadores del Premio Nobel cuyas vidas se prolongan para poder hacer aún más por el mundo, aunque para ello otros deban sacrificarse. Muchas preguntas nos surgirán a lo largo de la película sobre lo moral y éticamente correcto, mientras disfrutamos de una oscura película de ciencia ficción que compagina mensaje con entretenimiento.

Paradise, en Netflix

Mejor reparto que presupuesto

Por si la idea original no es suficiente reclamo, queda claro que Paradise es una apuesta en firma de Netflix por la ciencia ficción alemana, y cuenta con un elenco de primer nivel con una gran química entre los tres actores principales Kostja Ullmann, Marlene Tanczik y Corinna Kirchhoff. Todos ellos tienen claro el tipo de película en la que están, y se adaptan perfectamente a las situaciones dramáticas pero sin perder tensión a la hora de desarrollar sus personajes incluso cuando la ciencia ficción empieza a sobresalir sobre el drama. Sorprende el pequeño papel que tiene Iris Berben, pero parece disfrutar con su personaje y aporta mucho carisma a la todopoderosa mujer de negocios y jefa de AEON, Sophie Theissen.

Paradise luce también con un nivel de producción sobresaliente para el presupuesto que parece tener, destacando las escenas de tensión y la acción que resultan llamativas por la puesta en escena aunque sean en cierto modo convencionales en comparación con la ciencia ficción que nos llega de Hollywood, siendo seguramente ese motivo por el que la película decide dirigirse más hacia el thriller que la ciencia ficción en su desarrollo tras el arranque a lo Black Mirror.

En resumen, Paradise es un thriller de ciencia ficción con una premisa interesante, empleando la tecnología creada en un futuro no muy lejano para abrir un interesante debate mientras nos entretiene con su historia de supervivencia con interpretaciones sólidas.


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Crítica de ‘Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película‘: Ladybug se contagia del espíritu Disney

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Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película

Las críticas de Ignacio Mittenhoff:
Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película

La vida de una adolescente parisina corriente, Marinette, se vuelve sobrehumana cuando se convierte en Ladybug. Dotada de poderes mágicos de creación, Ladybug debe unirse a su opuesto, Cat Noir, para salvar París cuando un nuevo villano desata el caos en la ciudad.

Jeremy Zag, productor y compositor de la serie original, se pone a los mandos de la dirección y la escritura de Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película. En su versión original destacan las voces de Annouck Hautbois, Benjamin Bollen, Fanny Bloc y Antoine Tomé. La película se estrena en Netflix el día 28 de julio de 2023.

Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película

Por fin una película de Ladybug

Lo reconozco: soy fan de Ladybug. Cuando mi hija aún era demasiado pequeña las cadenas infantiles y los kioscos estaban inundados de material sobre Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug. Sin saber absolutamente nada ni haber visto ningún episodio me costaba trabajo entender un poco de qué trataba todo. Mi hija creció, y Ladybug seguía presente a todas horas en las cadenas infantiles de televisión. Así que por fin pude ver los episodios al completo, y poco a poco me fui enganchando a esos capítulos con un ritmo frenético y una calidad visual que nunca antes había visto en una serie de televisión infantil.

Cuando se anunció que iban a estrenar Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película, mi interés fue en aumento. Si obviamos las dos «películas» (más bien episodios largos que se desarrollaban fuera de París) que ya se habían estrenado, se presentaba la primera oportunidad de disfrutar en formato de gran pantalla de las aventuras de esta superheroína por las calles de la capital francesa.

Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película

Demasiados números musicales

Mi ilusión se convirtió en decepción al poco de empezar la película, en concreto en el momento que aparece el primer número musical. ¿Pero esto qué es? De repente me parece estar viendo La bella y la bestia en vez de Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película. Cambiamos a nuestra princesa Disney por una Marinette cantando por las calles de París y el resultado es el mismo. El problema es que los números musicales se repiten durante todo el metraje, y más que aportar, entorpecen y cortan el ritmo de la película. Son canciones simples, nada pegadizas, que parece que están puestas para alargar la película y que no parezca otro episodio largo.

Centrándonos en la historia, por fin los fans podemos conocer el origen de Ladybug y Cat Noir, los dos superhéroes elegidos para luchas contra Lepidóptero y salvar el mundo del mal que quiere hacer reinar este villano. Echando la vista atrás, en la serie de televisión, en su primer capitulo, ya poseen estos poderes tanto Marinette como Adrien, y enseguida les podemos ver luchando contra el villano de turno sin entender muy bien cómo han conseguido tener esos poderes. Aunque, más adelante en otro capítulo nos cuentan sus orígenes, lo hacen de una forma sencilla y ajustada a la duración del episodio en cuestión. Así que es de agradecer que al fin podamos conocer un poco sobre los comienzos y los motivos de Ladybug y Cat Noir.

En la película podemos ver a una Marinette joven, sencilla, inexperta, con mucho miedo y falta de confianza a la hora de enfrentarse a su primer día de colegio. Por otro lado vemos a Adrien, otro chico con un pasado trágico que no consigue levantar cabeza tras la muerte de su madre, y con un padre más preocupado en su negocio que en pasar tiempo con él. Padre, por cierto, que a su vez es el malvado villano que desea poseer los «akumas» de la creación y la destrucción con el fin de poder devolver la vida a su esposa. Y, entre medias, el resto de personajes secundarios, cada uno con su historia y algunos con mucho carisma, y una variedad de villanos realmente originales.

Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película

Una historia de amor con demasiado protagonismo

Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película trata en demasía la historia de amor y desamor entre Marinette, Adrien, Lady Bug y Cat Noir. Algo que en la serie tratan con toques de humor y con la dosis necesaria, en la película se convierte en algo demasiado pasteloso y tedioso, y los números musicales que acompañan a estos momentos no ayudan a aligerar el tema.

La película, eso si, toma un camino diferente a la serie en cuanto al desarrollo de la historia. Y es que, si en la serie las identidades entre Ladybug, Cat Noir y Lepidóptero se mantienen en secreto durante la mayor parte de las temporadas, en la película dan un comienzo y un fin a la relación entre estos personajes. Algo que tiene sentido, para dar un final cerrado a la película, pero que quita el encanto al juego de las identidades ocultas entre héroes y villanos.

En definitiva, nos encontramos ante una película divertida, que mantiene la esencia de los capítulos de la serie de televisión, aunque con menos villanos secundarios y con una historia de amor demasiado larga. Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug: La película es una película necesaria para conocer los orígenes de estos dos superhéroes pero deja un sabor agridulce, aunque, eso si, te deja con ganas de revisionar la serie desde su primer capítulo.


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Ciclo Mia Hansen-Løve: Crítica de ‘El padre de mis hijos (Le père de mes enfants, 2009)’

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El padre de mis hijos

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Ciclo Mia Hansen-Løve
El padre de mis hijos (2009)

Si Mia Hansen-Løve había dedicado su primera película a la memoria del productor Humbert Balsan, su segundo film, El padre de mis hijos, se constituye como un auténtico tributo a su vida y muerte a través del personaje protagonista (al menos de la primera mitad del film), un productor llamado Grégoire Canvel (Louis-Do de Lencquesaing) que lucha denodadamente por mantener a flote Moon Films, una productora cinematográfica llena de deudas y problemas, sin renunciar a seguir produciendo películas pequeñas, de modestas ambiciones comerciales y, por tanto, poco o nada rentables.

El padre de mis hijos nos presenta a Grégoire como un hombre permanentemente pegado al teléfono móvil, a un cigarrillo, al volante de su coche y, en ocasiones, a las tres cosas al mismo tiempo mientras trata, desde la distancia, de controlar rodajes cuyos presupuestos se disparan por los egos de los directores o actores o por pequeñas catástrofes técnicas.

Hansen-Løve construye toda la primera mitad del film alternando secuencias de esta caída en picado de la productora con otras, más amables, felices incluso, de la vida familiar de Grégoire junto a su esposa Sylvia (Chiara Caselli) y sus tres hijas: la adolescente Clémence (Alice de Lencquesaing) y las pequeñas Valentine y Billie. El guion teje con sutileza estas dos vertientes de la vida de Grégoire, mostrando sin estridencias ni subrayados como el trabajo interfiere en su vida familiar y, en segunda instancia, en su estabilidad emocional.

El padre de mis hijos

Se advierte en El padre de mis hijos, una mayor madurez para filmar estas escenas familiares, ya apuntada en su ópera prima, que se han convertido en una de las señas de identidad de la directora francesa. A través de estas secuencias que en una visión superficial podríamos confundir con tiempos muertos: una representación teatral infantil casera, un baño familiar en un acantilado, una visita turística a una iglesia templaria en ruinas o a los mosaicos bizantinos de Rávena, sirven a Hansen-Løve para perfilar a su protagonista como un tipo ilustrado, sensible y profundamente humano, en cuyo interior conviven el profundo amor que siente por su familia con el abismo al que se asoma su productora en permanente riesgo de quiebra.

Hansen-Løve apuntala toda esta primera mitad del film con varias secuencias premonitorias, que pueden pasar inadvertidas en un primer visionado, con las que apunta al fatal desenlace de un Grégoire cada vez más acorralado por sus acreedores, pero con el empecinado orgullo (llamémosle así) de negarse a vender su catálogo de películas o aceptar cualquier solución que pase por una retirada. La conversación con su asesor financiero que termina con un “me tiraré por la ventana” y el plano de una ventana abierta un par de minutos después funcionan como una advertencia al espectador de que toda la presión narrativa que se ha ido cociendo hasta ese momento terminará por estallar poco después de que, Grégoire, se abrace a su mujer, la única ante la que manifiesta su desesperación, diciéndole que “no puede más”.

Del mismo modo que había ocurrido ya en su primera película, en la segunda mitad (tal vez podríamos hablar de segundo acto) de El padre de mis hijos, un personaje que durante la primera parte de película había aparecido como marginal en la trama, Clemence (Alice de Lencquesaing), la hija mayor, se apodera del centro del relato y Mia Hansen-Løve vehiculiza a través de ella las emociones del espectador. En ambos casos, la Pamela adolescente de Todo está perdonado y la Clemence de El padre de mis hijos, puede reconocerse el alter-ego de una directora que nunca ha negado la impronta de su vida personal en sus guiones.

El padre de mis hijos 2

Además de la preponderancia de Clémence como eje de la mirada de Hansen-Løve, en esta segunda mitad del film también toman relevancia otra serie de personajes, apenas esbozados en el inicio del film, como Serge (Éric Elmosnino), el mejor amigo de la familia o los empleados de la productora, fundamentalmente encarnados en la secretaria personal de Grégoire interpretada por la siempre fantástica Sandrine Dumas. Ambos ponen en relación a la familia de Grégoire con la realidad de Moon Films mientras el trasfondo del relato funciona a modo de imagen invertida de la ofrecida durante la primera parte: la disolución del legado material de Grégoire convive con la reivindicación de su legado humano, el duelo y la pérdida hace atravesar a los personajes del rencor y la incomprensión a la aceptación y el amor. Lo que Grégoire les dio como esposo, padre y jefe termina imponiéndose a lo que les quitó.

A partir del hecho determinante del relato, el film se empapa de una melancolía y una desolación que Hansen-Løve escribe con delicadeza exquisita y filma con una puesta en escena sencilla, limpia, honesta y coherente con una película profundamente humanista, dolorosamente hermosa y, por paradójico que parezca, culminada con un tono optimista en ese “volver a empezar” con la familia embarcada en un taxi rumbo a una nueva etapa vital mientras suena el «Qué será será» en la voz de Doris Day.

Crítica de ‘Felicidad para principiantes’: Ellie Kemper sigue en forma

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Felicidad para principiantes

Las críticas de David Pérez «Davicine»:
Felicidad para principiantes (Happiness For Beginners)

Durante toda su vida, Helen siempre ha procurado mantenerse alejada de todo riesgo. Ahora, recién divorciada, decide sumarse a un peculiar grupo de desconocidos en un curso de supervivencia con la esperanza de redescubrir lo que significa vivir y amar. Ellie Kemper (Unbreakable Kimmy Schmidt) y Luke Grimes (Yellowstone) protagonizan Felicidad para principiantes (Happiness For Beginners), tierna comedia romántica dirigida por Vicky Wight y cuyo reparto completan Nico Santos, Ben Cook, Shayvawn Webster, Esteban Benito, Julia Shiplett, Gus Birney y Blythe Danner. La película se estrena el 27 de julio de 2023 en Netflix.

Felicidad para principiantes

Perderse para encontrarse

Felicidad para principiantes, basada en la famosísima novela de Katherine Center, es un recordatorio de que a veces hay que perderse antes de encontrarse. En la película nos cuentan cómo, durante toda su vida, Helen (Ellie Kemper) siempre ha procurado mantenerse alejada de todo riesgo. Ahora, recién divorciada y algo perdida, decide que necesita un revulsivo y se apunta a un curso de supervivencia.

Su aventura discurre por una ruta de montaña en el Sendero de los Apalaches, en compañía de un grupo de desconocidos muy peculiares. Desde el primer instante, el plan de Helen de convertirse en la mejor senderista afrontará un obstáculo tras otro. En este contacto con la naturaleza, Helen se encontrará a sí misma… y algo más.

Felicidad para principiantes

Una gran actriz de comedia para mejorar una comedia sencilla

Ellie Kemper es la típica actriz que sabes que va a animarte una película, y es que siempre acostumbra a interpretar personajes alegres y optimistas que no cesan en su positividad ni cuando se enfrentan a una gran adversidad. Cierto es que la hemos visto en multitud de películas o series, pero son dos los personajes que más han marcado su carrera: Erin de The Office y Kimmy de Unbreakable Kimmy Schmidt. Siguiendo la estela de esos dos personajes, Kemper en Felicidad para principiantes se lanza de nuevo a interpretar a una mujer que se enfrenta a una situación desfavorable para ella pero dispuesta a salir adelante de la forma más alegre posible, siendo evidentemente lo mejor de la película.

Felicidad para principiantes está basada en una conocida novela, pero el guion de la película está repleto de clichés y no aporta nada nuevo a las típicas historias románticas de polos opuestos que se atraen con historia de superación incluida, pareciendo que por momentos parodia el género de las comedias románticas. Y eso no es del todo malo si es lo que se quiere ver, especialmente si cuenta con Kemper en pantalla quien, con tan sólo su expresivo rostro, saca a relucir un amplio repertorio de emociones que no necesitan de diálogos para entender sus sentimientos.

Felicidad para principiantes

Paisajes idílicos para diálogos ingeniosos

La mayor parte de la acción de Felicidad para principiantes tiene lugar durante la aventura que emprende Hellen en el bosque, y todo está rodado bellamente para reforzar los paisajes idílicos por los que pasean los protagonistas, haciendo disfrutar al espectador de este viaje como un senderista más. Un gran trabajo de fotografía para acompañar algunas de las mejores escenas de la película de la mano de diálogos ingeniosos entre Kemper y Nico Santos, demostrando Santos que puede hacer sombra a cualquier actor cómico, como ya demostrase en Superstore durante muchas temporadas.

Lástima que la película quiera que la trama gire más alrededor del posible romance entre Kemper y Luke Grimes, alejándose de la comedia más divertida para adentrase en comedias románticas de segunda categoría sin nada que aportar más allá del citado reparto. Grimes como Jake es el catalizador en el desarrollo del personaje de Kemper, Helen, pero no se muestra demasiado insistente ni parece que con sus actos realmente pueda conseguir lo que quiere. Su presencia en este viaje ralentiza el proceso de Helen, pero sirve para que ella se de cuenta de cosas que de otra manera habría ignorado.

El resto de personajes, en general excursionistas con Helen y Jake, son una mezcla pintoresca de personas cuyas personalidades excéntricas se supone que son divertidas y funcionan como alivio cómico, aunque es tan evidente que esa es la finalidad de todos ellos que en ocasiones resultan molestos, con una ausencia total de desarrollo en ellos o de historias interesantes hasta llegar aquí.

En resumen, Felicidad para principiantes da lo que se espera de ella y, sin sorpresas ni novedades, Ellie Kemper mejora el resultado final para que sea un visionado agradable para una sobremesa de fin de semana con una historia empática que llegará de forma fácil a todos los espectadores.


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Crítica de ’Oppenheimer’: Entretenimiento y autoría por el mismo precio

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Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Oppenheimer

La cartelera veraniega, habitualmente compuesta por tres o cuatro películas de acción o superhéroes con vocación taquillera y dos o tres docenas de películas pequeñas que no han encontrado acomodo para ser estrenadas en meses más favorables, nos trae este verano el estreno simultáneo de dos de los títulos más esperados por los aficionados al cine en una (absurda) competición por ver cual de las dos se lleva el gato al agua con la taquilla. Oppenheimer (Christopher Nolan) y Barbie (Greta Gerwig) parecen estar en las antípodas temáticas y estilísticas y, por tanto, no tener el mismo público objetivo. Sin embargo, se ha montado un buen circo de estrategias de marketing, contenidos para redes sociales, carreras de cifras de taquilla o anticipaciones de premios cinematográficos con casi un año de antelación cuando está (casi) todo por estrenar. Entiendo que haya a quien todo esto le resulte entretenido y si la cosa sirve para que vaya más gente a ver películas a las salas de cine, bienvenido sea el circo, me pondré una camisa rosa para ir a ver Barbie y un sombrero Fedora gris para ver Oppenheimer.

Nolan se ocupa en su más reciente película de varios fragmentos de la vida de un científico, el físico teórico estadounidense (aunque judío de origen alemán) Robert Oppenheimer, que ha trascendido como padre de la bomba atómica al ser quien dirigió el laboratorio en el que se diseñaron las bombas nucleares dentro del proyecto Manhattan que comandó el gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El resultado lo conocemos todos, dos bombas nucleares lanzadas sobre las islas de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 respectivamente que provocaron, pocos días después, la rendición de Japón y el fin de la guerra.

Como ocurre habitualmente con las películas tan esperadas y con esta llevan dando la turra desde finales del año pasado, se generan unas expectativas que, la mayoría de las veces, son muy difíciles de satisfacer. Es indiscutible que Nolan es fiel a su cine. En Oppenheimer no traiciona ni por un momento los principios narrativos, estilísticos y visuales que le han convertido en uno de los directores más reputados de su generación y la gran esperanza para heredar el trono de los grandes maestros vivos ocupado por venerables ancianos [Eastwood (93), Allen (87), Coppola (84), Scorsese (80)] todos ellos, por cierto, con películas próximas a estrenar en los próximos meses a pesar de estar cerca del final de sus carreras.

Lo que es cuestionable es si esos principios, fundamentalmente los narrativos, que han demostrado funcionar con la ciencia ficción (Origen, Interstellar) o las películas de superhéroes (Trilogía de El caballero oscuro), sirven igual de bien a un biopic histórico con una base argumental totalmente pegada a la realidad.

Es de agradecer que en estos tiempos en los que la mayoría de la industria del entretenimiento está empeñada en tratar al espectador como si fuera estúpido (lamentablemente hay muchos), haya quien respete su inteligencia y proponga una manera diferente de contar las cosas, lo que ocurre es que es probable que a Nolan se le haya ido de las manos la complejidad y el exceso de personajes. Una mayor capacidad de síntesis beneficiaría mucho a una película tan atractiva visualmente como innecesariamente larga.

Oppenheimer

De entrada, la complicada urdimbre de líneas narrativas construida por Nolan en el guion de Oppenheimer me resulta demasiado farragosa, todo lo que se cuenta en la primera hora de película podría contarse en menos tiempo y plantearse de una manera un poquito más inteligible sin traicionar la concepción no lineal del tiempo, algo sustancial de su cine. No me imagino a Nolan poniendo rótulos que indiquen donde nos encontramos y en qué año tiene lugar lo que nos está contando, pero se puede poner un poquito más de empeño en hacer accesible al espectador la ubicación temporo-espacial de las líneas narrativas, especialmente si, como he dicho, no estamos ante una película de ciencia ficción.

En esta primera hora de película, en la que Nolan presenta a sus personajes sin demasiado esfuerzo por distinguir a los que van a ser relevantes de los que no, se alternan las secuencias de los inicios de Robert Oppenheimer (Cillian Murphy) como físico con otras posteriores de un interrogatorio al que se le sometió bajo sospechas de ser colaboracionista con los rusos (la caza de brujas no se ceñía solo al cine y la literatura) y otras de un juicio en el que el protagonismo recae sobre el almirante y presidente de la Comisión de Energía Atómica al que da vida un extraordinario Robert Downey Jr.

Sin embargo, lo más interesante del film es todo lo que ocupa la parte central del mismo, el proceso de desarrollo de las bombas, los primeros ensayos nucleares que culminan con la prueba Trinity (probablemente la mejor secuencia del film) y todo lo que vino después.

Oppenheimer

Nolan filma con mano maestra, siempre sabe donde colocar la cámara, cuándo y cómo moverla, qué secuencias debe apoyar en la puesta en escena y cuáles en la sala de montaje, toda la concepción visual de la película en sencillamente portentosa, pero no puede decirse lo mismo del machacón y abusivo empleo de la música para la cual vuelve a recurrir al ampuloso y enfático Ludwig Göransson, el mismo que compuso la horripilante partitura de Tenet. ¡Cuánto se echan de menos las maravillosas partituras de Hans Zimmer para Origen, Interstellar, Dunkerque o la trilogía de El caballero oscuro!

Probablemente por primera vez en su filmografía, Christopher Nolan pone a (muchos de) sus personajes a la misma altura que aquello que les sucede y se rodea de un elenco portentoso al que dirige con mano maestra. Cillian Murphy está descomunal como Oppenheimer en, probablemente, el papel por el que será recordado, pero la retahíla de nombres es interminable, desde el ya citado Downey Jr. a Matt Damon pasando por Jason Clarke, Josh Hartnett, Casey Affleck, Matthew Modine, Benny Safdie o las breves aportaciones de Kenneth Branagh como Niels Bohr y Tom Conti como Albert Einstein. El apartado femenino es más escueto con una estupenda Emily Blunt como la esposa de Oppenheimer y Florence Pugh en un personaje que probablemente podría haber sido más desarrollado en un guion con el que Nolan vuelve a poner de manifiesto que es mucho mejor director que guionista.

Porque, y aquí es donde radica la madre del cordero, a pesar de su prolijo detalle en la exposición de los hechos y de sus esfuerzos didácticos por hacer inteligibles algunos principios de la física teórica, uno echa de menos un poquito más de reflexión y hondura en un larguísimo libreto que deja apenas apuntadas algunas ideas sobre los problemas éticos del uso de sus descubrimientos que atormentaron a Robert Oppenheimer durante el resto de su vida. En algunos momentos se presienten ligeras intenciones antibelicistas en la pluma de Nolan, pero terminan diluyéndose en la aparatosidad del conjunto.

Algún programador o exhibidor cinematográfico debería pensar en la posibilidad de proyectar en programa doble este Oppenheimer de Nolan seguida del Hiroshima Mon Amour de Alain Resnais. A más de uno se le pondrían los pelos como escarpias. Al fin y al cabo, hay muchas más similitudes que diferencias entre dos directores que han hecho bandera de experimentar con el lenguaje fílmico transgrediendo la narrativa clásica, de jugar con las líneas temporales, de hacer virtuosismos con el montaje cinematográfico y de, en definitiva, dejar su sello autoral en cada una de sus obras. Hace tres años escribí a propósito de Tenet, que Christopher Nolan era el más autor de los cineastas del entretenimiento o el más entretenido de los autores del cine. Después de Oppenheimer, veo la apuesta y la subo.


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