Crítica de ‘Judas y el mesías negro’: Historia de una traición

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Judas y el mesías negro
 

En un año donde los disturbios raciales han vuelto a estar de actualidad, en Estados Unidos y consecuentemente en todo el mundo, por el movimiento Black Lives Matter que se desencadenó a raíz de la estremecedora muerte de George Floyd; tenemos, entre todas las películas que optan a los Óscar de Hollywood, cinco largometrajes que abordan directa o tangencialmente el tema del racismo. El juicio de los 7 de Chicago (Aaron Sorkin), Una noche en Miami (Regina King), Los Estados Unidos contra Billie Holiday (Lee Daniels), La madre del blues (George C. Wolfe) y Judas y el mesías negro (Shaka King) de la que hoy nos ocupamos. Entre las cinco suman 21 nominaciones a la estatuilla. De entre todas ellas, sin duda, la más potente en cuanto al mensaje racial es este segundo largometraje de Shaka King, lo cual no quiere decir que sea la mejor película de las citadas, pero debatir eso sería arena de otro costal. No confundamos la pertinencia de un mensaje y la incuestionable nobleza de una causa con la excelencia cinematográfica.

De acuerdo con las Sagradas Escrituras, Judas Iscariote, uno de los doce apóstoles, traicionó a Jesucristo guiando a los guardias que lo prendieron a cambio de treinta monedas de plata. Según el Evangelio de San Mateo, poco tiempo después, presa del remordimiento, intentó devolver las treinta monedas a los miembros del Sanedrín y finalmente se suicidó ahorcándose en una higuera. El caso es que su nombre, Judas, ha quedado para siempre asociado a la traición y es empleado como insulto cuando alguien comete una deslealtad. Incluso el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española recoge el término judas (en minúscula, claro) y en su primera acepción lo define como “hombre alevoso, traidor”.

Judas y el mesías negro es la historia de una traición, la que sufrió Fred Hampton, el líder del Partido Pantera Negra en Chicago a manos de uno de sus seguidores, Bill O´Neal que, en realidad, era un infiltrado del FBI en la organización. Esto, antes de que nadie me acuse de destripar la película, no es ninguna revelación, es la sinopsis argumental de un largometraje por lo demás innecesariamente largo y un tanto rutinario en su convencional puesta en escena. No hay ningún rasgo en la dirección de Shaka King que nos haga pensar que estamos ante un prometedor director de cine, su realización se limita a poner en imágenes un guion en el que se cuenta toda la trama desde la posición de los panteras negras y se convierte a los personajes del FBI en caricaturas (como ese J. Edgar Hoover tras el cual resulta francamente difícil reconocer a un hipercaracterizado Martin Sheen).

Otro asunto bien diferente es el aspecto interpretativo. Judas y el mesías negro tiene dos potentes personajes protagonistas (subrayo protagonistas) cuyos intérpretes han sido ambos nominados al Óscar al mejor actor secundario (subrayo secundario). Es decir, estrategia de la productora al canto y negligencia de la academia de Hollywood al permitir que se nominen como de reparto interpretaciones claramente protagonistas. Lakeith Stanfield encarna al Judas infiltrado en el FBI y Daniel Kaluuya (protagonista de Déjame salir) encarna al mesías, es decir, a Fred Hampton, personaje que, dicho sea de paso, también aparece brevemente en algunas secuencias de El juicio de los 7 de Chicago.

Ambos están brillantes, poderosos y llenos de matices. Kaluuya como el líder revolucionario capaz de enardecer a las masas con soflamas políticas y, al mismo tiempo, mostrar sus temores, sus inseguridades y sus desconfianzas. Stanfield está todavía mejor, su personaje no permite ningún estereotipo y consigue dar vida a ese doble agente con capacidad de engañar a todo el mundo (espectador incluido).

El film es incuestionablemente entretenido y se beneficia de un elenco sobresaliente y una producción excelente, lástima que el mesías en cuestión no tenga ni la talla humana de Martin Luther King ni la altura intelectual de Malcolm X y que, por tanto, resulte mucho más difícil empatizar con él. Cierto es que tampoco le dieron mucho tiempo, cuando Fred Hampton fue asesinado por el FBI tenía solo veintiún años. Los tres fueron asesinados.  


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Judas y el mesías negro

6.5

Puntuación

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