Las críticas de Laura Zurita:
Orwell: 2+2=5
Orwell: 2+2=5 es un documental que reconstruye la vida y el pensamiento de George Orwell a partir de una combinación de materiales de archivo, recreaciones dramatizadas y fragmentos de adaptaciones audiovisuales de sus obras. El eje central del relato es la vigencia política y moral de la novela ‘1984’, cuya reflexión sobre el poder, la manipulación del lenguaje y la verdad se proyecta sobre el presente.
Orwell: 2+2=5 está escrita y dirigida por Raoul Peck y tiene formato documental. La película tuvo su presentación en España dentro de la sección Perlak del Festival de Cine de San Sebastián 2025 y se estrenó en salas comerciales el 27 de febrero de 2026 de la mano de Caramel Films.

(Neo)lenguaje y (post)verdad
Orwell: 2+2=5 alterna escenas reconstruidas con actores, imágenes documentales y secuencias procedentes de diversas adaptaciones cinematográficas y televisivas de las obras de Orwell realizadas a lo largo de las décadas. No se limita a citarlas como referencia cultural, sino que las integra en su discurso, mostrando cómo cada época ha interpretado visualmente el universo orwelliano.
Se ofrece, además, una base biográfica sucinta pero clara, señalando los momentos clave de la vida del autor y las fechas de publicación de sus libros, situando su pensamiento en el contexto histórico. Recordemos que tanto ‘1984’ (1949) como ‘Rebelión en la granja’ (1945), son obras nacidas en uno de los bloques que se fueron consolidando en la Guerra Fría. El núcleo del análisis se concentra precisamente en ‘1984’ y en sus conceptos centrales: el control del lenguaje, la manipulación de la verdad, la vigilancia permanente y la reescritura del pasado.

Las tres consignas
Orwell: 2+2=5 subraya las tres consignas que estructuran la novela: “La guerra es la paz”, “La libertad es la esclavitud” y “La ignorancia es la fuerza”, y desarrolla a partir de ellas una reflexión sobre el (neo)lenguaje y su relación con la (post)verdad contemporánea. También incorpora imágenes actuales de líderes políticos que faltan a la verdad (o sea, que mienten) de forma escandalosa, estableciendo un vínculo directo entre la ficción distópica y la realidad presente.
Aparecen igualmente fragmentos de ‘Rebelión en la granja’, aunque este bloque resulta menos potente desde el punto de vista filosófico y conceptual. Su presencia es significativa, pero la densidad teórica de ‘1984’ domina claramente el conjunto.
Orwell: 2+2=5 es demoledora, sobre todo porque nos confronta con realidades que conocemos, pero que no siempre miramos con ojos críticos. No se limita a advertir sobre peligros abstractos; obliga a mirar las cosas de frente. Su fuerza no reside únicamente en la argumentación, sino en la acumulación de pruebas visuales y discursivas que interpelan directamente al espectador.

Relación con nuestro mundo
Uno de los elementos más inquietantes de Orwell: 2+2=5 es el recorrido por las distintas versiones cinematográficas de ‘1984’. Cada adaptación refleja no solo una lectura concreta de la novela, sino también el imaginario tecnológico de su tiempo. A medida que avanzan las décadas, la representación de los mecanismos de vigilancia se vuelve más sofisticada. Cada generación pudo pensar que aquella tecnología era una exageración o una posibilidad remota. Lo verdaderamente perturbador es constatar que hoy, buena parte de esos dispositivos, no solo resultan verosímiles sino plenamente accesibles.
Con todo, lo más impactante son las escenas documentales. En ellas se aprecia con claridad que las decisiones de los votantes y, por tanto, una parte sustancial del poder político, no siempre responden a criterios racionales. Se evidencia también la fragilidad de la memoria colectiva y la rapidez con la que se olvidan hechos recientes o se aceptan versiones interesadas de la realidad. O votantes que reconocen directamente que no les importa que el político al que apoyan sea un delincuente y les mienta en la cara. Se cae la cara de vergüenza, pero así es.

El discurso orwelliano
Es cierto que esta lectura podría aplicarse a otros escenarios políticos distintos de los que el director selecciona. Sin embargo, los ejemplos que presenta poseen una urgencia difícil de ignorar. El documental adopta un punto de vista definido, eso conviene recordarlo siempre: no existe neutralidad absoluta en este tipo de propuestas. Pero lo que se muestra no necesita comentario añadido para resultar alarmante: la propia evidencia de las imágenes basta para revelar su gravedad.
El discurso mantiene una intensidad constante durante las dos horas de metraje, lo que puede generar fatiga en el tramo final. No hay apenas modulaciones en el tono ni pausas reflexivas que alivien la presión argumentativa. Sin embargo, esa insistencia puede formar parte de la estrategia de no permitir al espectador refugiarse en la distancia cómoda.
En conjunto, Orwell: 2+2=5 no solo revisa la figura de Orwell, sino que utiliza su obra como herramienta crítica para analizar el presente. Más que una evocación literaria, es una llamada de atención. Y su contundencia radica precisamente en eso: en la imposibilidad de salir indemne tras haber mirado de frente lo que expone.
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