Las críticas de Óscar M.:
Masters del universo (1987)
En Masters del universo, la eterna lucha entre el bien y el mal vive su capítulo más oscuro en el lejano planeta Eternia, el malvado Skeletor ha conseguido entrar en el castillo de Grayskull y capturar a su guardiana, la Hechicera. Su mayor defensor, He-man, se ve obligado a abandonar el planeta y llega a La Tierra, con pocos aliados y buscando un aparato estelar que le permita regresar a su planeta y acabar con las fuerzas del mal.

Una producción que hundió a dos empresas
Acercarse a revisionar la película Masters del universo casi cuarenta años después de su estreno es una aventura en sí misma, es imposible ver la película sin la perspectiva que aporta la edad y el bagaje que se ha tenido durante prácticamente media vida. Ha sido considerada durante mucho tiempo uno de los grandes fracasos comerciales del cine (sólo recaudó 17 millones de dólares de los 22 que costó producirla) y la realidad es que fue la puntilla final para la quiebra de la productora Cannon, la desaparición de la línea de juguetes de la que era representación visual y su director fue denostado y olvidado por la industria.
Masters del universo fue el punto álgido y, al mismo tiempo, el declive de la compañía de juguetes Mattel, la cual quiso abarcar más de lo que pudo gestionar y la ambición de una adaptación cinematográfica infructuosa frustró sus planes de seguir monopolizando las estanterías de las tiendas. Pero vista en retrospectiva, MOTU es lo que hoy conocemos como “adaptación libre” y no es tan nefasta como siempre hemos pensado y nos han hecho creer.
Teniendo en cuenta toda la información sobre la producción que tenemos actualmente, Masters del universo es una película bastante solvente, que sabe llevar a su terreno presupuestario la historia de los personajes He-man y Skeletor y mantiene la esencia tanto de la línea de juguetes, como la de la serie de televisión animada previa. Aunque sus ínfulas de ser un megaproyecto comercial huelen desde la presentación espacial y la poco acertada música inicial de Bill Conti imitando a John Williams en La guerra de las galaxias, que había dejado huérfanos a los espectadores espaciales sólo cuatro años antes con El retorno del Jedi.

Adaptando juguetes y cómics al mundo «real»
El director Gary Goddard (que se estrenaba en este trabajo) y el guionista David Odell (responsable de Cristal oscuro y Supergirl) sabían perfectamente lo difícil que era llevar a la pantalla una colección de más de 70 figuras, decenas de minicomics y una serie de más de 200 episodios, y por eso redujeron la lista de personajes a los mínimos posibles y trasladaron la acción a La Tierra en un intento de abaratar costes. Pero Odell también fue capaz de introducir nuevos personajes, algunos para suplir la limitación de efectos especiales disponibles en el año 1987 (cambiaron a Orko por Gwildor) y otros nuevos para reforzar la línea de juguetes. En ambos casos, consigue aportar personalidad y creatividad a las novedades, incluso creando un ejercito para el malvado villano.
El diseño de vestuario (del que se encargó Moebius, con revisiones de William Stout) es sencillamente espectacular, manteniendo la mayoría de detalles que ya se habían visto en los muñecos o en la serie, pero adaptándolos y convirtiéndolos en funcionales y realistas. Todos los detalles del vestuario de todos los personajes y el maquillaje son excelentes, suponiendo una gran mejoría sobre los referentes previos, que mantienen su esencia y siendo fácilmente reconocibles por los espectadores más jóvenes.
El actor Dolph Lungrend venía de conseguir su mayor éxito en Rocky IV y representa bastante bien al personaje de He-man: un pseudo bárbaro, de pocas palabras (tuvo hasta un entrenador vocal) y un nivel muscular de otro universo. Su vestimenta clásica formada por slips negros, arnés, brazaletes y capa granate son las delicias de cualquier fetichista sexual. Aunque, las mallas de los personajes de Evil-Lyn, Teela o Man-at-arms no se quedan atrás, son precisas a los diseños de los personajes originales y están adaptadas con fidelidad a la representación cinematográfica.
El infravalorado talento de Frank Langella para dar vida a un Skeletor realista, torturado, cínico y salvaje se queda en nada viendo cómo consigue dar matices bajo esa inmensa capa de maquillaje (que abandona la idea de una calavera flotante para conseguir una imagen de un rostro realmente quemado). Un Skeletor que es más sádico que en anteriores ocasiones y más malvado que nunca, sanguinario y dictatorial. Es un placer ver como Langella dio vida a uno de los mejores villanos del cine, y las piezas musicales de Bill Conti para su entrada en el palacio o su llegada a La Tierra son de muy alta calidad y personalidad.

Un guión muy terrenal que defraudó las expectativas del público
Quizás el mayor error que tiene Masters del universo fue la productora elegida de su creación, acostumbrada a bombazos con poco presupuesto y producciones caóticas. La imposibilidad de reproducir en pantalla el rico universo del planeta Eternia y reducirlo a un plano repetido hasta en tres ocasiones, tener que situar la acción en La Tierra o hacer protagonistas a una pareja de humanos con una trágica historia de despedida, luto y pérdida familiar de por medio frustra la imaginación y la fantasía que los seguidores de He-man estaban acostumbrados a ver en los dibujos animados. Aunque Odell (y las tres reescrituras posteriores) no hizo tan mal trabajo con su redacción, puesto que la adaptación de Thor de Marvel en 2011 plagia descaradamente y casi escena por escena este guión.
Es probable que el guionista intentara reproducir la moraleja clásica del final de cada episodio de la serie animada con el viaje en el tiempo final o que estuviera preparando al público para la debacle de la línea de juguetes (dada la saturación del mercado y las perdidas de Mattel en su primera bancarrota). Aún así las interpretaciones son bastante creíbles y solventes, destacando a Meg Foster y Courtney Cox, aunque su parte de la historia ralentiza la trama general fomentan la empatía en el espectador por su lado dramático.
Cuarenta años después de su estreno, Masters del universo ha sobrevivido dentro de la comunidad de aficionados como una representación alternativa, que tiene su propia personalidad e identidad dentro de la compañía Mattel, recuperando su originalidad y su punto de vista ochentero. La película no fue la adaptación que todos esperaban y tampoco ayudó que el rodaje se paralizó dos meses y el director tuvo que financiar la batalla final de su bolsillo, utilizando los pocos decorados que no se habían destruido y que rehusaron para la película Cyborg. El fracaso en taquilla frenó la posibilidad de una secuela (que ya tenía director y nuevo protagonista, algo habitual en Cannon) y la escena final de después de los créditos quedó como un chiste interno. Buen destino.
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