Las críticas teatrales de Laura Zurita:
Leonardo y el novio
Tras morir a manos el uno del otro, Leonardo y el Novio, de Bodas de sangre, se encuentran en un lugar fuera del tiempo. Condenados a enfrentarse de nuevo, recuerdan lo ocurrido y revisan desde la muerte el deseo, el conflicto y las decisiones que marcaron sus vidas. En este limbo, ambos tienen por fin la oportunidad de decirse aquello que nunca llegaron a decirse en vida.
Idea original, dramaturgia y dirección: Matías Benedetti. Reparto: Daniel Rimón, como el Novio, y Nehuén Sánchez, como Leonardo. Teatro: Teatro Lara, Sala Lola Membrives. Fechas: del 3 al 24 de septiembre de 2026. La segunda temporada llegará en 2027.
Un no lugar en un no tiempo
Leonardo y el Novio transcurre en un no lugar en un no tiempo, en una especie de limbo donde Leonardo y el Novio se encuentran después de darse muerte el uno al otro. Recuerdan perfectamente todo lo ocurrido y se enfrentan como nunca lo hicieron en vida, quizás como deberían haberlo hecho. Es la premisa que sostiene toda la función: la de dos personajes condenados a repetir eternamente el mismo destino, dándoles un tiempo y una atención que Bodas de sangre nunca les concedió.
La puesta en escena de Leonardo y el Novio aprovecha esa idea de limbo. Los dos hombres ocupan el escenario de una boda que nunca llegó a término, con el suelo cubierto de páginas sueltas, con textos que iremos descubriendo.
Leonardo y el Novio tiene un doble tono. Por una parte, es consciente de sí misma como acontecimiento teatral: presenta a los actores y al técnico y juega con ambos lados de la cuarta pared, quebrándola cuando le conviene. Por otra parte, utiliza el propio texto de Lorca, sabiendo que las palabras del autor granadino tienen más fuerza que cualquier otra que intentara explicarlas. De ahí que Leonardo llegue a recitar frases tan suyas como aquella de «cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque», con naturalidad, como parte de su ser.
En Leonardo y el Novio, ambos hombres se enfrentan a sus acciones en la tragedia original, planteando las preguntas que todo espectador se hace al conocer la obra de Lorca. A través de las palabras de Lorca, se van presentando los personajes, que nos dan su propia visión de sus actos. Mientras Leonardo es arrogante y parece hasta contento de lo sucedido, desatado e irredento, el Novio aparece mucho más arrepentido, más triste. Pensaba que la muerte sería un descanso, y en cambio se topa otra vez con el hombre al que nunca supo, ni en vida ni ahora, cómo enfrentarse.

Capacidad de transformación
La luz y el sonido se utilizan con intención cómica y funcionan igual de bien en ese registro que en el trágico, algo nada sencillo cuando se parte de un material tan oscuro como Bodas de sangre. Los comentarios irónicos alternan bien con el texto lorquiano.
A esto se suma uno de los ejercicios interpretativos más interesantes de Leonardo y el Novio: los propios actores encarnan por turnos a distintos personajes de la obra original, dando vida a todo ese universo lorquiano sin abandonar nunca la mesa de banquete, jugando con la escenificación del pasado. Daniel Rimón y Nehuén Sánchez consiguen diferenciar las distintas personalidades con claridad, modificando la actitud, la voz, la presencia y la energía de cada personaje. La capacidad de transformación de ambos da buena medida de su buen hacer como actores y permite que las distintas interpretaciones no se confundan entre sí.
Leonardo y el Novio es, en definitiva, un claro homenaje a la obra de Lorca y a su universo, en la que se explora qué ocurre con sus personajes fuera de la obra. Benedetti ama el texto original, y busca trascenderlo sin traicionarlo.
¿Qué te ha parecido la obra teatral Leonardo y el Novio?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

























