Las críticas teatrales de Laura Zurita:
Ayer intenté suicidarme
Ayer intenté suicidarme aborda el suicidio desde cuatro perspectivas: la de la persona que ha intentado quitarse la vida, la de su pareja, un familiar cercano y la de una sociedad que no siempre sabe cómo afrontar una realidad tan dolorosa. A través de sus testimonios, la obra explora el sufrimiento que puede permanecer oculto tras una vida aparentemente satisfactoria, las consecuencias emocionales que una tentativa de suicidio provoca en quienes rodean a la persona afectada y la falta de sensibilidad con la que, en ocasiones, se trata una experiencia profundamente íntima.
Ayer intenté suicidarme está escrita por Diego Da Costa y Julio Viñuela Gavela y dirigida por Diego Da Costa. La propuesta cuenta con las interpretaciones de Pablo Blanco, Chema Coloma, Jaime Macanás y Paula Martínez. La función del 17 de octubre de 2026, celebrada en la Sala Bululú 2120 de Madrid, tuvo además un significado especial por el homenaje a la fallecida Clara Galán, actriz y compañera de la compañía.

Pudor y desconocimiento
El suicidio es un tema cubierto de pudor, pero también de desconocimiento. No es un fenómeno nuevo, aunque la manera de hablar de él haya cambiado. Hoy existe una mayor disposición a romper el silencio y reconocer una realidad dolorosa y escondida. Sin embargo, hablar más no significa necesariamente comprender mejor. Todavía nos cuesta escuchar sin juzgar y aceptar que el sufrimiento ajeno puede escapar a nuestra capacidad de entenderlo.
Ayer intenté suicidarme se aproxima a esta realidad a través de distintas perspectivas. La obra parte de una persona que ha elegido poner fin a su vida, aunque su existencia pudiera parecer buena tanto para ella misma como para quienes la rodeaban. Esta contradicción constituye uno de los aspectos más interesantes de la propuesta. La aparente normalidad no garantiza el bienestar y las circunstancias externas no siempre permiten reconocer el sufrimiento que lleva a alguien a considerar que no puede continuar viviendo.
Los actores que interpretan a la víctima logran transmitir una cercanía que nos permite conocer al personaje más allá de su decisión. Sus interpretaciones no se limitan a exponer una situación dolorosa, sino que dotan de humanidad a quien la protagoniza y favorecen la empatía del espectador. Este acercamiento resulta esencial para evitar que la persona quede reducida al hecho traumático y para invitarnos a contemplarla en toda su complejidad.
Ayer intenté suicidarme también muestra cómo la muerte afecta a quienes permanecen. El personaje del amigo resulta especialmente significativo por la manera en que intenta afrontar la pérdida mientras la noticia va corroyendo su tranquilidad. Su discurso transmite un sufrimiento que crece progresivamente, hasta dar la impresión de que se está desmoronando por dentro. Su experiencia refleja una de las consecuencias más dolorosas del suicidio: tener que convivir con preguntas para las que quizá nunca se encuentre una respuesta satisfactoria.
Ajena a estos sentimientos aparece la influencer, un personaje que la actriz interpreta de manera excelente. Fría, egoísta y completamente indiferente al dolor que pueda causar, solo parece preocuparse por la repercusión que lo sucedido tendrá en su cuenta de Instagram. La tragedia ajena se convierte en una oportunidad para aumentar su visibilidad, y no le preocupa no tener ni idea de lo que está hablando. El personaje pone de manifiesto una de las cuestiones más incómodas de Ayer intenté suicidarme: La facilidad con la que las redes sociales invaden los espacios más íntimos y transforman el dolor en contenido susceptible de ser consumido y utilizado en beneficio propio.

Los actores en el centro
La puesta en escena de Ayer intenté suicidarme elige una escenografía prácticamente vacía, que deja todo el espacio a los intérpretes y apenas recurre a elementos visuales que acompañen sus intervenciones. Esta austeridad concentra la atención en los personajes y en sus palabras. Son los actores quienes deben construir las situaciones y transmitir los estados emocionales, sin apoyarse en una imaginería escénica abundante. La decisión refuerza el carácter directo de la propuesta y concede especial importancia al trabajo interpretativo.
La función del 17 de octubre adquirió una dimensión adicional con el homenaje a Clara Galán, actriz y compañera de la compañía fallecida. Su recuerdo convirtió la representación en un momento de memoria compartida y añadió una resonancia emocional a una obra que aborda el dolor y la pérdida. El teatro permite que quienes permanecen se reúnan para recordar a quienes formaron parte de su historia. En este caso, el homenaje recordó también los vínculos que nacen del trabajo compartido y la huella que deja una persona en su entorno. Fue una representación especial que invitó a mirar de frente al sufrimiento humano y a reconocer la importancia de la empatía.
Ayer intenté suicidarme plantea una reflexión sobre una realidad que todavía cuesta abordar sin prejuicios. Sus interpretaciones acercan al espectador a quienes viven esta experiencia y a quienes deben afrontar sus consecuencias, mientras que la figura de la influencer introduce una crítica contundente a la explotación del dolor ajeno.

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