Las crónicas de José F. Pérez Pertejo en la 71 SEMINCI
Cartas de Estado (Yellow Letters) (Ilker Çatak, 2026)
Si hace un par de días veíamos el último León de Oro del Festival de Venecia, nos llega ahora a la sección oficial de la Seminci la última ganadora del Oso de Oro del Festival de Berlín, esta Cartas de Estado (Yellow Letters es su título original) del director alemán Ilker Çatak que ya estuviera presente en nuestro festival con su anterior film, Sala de profesores.
Cartas de Estado se inicia con un estreno teatral en Ankara en uno de los grandes teatros oficiales, se trata de una obra con cierto mensaje político dirigida por Aziz (Tansu Biçer) y protagonizada por su esposa Derya (Özgü Namal). El caso es que la obra no gusta demasiado al régimen y que Derya no quisiera fotografiarse con el gobernador tras la función menos aún. Esto tendrá graves consecuencias, al día siguiente, Aziz que además de director teatral es profesor universitario de dramaturgia será cesado junto al resto de profesores críticos con el régimen, a todos se les notifica mediante una carta oficial que va dentro de un sobre amarillo, de ahí el título del film. Por si fuera poco, la obra de teatro es cancelada y Derya vetada en el teatro nacional (cosa que también se le notifica mediante carta amarilla). Sin trabajo, sin recursos y en el punto de mira de sus vecinos, el matrimonio junto a su hija de trece años, Ezgi (Leyla Smyrna Cabas), tiene que trasladarse a Estambul para vivir en casa de la madre de Aziz.
Una vez en Estambul, Aziz tendrá que trabajar de taxista para ganarse la vida mientras prepara un nuevo montaje teatral, también con marcado carácter político. Por su parte, Derya, que protagoniza la obra dirigida por su marido, habrá de debatirse entre sus principios ideológicos y artísticos o “venderse” al negocio y aceptar la jugosa oferta para protagonizar una serie de televisión en el canal más popular y comercial de Turquía.
Aunque tiene hechuras y aspecto de cine político, la realidad es que Cartas de Estado da la sensación de apuntar sin disparar. La acción se sitúa inequívocamente en Turquía aunque el film se haya filmado en Alemania, de hecho, el director no esconde este hecho y da a las ciudades rango de intérpretes a través de rótulos que anuncian: “Berlín en el papel de Ankara” y “Hamburgo en el papel de Estambul”.
Pero, a pesar de referirse a la situación política turca, no hay alusiones directas al fuerte autoritarismo del régimen turco ni a las restricciones a la prensa independiente, a la oposición o la independencia judicial (ni se nombra ni se muestra imagen alguna de Erdogan) y todo el contexto es tan genérico que podría tratarse de cualquier país del mundo en el que no se respete la libertad de expresión y se ejerza cierta forma de censura.
De hecho, lo que prima en buena parte del film es el drama familiar por la agobiante situación económica, por los conflictos de Aziz y Derya con su hija adolescente y por la acusación de terrorismo e injurias al presidente que pesa sobre Aziz y por la que habrá de viajar a Ankara para ser juzgado.
Lo más interesante, aparte de las secuencias de los ensayos teatrales en los que se debate hasta donde y cómo llegar con la crítica política, es el dilema moral al que se enfrentan, cada uno a su manera, los dos miembros de la pareja protagonista: entre mantenerse fiel a los propios principios o ceder para conservar el trabajo y la seguridad económica. Derya acusa a Aziz de egocentrismo y de dar lecciones morales y Aziz a Derya de venderse al dinero que, por otra parte, servirá para pagar las facturas y los estudios de su hija.
Estamos ante una muy interesante película sobre las limitaciones de la libertad artística y la fragilidad de los ideales en tiempos de represión política cuando el Estado ejerce su poder para perseguir, silenciar y excluir a quienes cuestionan al régimen.

Oro sin ley – The Weight (Padraic McKinley, 2026)
Otra película atípica en la sección oficial de la Seminci que no suele ofrecer películas estadounidenses a menos que sean marcadamente indies (si es que eso del indie americano sigue existiendo). The Weight, que tiene anunciado su estreno en España el próximo 27 de noviembre con el título Oro sin ley, es una producción de alto presupuesto con nombres estelares en su reparto como el magnífico Ethan Hawke o el cada vez más decadente Russell Crowe (cada vez que pienso que este hombre fue un día Gladiator se me cae el alma a los pies).
La acción nos sitúa en Oregón en 1933 (o, como un rótulo se encarga de señalar, el cuarto año de la Gran Depresión). Samuel Murphy (Ethan Hawke) es un hombre viudo en horas bajas que es desahuciado primero y encarcelado después. Esto hará que sea separado de su pequeña hija y enviado a un campo de trabajo que, para más señas, es dirigido por un tipo siniestro llamado Clancy (Russell Crowe) que está continuamente escupiendo. Tras demostrar su valía e inteligencia, Murphy llamará la atención de Clancy que le ofrecerá la carta de libertad a cambio de que lleve a cabo una peligrosa misión de contrabando de oro atravesando bosques, ríos y montañas. Para que le acompañen en la aventura, Murphy compondrá una cuadrilla de reclusos a la que no tardará en unirse una mujer india (Julia Jones) que huye de los suyos.
A partir de aquí, Oro sin ley se muestra como lo que es: una película clásica de aventuras con constantes peligros de la naturaleza, desconfianzas y traiciones humanas en un grupo de forajidos sin escrúpulos ni códigos éticos y hasta una secuencia de persecución de coches (coches de los años 30, recuerden) tan trepidante como previsible y filmada con oficio por el montador Padraic McKinley que debuta con este film en la dirección cinematográfica.
Lo mejor del film, aparte de su cuidada factura, es la interpretación de Ethan Hawke al que no parece que haya personaje que se le resista y que el film, a pesar de sus convenciones de guion, es incuestionablemente entretenida.

Aquí (Tiago Guedes, 2026)
Habitualmente suelo huir de las películas demasiado largas y más aún en los festivales en los que trato de aprovechar el tiempo y ver una película de más de tres horas me ocupa dos sesiones. Y eso es lo que pensaba hacer precisamente con Aquí, la película de Tiago Guedes que dura, nada más y nada menos, 205 minutos: huir de ella y saltármela. Lo que ocurre es que concurrían demasiados factores que me atraían: se trataba del último trabajo de Manolo Solo antes de su triste fallecimiento, el reparto se completaba con una actriz que me gusta siempre, Patricia López-Arnaiz y un actor que me gusta a veces, Sergi López, pero cuando me gusta, me gusta mucho. Y, finalmente, se trataba de la adaptación de tres novelas de uno de mis escritores favoritos, J.M. Coetzee, las que componen la “Trilogía de Jesús” y que, en conjunto, suman unas mil páginas aproximadamente.
Así que armado de paciencia y cafeína y con las funciones fisiológicas al corriente, me senté en la butaca dispuesto a pasar casi tres horas y media sin moverme. Pues oigan, no se me ha hecho larga y, lo que es aún más difícil, no tengo la sensación de que le sobre ni un minuto. Dura lo que tiene que durar para contar lo que cuenta, lo hace al ritmo que lo tiene que hacer y no creo que funcionase de otra forma posible, ni hubiera sido buena idea hacer tres películas más cortas (una por novela) ni mucho menos hacer una serie de televisión.
Aquí nos sitúa en una sociedad distópica (pero no mucho) en la cual un hombre y un niño que no están emparentados entre sí llegan a un centro de reubicación tras haber pasado un tiempo en un campamento llamado Belstar. A ambos se les han asignado nombres españoles (pues es a un pueblo ficticio de España a dónde llegan), el hombre (Manolo Solo) se llama Simón y el niño (Álex Peláez) David. Tras algunas vicisitudes consiguen un techo para dormir y un trabajo para Simón con el que ganarse la vida. Resueltas estas necesidades, Simón se pone la misión de encontrar a la madre de David aunque ni sabe como se llama ni la ha visto nunca. Por una serie de convenciones, la elegida será Inés (Patricia López-Arnáiz) y, a partir de aquí, se iniciará una suerte de curiosa convivencia de un niño un tanto especial (si nos desprendemos de la distopía es un caprichoso consentido de manual) y dos adultos que, sin ser sus padres biológicos ni adoptivos se comportan como tales.
Localizaciones muy particulares, un rodaje sencillo y naturalista y que, a pesar de tener alguna secuencia impactante, huye de la grandilocuencia y de los subrayados. Aquí es una película ambiciosa (lo es adaptar la magna obra de Coetzee) pero no pretenciosa, filmada con sencillez y naturalidad y con magníficos trabajos interpretativos tanto de los protagonistas como de los papeles más secundarios, algunos de los cuales tienen presencias tan agradecibles como Itsaso Arana, Ángela Molina o Fernando Trueba que le está cogiendo el gusto a esto de ser actor.
En esencia, el guion escrito por el propio Guedes y Luis Araujo consigue lo más difícil que era preservar, argumento aparte, el tono existencialista de la obra de Coetzee en la que nos habla de la condición humana, de la solidaridad, del desarraigo, la educación, la justicia, la belleza a través del arte o las pulsiones más bajas movidas por el deseo o el amor no correspondido.

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