Las crónicas de José F. Pérez Pertejo en la 71 SEMINCI
Amanece el segundo día de la Seminci con varios platos fuertes anunciados. Como siempre, es imposible ir a verlo todo y el compromiso con la sección oficial me impide ver el documental SerYo de Sergio Peris-Mencheta en el que el teatro y la medicina parecen darse la mano como aliento y cura ante una cruel enfermedad narrada en primera persona. Espero que se estrene en salas y no perdérmelo. Tampoco he podido revisitar al gran Jacques Tati y su Playtime programada en la sección Una historia del sonido, pero, en fin, vamos a centrarnos en lo que sí he podido ver.
Una familia (Ricardo Gómez, 2026)
Aunque Ricardo Gómez tiene ya 32 años, para mucha gente resultará difícil desvincularlo de Carlitos, el personaje que interpretó durante 19 temporadas en la serie Cuéntame como pasó. El caso es que no debe molestarle demasiado la identificación cuando para su debut como director cinematográfico ha elegido contar una historia muy personal en la que, al inicio del film, hace un divertido guiño homenaje a «los Alcántara».
Pablo (Víctor Lite) es un niño que está rodando una serie de televisión que, cada vez, le da más popularidad. El resto de su vida transcurre yendo al colegio, jugando con sus dos mejores amigos y viviendo con su madre de la que, al inicio del film, poco o nada sabemos. Pronto descubriremos que se llama Clara (Claudia Traisac) y es bailarina profesional aunque se saca un sobresueldo bailando números trasnochados y kitsch para deleite de varones de los de «soberano es cosa de hombres» en tugurios poco recomendables. Como poco recomendable es Enrique (Patrick Criado) al que conoce precisamente en ese tugurio y del que de manera incomprensible se enamora y con el que decide compartir su vida y tener un hijo.
Imagino que sólo él sabrá lo que hay de autobiografía y lo que hay de ficción en Una familia, película que ha presentado hoy en la Sección Oficial de la 71 Seminci fuera de competición y que está contada en tres planos narrativos, cada uno de ellos centrado en uno de los tres personajes protagonistas: el niño, alter ego del propio Ricardo Gómez, su padre y su madre. Cada uno de los tres ejes narrativos se ocupa de un día en la vida de cada uno de ellos que, confluyendo, dan forma a una película que supone un notable debut en la dirección a pesar de algún subrayado innecesario. Gómez no ha querido hacer una película amable ni complaciente y no evita retratar momentos sórdidos, cutres incluso, en la España de los noventa filmada en celuloide de 16 mm. El resultado es un film áspero e incómodo con personajes llenos de contradicciones, pero filmado con honestidad y oficio. Criado hace uno de esos personajes inquietantes a los que ya nos tiene acostumbrados y Claudia Traisac, a quien no conocía, resulta una agradable sorpresa pues crea una madre alejada de clichés y arquetipos.

Woman Unknown (May el-Toukhy, 2026)
La sección oficial ha avanzado con el último León de Oro en el pasado Festival de Venecia. Se trata de una producción danesa con coproducción letona y sueca que nos sitúa en la Dinamarca de la postguerra mundial (la segunda) cuando lo peor que se podía ser es sospechoso de haber sido colaboracionista con los nazis ocupantes del territorio danés durante la guerra. En este contexto, Marie (Mathilde Arcel), que tuvo una historia con un soldado alemán, ve peligrar su nuevo estatus al pasar de criada a señora de la casa de un rico empresario para el cual ha trabajado como sirvienta y con quien ahora está prometida.
Christian, que así se llama el buen señor, es propietario de una fábrica de guantes y, por lo visto, también hizo negocios con los nazis. Poco sabemos de su viudedad salvo que conserva el vestido de novia de su primera esposa que manda arreglar a las hechuras de Marie, una mujer inquietante que se suma al «sálvese quien pueda» imperante en un momento de sospechas, delaciones y señalamientos de una sociedad despiadada que no duda en pintar una esvástica en la puerta de una casa o en el pecho de una mujer a la que previamente han rapado y desnudado en plena calle para escarnio general.
De impecable producción e irreprochable dirección artistica, Woman Unknown (Mujer desconocida parece que va a ser su título en España) está filmada con rigor y tensión dramática. Se respira el permanente ambiente de sospecha y la continua sensación de que algo impactante está a punto de suceder. Hay varias secuencias de mucha intensidad muy bien resueltas por May El-Toukhy: la consulta con el ginecólogo, el chantaje de un turbio pretendiente que, al parecer, conoce su pasado o, hacia el final, la delación a una vecina sobre la que Marie hará recaer las sospechas que la amenazan a ella.
Woman Unknown ofrece una interesantísima reflexión sobre la culpa individual y colectiva, sobre la ambigüedad moral que gobierna al ser humano, particularmente en tiempos de guerra, y sobre la fragilidad de la conciencia cuando el miedo se apodera de nosotros. Un film que dará que hablar.

The Echo Chamber (Andrea Pallaoro, 2026)
Sobre Andrea Pallaoro ha recaído el privilegio y la responsabilidad de filmar un guion de Bernardo Bertolucci que, por su avanzada edad y delicado estado de salud no pudo llegar a rodar. The Echo Chamber es una obra de cámara para tres personajes en un escenario único (un piso enorme, eso sí). Leonardo (Luca Marinelli) es un productor musical aquejado de una hernia discal que le provoca severos e incapacitantes dolores de espalda. Anne (Alicia Vikander) es una mezcla de médico, enfermera y fisioterapeuta que le asiste regularmente para tratar de aliviarle el dolor y, finalmente, Ava May (Susan Sarandon) es una vieja gloria de la música prematuramente retirada a la que Leo ha convencido, no sin dificultad, de que regrese con un nuevo álbum bajo su producción.
El problema viene con un relato fragmentado y no lineal al que Pallaoro no es capaz de insuflar ni ritmo, ni tensión ni vigor narrativo. El arranque de la película transcurre sumido en secuencias larguísimas llenas de silencios que se hacen eternos y filmadas con una morosidad por momentos exasperante hasta que, transcurrida media hora aparece en pantalla un rótulo con el título del film. A partir de aquí, aunque la película empieza a hablar (a veces incluso demasiado), sigue siendo demasiado contenido, algo a lo que no ayuda la sensación claustrofóbica de no salir del piso de Leo salvo para mirar por una ventana desde la que no se ven más que coches aparcados. Quizá lo mejor del film sean los actores, Marinelli construye un personaje vulnerable y tan autodestructivo como autocompasivo por contradictorio que parezca, Vikander ofrece uno de los personajes más maduros de su filmografía, también lleno de contradicciones entre la inseguridad y la autoridad. Por su parte Susan Sarandon que en sus primeras secuencias aparece demasiado hermética, se va abriendo a medida que avanza la película para acabar con una emocionalidad muy por encima de la línea general del film.
El final de la película se ve lastrado por un giro de guion un tanto caprichoso que desemboca en un epílogo duro, descarnado y poco verosimil que no resulta del todo coherente con todo el arco narrativo anterior y que solo puede entenderse desde la situación del propio Bertolucci al final de su vida cuando, por lo visto, escribió este guion.
Se adivinan intenciones importantes en The Echo Chamber, ante todo una reflexión sobre el dolor tanto en su vertiente física como emocional, pero también un acercamiento a la figura del cuidador, a la dependencia afectiva y a la fragilidad de los vínculos sentimentales. El caso es que, quizá por la arriesgada estructura narrativa, la sensación es de que todo se queda a medio camino. Su cuidada dirección artística, una elegante selección musical y su potente trío protagonista hacen que, a pesar de todo, valga la pena verla.

Queen at Sea (Lance Hammer, 2026)
En mi opinión, la mejor película vista hasta ahora en los dos primeros días de sección oficial de la presente Seminci es Queen at Sea, producción británica dirigida por el cineasta estadounidense Lance Hammer que fue una de las grandes triunfadoras del pasado Festival de Berlín al ser distinguida con el Premio Especial del Jurado y con el premio a la mejor interpretación de reparto otorgado, de manera compartida a Anna Calder-Marshall y a Tom Courtenay por dar vida a la pareja de ancianos sobre la que gravita el arco argumental y el pulso emocional de esta película rigurosa, dura y emocionante.
Martin (Courtenay) y Leslie (Calder-Marshall) son una pareja de ancianos que vive en una casa llena de escaleras. Leslie padece una demencia que avanza inexorable aunque, de vez en cuando, tiene momentos de lucidez difícilmente distinguibles de los de enajenación. Y es aquí donde se plantea el primer dilema moral del que parte todo el relato: ¿es lícito que Martin, su esposo que incuestionablemente la quiere, tenga relaciones sexuales con Leslie en momentos en los que no esté claro que ella pueda dar su consentimiento? Ante este hecho, controvertido, Amanda (Juliette Binoche), hija de Leslie (pero no de Martin) reacciona denunciando a su padrastro a la policía lo que pone en marcha un complicado protocolo que no admite matices y que incluye molestos reconocimientos ginecológicos, interrogatorios desagradables y medidas poco o nada empáticas con una pareja que, por encima de todo, se ama.
Con estos personajes y estos mimbres argumentales, Lance Hammer escribe y dirige un film muy poco complaciente sobre la vulnerabilidad de los ancianos (incluso de los que conservan la lucidez), la impotencia de sus seres queridos ante la enorme demanda de cuidados y de la inoperancia de los recursos sociosanitarios que pueden aparecer como posibles soluciones. El guion, de una desgarradora fuerza emocional, evita en todo momento caer en lo lacrimógeno y, lo que es aun más agradecible, plantea preguntas y dilemas sin dar respuestas; deja pensar al espectador sin tratar de adoctrinar.
A pesar de que toda la producción está a gran nivel en Queen at Sea, destaca por encima de todo el trío protagonista. De Juliette Binoche resulta cada vez más difícil decir algo sin repetirse o caer en lo obvio, aquí, como tantas veces en su carrera, compone un personaje intenso, magnético y rebosante de autenticidad emocional. Anna Calder-Marshall huye de todos los clichés con los que podía haber creado un personaje con demencia y compone a una mujer que despierta compasión desde una vulnerabilidad física y emocional que solo está al alcance de las grandes actrices. Capítulo aparte es lo de Tom Courtenay, el inolvidable protagonista de La soledad del corredor de fondo (Tony Richardson, 1962), que a sus 89 años llena de matices a un hombre atribulado por su propia impotencia, por el miedo, por la compasión y por un amor genuinamente auténtico.
No he podido evitar acordarme de la reciente ganadora del Festival de San Sebastián, Tender Loving Care con la que, en un tono más amable y con pinceladas de humor, Mike Leigh abordaba también la vulnerabilidad de los ancianos, la pérdida de la autonomía y la inoperancia e insuficiencia de los recursos de ayuda ante las que solo la compasión y el amor pueden salvarnos.

Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

























