Crítica de ‘La invitación’: ¿Puede el amor sobrevivir a la rutina?

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
La invitación

Ha ocurrido más veces, pero no es demasiado frecuente que el cine norteamericano haga un remake de una película española. El caso es que no estamos hablando de una película cualquiera si no de una que, tal vez por la universalidad de su punto de partida argumental (una cena entre vecinos) y por el carácter teatral de su puesta en escena (no en vano todo parte de un texto teatral) ha sido ya versionada muchas veces.

El material de partida es “Los vecinos de arriba”, una obra de teatro que supuso el debut como dramaturgo del cineasta Cesc Gay. Él mismo la dirigió en su estreno en Barcelona en el Teatro Romea en 2015 con el título “Els veïns de Dalt” y, un año después en el Teatro La Latina de Madrid en su versión en español. A partir de ahí, en 2020 la llevó al cine con el título Sentimental en una película protagonizada por Javier Cámara, Griselda Siciliani, Alberto San Juan y Belén Cuesta que fue distinguida con un Goya para Alberto San Juan, un Forqué para Javier Cámara y numerosas nominaciones en todos los premios patrios.

A partir de ahí comenzó una cascada de versiones cinematográficas. En Rusia: Neprilichnye gosti (Goga Mamadzhanyan, 2020); en Italia: Vicini di Casa (Paolo Costella, 2022), en Suiza: Die Nachbarn von oben (Sabine Boss, 2023); en Francia: Et plus si affinités (Olivier Ducray y Wilfried Méance, 2024); en Chequia: V dobrém i zlém (Marta Ferencova, 2025); en Corea del Sur: Witjip saramdeul (Ha Jung-woo, 2025), en Holanda: De bovenburen (Simone van Dusseldorp, 2026) hasta llegar a esta The Invite, La invitación, dirigida por Olivia Wilde que es, por tanto, el ¡octavo! remake de la misma película.

El caso es que la actriz Olivia Wilde, en su tercera película como directora tras la intrascendente Super empollonas (2019) y la fallida Don´t Worry Darling (2022) firma su película más sólida con una inteligente, vibrante y divertidísima versión de la película de origen para la cual amplia el guion (La invitación dura veinte minutos más que Sentimental) y se rodea de un reparto estelar en el que Seth Rogen y Edward Norton asumen los roles masculinos y la propia Wilde y una superlativa Penélope Cruz interpretan a los dos personajes femeninos.

El dispositivo dramático es muy sencillo, una pareja en evidente crisis matrimonial, Joe (Seth Rogen) y Ángela (Olivia Wilde) invitan a cenar a sus vecinos de arriba Hawk (Edward Norton) y Pina (Olivia Wilde) que, a pesar de ser más o menos de la misma edad, tienen una relación más reciente y están en otro momento pasional en el que fundamentalmente el sexo parece dirigir su relación y su modo de comunicarse y manifestar sus afectos. De hecho, el ruido que hacen en su dormitorio durante sus faenas amatorias ha incomodado en más de una ocasión a Joe y a Ángela.

A partir de esta primera invitación (a cenar), la película transcurre con ritmo y fluidez sostenida por diálogos punzantes, risas incómodas y confesiones más o menos vergonzantes que irán definiendo a los cuatro personajes magníficamente interpretados por los cuatro miembros del reparto, especialmente por una arrolladora Olivia Wilde y una magnética Penélope Cruz que (como hiciera en Vicky Cristina Barcelona) consigue una comicidad extraordinaria con el recurso de alternar el inglés (con el que interpreta la gran mayoría del personaje) con momentos de español cuando se crispa. Algo a lo que contribuye también Edward Norton con un español macarrónico que resulta tronchante. (Resulta obvio que es imprescindible ver la película en versión original, ni sé ni quiero saber qué destrozos han hecho con el doblaje).

Ocurre con La invitación lo mismo que con muchas películas esencialmente divertidas y de desarrollo alocado y, por momentos, excesivo: el riesgo de que no nos las tomemos en serio, que pensemos que tras la sobredosis de sarcasmo y tanto diálogo punzante no hay más que banalidad y frivolidad. Y no. La invitación no es una película trivial como no lo son la mayoría de las buenas comedias. En su guion laten temas que son cualquier cosa menos nimios y que ya estaban presentes en la obra teatral de Cesc Gay de la que todo parte. Tras las discusiones, reproches y falta de contacto físico de Joe y Angela existe una amarga reflexión sobre el desgaste del amor y la crisis de pareja. Tras la descollante vida sexual de Hawk y Pina puede hacerse uno la (nada banal) pregunta de si es lo mismo una sexualidad satisfactoria que una relación sentimental feliz. Y sobre todos estos temas planean el de la incomunicación y el de la insatisfacción personal, Joe (Rogen) utiliza el humor como mecanismo de defensa mediante una mordacidad un tanto agresiva con la cual no hace sino proteger su vulnerabilidad y su (íntima) frustración personal.

Hay una segunda invitación en la película, de la que no conviene hablar demasiado porque entraríamos en el pantanoso terreno de los spoilers, la que hacen los personajes invitados a sus anfitriones un poco más allá de la mitad del film, una invitación con la que Olivia Wilde llega un poco más lejos que el texto original (de ahí esos veinte minutos más de metraje). Hay en ese “añadido” algunos excesos de guion e interpretativos (especialmente por parte de Rogen) que, sin embargo, no desvirtúan el carácter tragicómico de un film tan inteligente como divertido.

La invitación

8

Puntuación

8.0/10

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