74 SSIFF. Sección Oficial. Crítica de ‘En el corazón de la bestia’: Nada más que una peli de aventuras con Brad Pitt y un perro (y nada menos)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Sección Oficial
En el corazón de la bestia

Una de las oportunidades que te ofrecen los festivales de cine es que te ponen en la situación de ver películas que, de otro modo, no verías. Esto ocurre con determinados films de muy bajo presupuesto, con primeras películas de realizadores desconocidos o con propuestas cinematográficas poco convencionales que no alcanzan distribución internacional y no llegan a estrenarse en las salas de cine. Pero también, por paradójico que parezca, pueden ponerte en sensación de ver películas de las llamadas blockbusters (cuya programación en los festivales suele justificarse por la presencia de una estrella internacional que acude personalmente a acompañar la película) y que uno no acostumbra a ir a ver al cine, más que nada, por falta de interés.

Esto me ha ocurrido con En el corazón de la bestia, una película que, fuera de su exhibición en un festival, no me habría movido a una sala de cine y, sin embargo, programada en la sección oficial (aunque fuera de competición) del Festival de San Sebastián, y con la atractiva y carismática presencia de su protagonista Brad Pitt en el certamen, me ha llevado a sentarme en una butaca durante 101 minutos para asistir a las aventuras y desventuras de James Belmont (Brad Pitt), un ex militar norteamericano y su perro Odín, ambos afectados por cierto grado de trastorno de estrés postraumático provocado por su participación en varias guerras. ¿Y qué quieren que les diga? No me ha pasado nada malo por verla.

Se trata de una de esas películas del subgénero supervivencia, concretamente de las de “el ser humano frente a la naturaleza” de las que hemos tenido unos cuantos ejemplos célebres en las últimas décadas, como Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007), 127 horas (Danny Boyle, 2010), Cuando todo está perdido (J.C. Chandor, 2023), Alma salvaje (Jean-Marc Vallée, 2024) o la muy premiada El renacido (Alejandro González Iñarritu, 2015). Aquí, la diferencia está en que el ser humano en cuestión, el boina verde James Belmont, está acompañado por un perro. También hay subgénero de películas de “hombre con perro” o “ser humano con animal”, como prefieran.

El caso es que ambos, oficial y perro, una vez retirados del ejército y llenos de cicatrices en el cuerpo y en el alma, emprenden una aventura “en alguna parte de Alaska” a bordo de un hidroavión provisto de víveres (incluyendo una buena remesa de cervezas belgas), una tienda de campaña y todo tipo de herramientas y utensilios para solventar las mil y una incidencias que puedan ocurrirles durante la travesía.

A partir de aquí, el film se desarrolla en una suerte de episódicas aventuras eficazmente filmadas por David Ayer sin mucho meollo argumental ni demasiado trasfondo intelectual detrás, más allá de las ocasionales pesadillas de guerra que ambos sufren de vez en cuando, mostradas en unas secuencias bélicas bastante impersonales y editadas con virajes de color para subrayar su carácter onírico. Durante todo el film únicamente se cruzan con otro ser humano, un minero llamado Watkins (J.K. Simmons) con el que comparten conversación, cervezas (belgas) y desconfianza; así que ya se pueden imaginar que la película está concebida para el lucimiento de su estrella protagonista, un Brad Pitt muy convincente, y del perro Odin (Uber, un pastor alemán neozelandés) que da muy bien ante la cámara y que resiste la sobreabundancia de primeros planos en los que solo le falta hablar.

Y quizá sea esto lo más interesante de En el corazón de la bestia: el vínculo entre hombre y perro, se conocen bien, están pendientes el uno del otro y se salvan mutuamente de las calamidades que les ocurren. Añadan los bonitos paisajes de Alaska filmados con una clara intención estética y de exaltar la grandiosidad de la naturaleza y tendrán como resultado un muy entretenido film de aventuras sin más pretensiones. Hablar del final, de si sobreviven o no… no tiene mucho sentido, es mejor verla, pero es cierto que David Ayer ha decidido empezar la película por el final y luego volver atrás con un rótulo de “una semana antes”, con lo que él mismo anticipa el final del film nada más comenzar. No me gustan mucho estos recursos narrativos y creo que aquí es totalmente innecesario. También me sobran algunos momentos de clara intencionalidad lacrimógena, pero en fin, hay que tener en cuenta que estamos viendo una película cuya principal vocación es el entretenimiento, algo nada despreciable.

En el corazón de la bestia

6

Puntuación

6.0/10

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