Las críticas de Laura Zurita:
Leones en invierno
Una chica es atropellada y el conductor se da a la fuga. Su padre, Alejandro Hidalgo, un antiguo ultra, investiga por su cuenta y choca con su propio pasado. Para ello recurre a dos viejos compañeros de grada: uno es ahora policía y el otro malvive enganchado a las drogas. La necesidad de hacer justicia amenaza con convertirse en una espiral de violencia de la que será difícil escapar.
Leones en invierno está dirigida por Albert Pintó, sobre un guion de Juma Fodde basado en la novela homónima de Carlos Augusto Casas. En su reparto encontramos a Luis Zahera, Roberto Álamo, Luis Callejo, Inma Cuesta, José Manuel Poga, Ana Wagener, Irene Escolar y Jordi Mollà, entre otros. La película se estrena el 22 de octubre de 2026 de la mano de Sony Pictures.

Como thriller funciona
Los relatos de padres que se rebelan contra la pérdida irreparable de un hijo forman una vertiente clásica del cine de venganza. Leones en invierno, basada en la novela de Carlos Augusto Casas, se inserta de lleno en esa tradición y propone un ejercicio de cine negro a la española en el que la tragedia familiar se transforma en la historia de justicia por mano propia.
El origen literario de Leones en invierno se intuye desde los primeros compases. Se nota en unos personajes secundarios cuya escasa relevancia en pantalla sugiere que merecían más desarrollo, y en un uso marcado de imágenes metafóricas y carga simbólica. En su núcleo, la película explora el peso de la culpa y la capacidad del individuo para decidir su propio destino, incluso ante las decisiones más extremas.
Hay diferencias importantes con la novela. Hidalgo, en la película, es panadero (en el libro es contable), lo que da lugar a imágenes muy vistosas con el uso del horno y sus colores. En pantalla perdemos, además, las reflexiones sobre la violencia y el ambiente tóxico de las bandas de ultras. El retrato descafeinado y un tanto buenista que se hace de ellas choca y hace dudar al espectador de si la película quiere, en cierta manera, blanquear un fenómeno tan problemático. El libro es el relato de una investigación, mientras que la Leones en invierno tiene más el tono de la tensión y del thriller.
Y como thriller funciona. Su ambientación es oscura y su iluminación dura retrata a los personajes con la textura cruda de un aguafuerte. El ritmo es ágil y maneja con destreza la escala de tensión. Leones en invierno es una experiencia angustiosa y entretenida que se sigue con interés. El clímax es lo mejor: La metáfora del león, y cómo la crueldad y la altivez terminan volviéndose contra quien las ejerció aportan una gran fuerza expresiva al desenlace.

Final potente
El problema es lo que se sacrifica por ese ritmo. El guion de Leones en invierno renuncia a la dimensión psicológica y deja a los personajes reducidos a esqueletos dramáticos: Los villanos son planos en su maldad y el resto no tiene ni profundidad ni un desarrollo realista. Así se desaprovecha un reparto sólido, con un Luis Callejo impecable como hombre maltratado por la vida y la presencia de grandes figuras como Luis Zahera, Roberto Álamo e Inma Cuesta, a quienes limitan unos papeles sin complejidad ni espacio para respirar.
Por eso, Leones en invierno exige una buena porción de suspensión de la incredulidad por parte del espectador. Hay que dar por buenas las motivaciones de los personajes, sobre todo en un tramo final con decisiones drásticas que necesitaban más desarrollo dramático. Y quien, como yo, no simpatice con las tramas de justicieros, tan queridas en el cine estadounidense, puede quedar a distancia del viaje del protagonista, por grande que sea su dolor.
En resumen, Leones en invierno es un thriller oscuro, ágil y bien interpretado, con un final potente, pero que prefiere la velocidad y el impacto a la complejidad humana de sus personajes. Para disfrutarla hay que ser indulgente con un guion que no está a la altura de su reparto.
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