65 SEMINCI. Ciclo Free Cinema. Crítica de ‘La soledad del corredor de fondo’ (Tony Richardson, 1962)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 65 SEMINCI: 
La soledad del corredor de fondo
 

La soledad del corredor de fondo es el quinto largometraje de la filmografía de Tony Richardson tras las tres películas encuadradas en el Free Cinema ya tratadas hasta ahora y su primera experiencia como director en EEUU donde puso en imágenes Réquiem por una mujer, la novela de William Faulkner cuya versión teatral realizada por Albert Camus en 1956 había sido llevada a los escenarios de Broadway con dirección del propio Richardson en 1959, es decir, dos años antes de su propia versión cinematográfica.

El caso es que tras su primera (y en cierto modo fallida) experiencia americana, Richardson volvió a Inglaterra para dirigir un nuevo film para la Woodfall Film Productions que él mismo había fundado junto a John Osborne y Harry Saltman. Se trataba en esta ocasión de un texto de Allan Sillitoe, otro de los escritores jóvenes airados (Angry Young Men) de quien, un año antes, Karel Reisz había dirigido la versión cinematográfica de su primera novela Sábado noche, domingo mañana.

La soledad del corredor de fondo es, en realidad, un cuento corto que el propio Sillitoe adaptó a guion cinematográfico, en él se narra la historia de Colin Smith (Tom Courtenay), un joven de clase baja que vive en las afueras de Nottingham y que, tras un robo en una panadería, es confinado a un reformatorio en el que solo logra encontrar cierta paz interior mientras practica el atletismo y, en el silencio de sus entrenamientos en solitario, reflexiona sobre cómo ha sido su vida.

Es decir, la historia está contada mediante flashbacks desde un momento presente, una vez en el reformatorio, en el que Colin hace balance de sus recuerdos remontándose hasta diversos acontecimientos que han determinado su existencia. Así es como presenciamos la muerte del padre y cómo dicha pérdida, lejos de dejar dolor en su madre, supone una especie de alivio; como la indemnización de 500 libras es gastada en bienes de consumo como un televisor en una sutil pero indisimulada crítica al consumismo o como el desafecto de una madre desabrida, el desprecio de un padrastro egoísta o las precarias condiciones laborales le conducen a la delincuencia como la más fácil de las salidas.

Una vez internado, las cualidades atléticas de Colin le convierten en el favorito del director (Michael Redgrave), un hombre obsesionado con los premios deportivos con los que trata de reafirmarse en su firme creencia en el ejercicio físico como herramienta de rehabilitación social de sus pupilos. Sin embargo, su arbitrario modo de tratarlos no hará sino alimentar el rencor y el inconformismo de una generación de jóvenes que no encuentran su lugar en una sociedad que les da la espalda. La vida dentro del reformatorio es filmada por Richardson con tanto nervio en la cámara como pulso dramático. El resultado es tan tenso como conmovedor y resulta fácil empatizar con el personaje de Courtenay a diferencia de lo que ocurre con los personajes de Richard Burton en Mirando hacia atrás con ira o de Albert Finney en Sabado noche, domingo mañana cuyo iracundo egoísmo les convierte en antipáticos para el espectador.

Tom Courtenay está sencillamente perfecto, es difícil poner un pero a una interpretación tan rebosante de autenticidad, no hay ni un asomo de artificio o impostura en su composición de este joven excluido que se rebela contra el sistema establecido haciendo siempre lo contrario de lo que se espera de él. Su interpretación fue premiada con el BAFTA a la mejor promesa.

Con un magistral uso del montaje como sujeto activo de la narración a lo largo de toda la película, los últimos diez minutos en particular son un auténtico prodigio de utilización de todos los recursos del cine para conmover al espectador: filmación, montaje, fotografía y banda sonora se alinean para convertir La soledad del corredor de fondo en uno de los grandes clásicos del Free Cinema británico por el que parece no haber pasado el tiempo, a pesar de sus 58 años y de algunos recursos pasados de moda como la aceleración del movimiento en algunos planos, afortunadamente pocos.  


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Un comentario en «65 SEMINCI. Ciclo Free Cinema. Crítica de ‘La soledad del corredor de fondo’ (Tony Richardson, 1962)»

  • el 26 octubre, 2020 a las 12:09
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    Gran película. Un clásico en general.

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