Crítica de ‘Moscas’: Soledad gris

Las críticas de Laura Zurita:
Moscas

Olga vive sola en un enorme edificio de viviendas de Ciudad de México. Desde que sufrió una pérdida que la marcó profundamente, se ha refugiado en una existencia rutinaria, sin apenas relaciones personales. Las dificultades económicas la obligan a alquilar una habitación de su casa a Tulio, un hombre cuya esposa permanece hospitalizada en un centro médico cercano. Cuando este tiene que ausentarse, deja a su hijo Cristian al cuidado de Olga, aunque ella no está dispuesta a asumir esa responsabilidad. La presencia del niño alterará sus hábitos y la obligará a enfrentarse a un pasado que creía haber dejado atrás.

Moscas está dirigida y escrita por Fernando Eimbcke, que firma el guion junto a Vanesa Garnica. En el reparto encontramos a Teresita Sánchez, Bastián Escobar, Hugo Ramírez y Enrique Arreola, entre otros. La película se estrena en España el 23 de octubre de 2026, distribuida por A Contracorriente Films.

Crítica de ‘Moscas’: Soledad gris

Soledad y corazones rotos

Moscas observa los pequeños gestos cotidianos, construyendo un relato sobre la soledad, las pérdidas y los corazones rotos, pero también sobre la posibilidad de recuperar una parte de nosotros mismos. La película comienza presentándonos a Olga, una mujer que tiene una vida gris en un edificio gris y cuya existencia parece haberse detenido. Sus días transcurren entre rutinas inalterables, silencios y una economía doméstica en la que el dinero escasea. La cercanía de un hospital le ofrece la posibilidad de alquilar una habitación a los familiares de los pacientes ingresados. Moscas despega al entrar en su vida Tulio, un hombre humilde cuya esposa está hospitalizada y que viaja acompañado de su hijo. Cuando el padre tiene que ausentarse, el niño queda bajo el techo de Olga, alterando su rutina y su humor.

El edificio en el que vive la protagonista refleja su estado de ánimo y la manera en que se ha aislado del mundo. Resulta curioso cómo un edificio puede transmitir tal impresión de grisura incluso en una película rodada íntegramente en blanco y negro. Esa elección cromática se siente intuitivamente como una elección correcta y es uno de los grandes aciertos de Moscas. Eimbcke ha explicado que la elección respondía también a su interés por la fotografía de la infancia, cuya capacidad expresiva encontraba especialmente adecuada en esta gama tonal. La ausencia de color refuerza la sensación de una existencia apagada, y ayuda a que los rostros, las miradas y los pequeños movimientos adquieran un protagonismo especial.

Otro de los grandes aciertos de Moscas es su uso del lenguaje de las manos. Las manos se convierten en un vehículo de comunicación y en una forma de prolongar el sentido de las escenas. En un relato que da tanta importancia a los silencios, esta expresividad corporal adquiere un valor fundamental. La película demuestra que, en ocasiones, un gesto aparentemente insignificante puede contener una emoción tan sutil que un diálogo explícito no podría aprehenderla .

Crítica de ‘Moscas’: Soledad grisOlga es un enigma

Teresita Sánchez como Olga es el centro de Moscas. Hay algo misterioso en ella, una reserva que despierta curiosidad y que impide conocerla por completo. Sabemos que ha sufrido una pérdida importante y que su soledad no es simplemente una circunstancia, sino una forma de protegerse del dolor. Podemos entrever su pasado y nos gustaría saber más, pero no será en esta película. La tristeza de Olga no necesita grandes manifestaciones para resultar perceptible. Está presente en sus costumbres, en la rigidez con la que organiza su vida y en la distancia que mantiene con los demás.

También resulta interesante la elección de los intérpretes. Moscas combina actores profesionales con intérpretes sin experiencia previa, entre ellos Bastián Escobar, cuyo trabajo aporta una espontaneidad especialmente valiosa al personaje de Cristian. El niño, interesado en los videojuegos y ajeno a muchas de las convenciones que regulan el comportamiento de los adultos, representa una manera diferente de relacionarse con el mundo. Su presencia obliga a Olga a salir, aunque sea involuntariamente, de su aislamiento. La naturalidad de Cristian no siempre responde a la precisión técnica de una interpretación profesional, pero esa limitación se compensa con una frescura que encaja con el estilo de la película. Sus gestos y sus reacciones contribuyen a que la historia se sienta real.

En definitiva, Moscas es una película sensible que encuentra en la fotografía en blanco y negro, el lenguaje corporal y la naturalidad interpretativa sus principales fortalezas. La película habla en voz baja sobre la pérdida y sus consecuencias y sobre cómo quizás la vida dé segundas oportunidades.


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Moscas

7

Puntuación

7.0/10

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