Teatro | Crítica de ‘El hijo de la cómica’: El prodigioso talento de José Sacristán

Las críticas teatrales de Laura Zurita:
El hijo de la cómica

José Sacristán capta la esencia de su maestro y amigo Fernando Fernán Gómez en El hijo de la cómica. Adaptada, dirigida e interpretada por el propio Sacristán, la obra plasma las memorias de Fernán Gómez para transmitir al espectador sus vivencias, rindiéndole homenaje no solo a él, sino también a su madre y a toda una generación marcada por la supervivencia, el teatro y la dignidad del oficio.

El hijo de la cómica, está escrita, dirigida y actuada por José Sacristán. La obra se estrenó en el Teatro de Bellas Artes de Madrid el 7 de mayo de 2026 donde permanecerá en cartel hasta el 28 de junio de 2026.

Homenaje a una leyenda

Sacristán afirma que Delibes le enseñó a mirar y Fernando Fernán Gómez a escuchar. Y precisamente ahí parece nacer la obra El hijo de la cómica: no únicamente como adaptación de unas memorias, sino también de todo aquello que ambos compartieron. Historias familiares, pueblos parecidos, abuelas, precariedad, literatura y supervivencia. Porque, según cuenta Sacristán, en la voz de Fernán Gómez convivían memoria, melancolía y literatura: Baroja, Galdós o Barea.

El hijo de la cómica comienza en un escenario dominado por una sencilla escenografía que evoca una casa llena de recuerdos. Tras una entrada sencilla y poética del actor a escena, empieza la obra. Y desde ese momento nos guía por la historia de este “hijo de cómica”, de este extraordinario actor que fue Fernando Fernán Gómez.

José Sacristán relata la vida de su maestro hasta un periodo marcado por la muerte de su abuela. Cuenta el contexto de su nacimiento, los orígenes y la trayectoria de su madre y la relación que había entre sus padres; la infancia, en buena parte definida por el trabajo itinerante de su madre como cómica, que le obligaba a viajar constantemente, lo que terminó construyendo la relación tan especial que mantuvo con su abuela. Después llegarían la adolescencia, impregnada por la crueldad de la Guerra Civil, y los inicios de su carrera profesional.

El texto funciona tanto como una adaptación teatral de la vida y memorias del actor como en forma de sentido homenaje a una figura absolutamente fundamental de la cultura española. Fluye de forma ágil, con un lenguaje cálido, expresivo y lleno de vida. El sentido del humor es brillante y elegante, porque la obra no solo cuenta una historia: la llena constantemente de color, humanidad y emoción.

Memoria viva

Es una obra mágica. Consiste esencialmente en un monólogo donde José Sacristán da vida a distintos personajes, distintas voces y diferentes formas de estar en escena. Y ahí se evidencian su fuerza y su prodigioso talento sobre las tablas. Un talento, por cierto, con muchas manifestaciones, ya que la obra está escrita, dirigida e interpretada por él mismo.

Es maravilloso ver cómo el actor da vida a cada personaje, cada uno con una voz específica y una personalidad perfectamente reconocible, gracias tanto al guion como a su extraordinaria interpretación. Hay algo profundamente emocionante en la manera en que el actor desaparece detrás de cada recuerdo, de cada frase y de cada personaje, convirtiendo el escenario en un espacio lleno de memoria viva.

Pero quizá lo más hermoso de El hijo de la cómica sea precisamente esa sensación de estar escuchando a alguien recordar y admirar, ambas cosas al mismo tiempo. La obra no se basa en un artificio ni en la espectacularidad constante. Confía en la palabra, en la voz y en la capacidad del teatro para crear imágenes desde la sencillez. Y José Sacristán, con una naturalidad apabullante, consigue llenar el escenario de emoción, llevando a los espectadores a un momento único, entre la melancolía, el humor y la ternura.

El hijo de la cómica es mucho más que la adaptación de una biografía. Es un acto de amor hacia el teatro, hacia los cómicos de otra época y hacia toda una generación que sobrevivió a través de la imaginación, la dignidad y la palabra. Sacristán consigue que el escenario parezca habitado por fantasmas cariñosos que todavía nos siguen hablando para hacernos recordar.


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