Las críticas de Laura Zurita:
La última travesía
Cuando Amira se ve obligada a huir de la guerra con su hija pequeña, una decisión desesperada cambiará para siempre el destino de cuatro desconocidos unidos más allá de las fronteras: un contrabandista dispuesto a todo por salvar a su hijo, un soldado dividido entre el deber y la conciencia, un poeta en busca de un lugar al que llamar hogar y un capitán de la guardia costera atrapado entre la ley y la compasión.
Dirección y guion: Brandt Andersen. Reparto: Yasmine Al Massri (Amira, la médico), Yahya Mahayni (Mustafa, el soldado), Omar Sy (Marwan, el contrabandista), Ziad Bakri (Fathi, el poeta), Constantine Markoulakis (Stavros, el capitán), Jason Beghe. Distribución: A Contracorriente Films / Selecta Visión. Estreno: 24 de julio de 2026.
Viaje hacia la tierra prometida
La última travesía nos presenta un viaje. Empieza en una Siria en guerra, destrozada, maltratada, invivible. Sigue en un campo de refugiados y luego en una travesía marítima hacia las costas de la tierra prometida.
La película representa la evolución de una idea concebida originalmente en formato corto para convertirse en una obra cinematográfica de ambición global. El proyecto comenzó con Refugee (2020), que seguía de cerca a Amira, una médico siria obligada a escapar del devastador conflicto en Alepo junto a su pequeña hija. El corto tuvo una recepción fenomenal en el circuito internacional. Tras su éxito, Andersen decidió adaptar y enriquecer la premisa en un largometraje completo, que amplía el enfoque para construir una ambiciosa narrativa coral.
La película conecta las vidas de cinco familias a través de cuatro países, entrelazando las perspectivas de refugiados, contrabandistas, médicos y agentes de la guardia costera en una fatídica travesía marítima. Este mosaico de historias confluye en una misma noche del Mediterráneo, con un capítulo dedicado a cada personaje. La estructura coral permite abordar la inmigración desde ángulos distintos: las razones que obligan a huir, los medios para hacerlo, quienes hacen negocio con el dolor ajeno y la gente que se encuentra o se pierde en el mar.
La última travesía toma claramente partido. No hay una mirada objetiva ni pretende serlo: presenta a personas expulsadas de sus hogares, desesperadas, buscando sobrevivir. Se valora el trabajo de quienes salvan a otros. Y mira con malos ojos a quienes hacen negocio con la desgracia ajena. El ejército sirio tampoco queda bien parado. La película se acerca de manera peligrosa al maniqueísmo; lo admitimos porque estamos de acuerdo con ella, pero quizás no nos gustaría el mismo recurso en otras manos. No verbaliza el análisis político o el contexto histórico, sino que quiere que el espectador se pregunte sobre las causas estructurales de la crisis migratoria.
Actuaciones irregulares
Las historias de La última travesía son conmovedoras, y están llenas de coincidencias, muertes tremendas, irregularidades y crímenes que duelen. Lo malo es que se pasa de melodramática: la obra pierde un efecto que habría ganado con más profundidad y menos dramatismo. El mensaje queda claro y la conciencia del espectador despierta, solo que habría quedado mejor con menos efectismo.
Los intérpretes ofrecen actuaciones irregulares. Yasmine Al Massri, como Amira, la médico siria, transmite sentimiento. Constantine Markoulakis, como el capitán Stavros, resulta creíble y cercano, un hombre atrapado entre el deber y una culpa que no logra dejar atrás. A Omar Sy le han dado un personaje esquemático, Marwan, y ni siquiera su presencia puede evitar que lo veamos como tal.
En resumen, La última travesía es una película que conmueve por lo que cuenta más que por cómo lo cuenta: su mirada tomando partido y su exceso de dramatismo le restan el poso que una historia así merecía, aunque no le quitan fuerza al retrato de una tragedia que sigue sucediendo.
¿Qué te ha parecido la película La última travesía?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



























