Las críticas de Santiago Varela Antúnez:
El sueño americano
El sueño americano es la última película del director francés Anthony Marciano, un cineasta independiente que siempre se ha movido al margen de los circuitos industriales, consolidando una filmografía caracterizada por una marcada sensibilidad hacia las relaciones humanas. Personalmente le conocí con Play (2019), su anterior película, que tuvo cabida en la Sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de Cine de San Sebastián. Con anterioridad dirigió Les gamins (2013), su ópera prima y Robin des Bois, la véritable histoire (2015), títulos que permanecen inéditos en España.
Una obra que reconstruye el ascenso de dos representantes de jugadores de la NBA desde los suburbios hasta tocar el cielo con la venta de Nicolas Batum a los Portland Trail Blazers en 2012. A partir de esta historia, Anthony Marciano reflexiona sobre la amistad, la ambición, el éxito y las contradicciones que encierra el denominado ‘’sueño americano’’. Tras su estreno y gran acogida en Francia, llega a las salas españolas el 24 de julio de 2026 de la mano de DeAPlaneta.

Un director humano
Todos albergamos sueños y aspiraciones que anhelamos alcanzar. Sin embargo, el paso del tiempo transforma esos deseos y nos convence de que jamás podremos materializarlos. En mi caso, el sueño siempre ha sido dirigir una película y, quién sabe si algún día tendré la oportunidad de hacerlo. Anthony Marciano arroja un rayito de esperanza a través de El sueño americano, que desprende el mismo humanismo que Intocable (Olivier Nakache y Eric Toledano) y que, ojalá, tenga el mismo éxito y la gente llene tanto las salas como lo hicimos muchos de nosotros en 2011.
Me enamoré del cine de Anthony Marciano cuando vi Play (2019) en el Festival de Cine de San Sebastián. Una película que solo podía haber hecho una persona con una sensibilidad extraordinaria y un humor inteligente pasmoso. Me sorprendió especialmente su propuesta estética y su capacidad para integrar recursos propios del lenguaje documental en una ficción que desdibujaba constantemente los límites entre realidad y representación, una hibridación poco frecuente y que en el contexto español me gusta destacar obras como La plaga (Neus Ballús, 2013). Aquella obra transmitía la sensación de ser el resultado de un sueño largamente perseguido, uno de esos que se te meten en la cabeza y que al cabo de mucho tiempo consigues llevarlo a cabo, una impresión que pude confirmar tras conversar con el director en una entrevista que publicaremos próximamente en No es cine todo lo que reluce.

Soñar no es gratis
La premisa de El sueño americano podría interpretarse, en un primer momento, como una aproximación superficial al imaginario del éxito asociado al capitalismo. Sin embargo, la película trasciende esa lectura para construir un relato profundamente humano sobre el ascenso social de dos amigos, en el que la búsqueda de la felicidad, el autoconocimiento y la amistad, se convierten en los verdaderos motores de la narración.
El propio Anthony Marciano me explicó durante la entrevista, que su sueño no es trasladarse a Hollywood. Su aspiración consiste en seguir haciendo cine desde París, una ciudad en la que ha construido su vida y donde encuentra el entorno creativo que necesita. Esta declaración resulta reveladora para comprender la película, ya que evita idealizar el denominado «sueño americano» y opta por reflexionar sobre su progresiva descomposición. Más que ensalzar un modelo de éxito, recupera un imaginario que pertenece al pasado y analiza lo qué significaba para Jérémy y Bouna perseguir ese sueño durante los años noventa.
La película propone un viaje nostálgico hacia una época marcada por el optimismo, plasmando el tono de muchas producciones estadounidenses de finales del siglo XX. Sin embargo, a diferencia de estas, construye una historia basada en hechos reales cuyos protagonistas afrontan numerosas dificultades y cuyos logros nunca responden a una exaltación individualista. Frente al triunfalismo que caracteriza buena parte del cine norteamericano sobre el ascenso social, El sueño americano mantiene una mirada profundamente europea, en la que el éxito siempre viene acompañado por el sacrificio y la incertidumbre.
Como hemos podido ver en el Mundial de Fútbol Masculino de 2026, los estadounidenses viven en su propia burbuja, no hay nada más que ver la entrega de premios para comprobarlo. ¿Quién anhela ese sueño americano? Trump ha destruido los deseos y esperanzas de muchas personas con el ICE, la policía antiinmigración creada por su administración. Sueños ahogados, rotos y hundidos en un mar de oscuridad creado por el miedo, miedo a que la inutilidad de la sociedad estadounidense no sea capaz de gestionar la multiculturalidad y que su propia «cultura» desaparezca.

Humildad y trabajo
Anthony Marciano vuelve a los 90 y lo hace de una forma excepcional, consigue rodar el pasado en un presente convulso, con decorados en Francia y exteriores en Estados Unidos, con un director artístico envidiable. La limitación presupuestaria no fue un obstáculo, al contrario, demostraron una notable inteligencia a la hora de optimizar los recursos disponibles.
A ello contribuye de manera decisiva el trabajo fotográfico de la película. Tal y como me explicó el propio director, quiso aproximarse visualmente a las películas que Jérémy y Bouna veían durante aquellos años, de manera que la estética de la obra dialogara directamente con su imaginario cinematográfico. Esta decisión consigue que el espectador se adentre más en aquellos años.
Sin duda alguna, lo que caracteriza al cine de Anthony Marciano es la tenacidad que tiene, lucha por sus ideas y consigue trasladar a sus productores la necesidad de contar sus historias como quiere. En ese sentido, el recorrido profesional del propio cineasta guarda evidentes paralelismos con el de los protagonistas, ambos representan trayectorias construidas desde la perseverancia, el esfuerzo y la confianza en un sueño aparentemente inalcanzable. El sueño americano consigue arrebatarnos una sonrisa, la de la felicidad, por los malos y los buenos momentos que se viven durante la película, una película tan real, como necesaria.
El poso que nos deja
El sueño americano es una de esas películas que te conmueve y te hace reír a partes iguales, pasas por una montaña de emociones que es necesario vivir en una sala de cine. Refrescante para este caluroso verano y entretenida, no solo los amantes de la NBA, que la amarán, al conseguir rememorar de alguna forma aquellos gloriosos años. Todo el mundo saldrá encantado porque es una película para ver en familia, para pensarla, para disfrutarla y para comprender el valor de la amistad, del trabajo, y del riesgo, el que ha corrido Anthony y el que corrieron estos dos representantes de jugadores de baloncesto en aquella época.
Sin duda me declaro fan de Anthony Marciano, por su sensibilidad y su inteligencia, un outsider del mundo del cine, que trabajaba para una discográfica, pero que tuvo la necesidad de contar historias y se lanzó a ello. Su historia es inspiradora al igual que la de Jérémy y Bouna, que lo dieron todo por llegar a donde están ahora. Historias que nos inspiran y que ayudan a que seamos no solo mejores personas, sino a que consigamos salir de nuestra zona de confort. Buscar los sueños es de locos, pero; ¡Bendita locura!
¿Qué te ha parecido la película El sueño americano?
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