Las críticas de Daniel Farriol en el AMFF 2026:
Una segunda vida
Una segunda vida (A Second Life) es un drama francés que está dirigido por Laurent Slama (Paris Is Us, Roaring 20’s), quien también coescribe el guion junto a Thomas Keumurian. Julio de 2024. Los Juegos Olímpicos de París están a punto de comenzar. Elisabeth, una estadounidense con discapacidad auditiva que vive en la capital de Francia, ve cómo su visado está a punto de expirar. Para poder quedarse en Francia, acepta un trabajo como anfitriona y gestora de alojamientos de Airbnb. Entonces conoce a Elijah, un californiano despreocupado.
Está protagonizada por Agathe Rousselle, Alex Lawther, Suzy Bemba, Jonas Bachan y François De Brauer. Desde el 24 de julio de 2026, la película se ha incluido como parte de la Sección Oficial RAW de la programación del Atlàntida Film Festival, de la mano del Filmin.

Un encuentro en mitad del caos
Una segunda vida es la primera película que Laurent Slama firma con su verdadero nombre, ya que para las anteriores había utilizado el seudónimo de Elisabeth Vogler, nombre de un personaje que aparece en la película Persona (Ingmar Bergman, 1966). Para unificar aún más ficción y realidad, el director retoma su nombre de pila al tiempo que usa su antiguo seudónimo para bautizar a la protagonista de su nueva película. Un claro síntoma de que director y personaje son uno solo, y que la historia es un cúmulo de sensaciones y vivencias que definen la propia mirada del director al mundo que le rodea.
La trama es escasa, casi inexistente. El encuentro entre dos personas antagónicas en mitad del jolgorio multicultural de una París en plena celebración de los Juegos Olímpicos, supondrá un punto de inflexión en las vidas de los personajes, pero no ocurren grandes acontecimientos, todo el relato se construye en base a pequeños gestos, encuentros y detalles.
Agathe Rousselle interpreta a Elisabeth, una estadounidense cuyo visado francés está a punto de expirar. Trabaja a desgana en una empresa de alquileres turísticos y atraviesa una depresión que le provoca pensamientos suicidas, pero su personalidad es tan hermética y distante que cuesta empatizar con su dolor. Alex Lawther interpreta a Elijah, un turista californiano que irradia entusiasmo y felicidad, a veces uno diría que se siente impostada. La improbable conexión que surge entre ambos se narra con paciencia, no siempre resulta creíble, pero la implicación de ambos intérpretes ayuda a lograr momentos de verdad que traspasan la pantalla.

Un toque de ‘cinéma vérité’
Porque Laurent Slama se empeña en convertir su narrativa en ‘cinéma vérité’ mediante una cámara urgente que persigue a los personajes para captar sus emociones ocultas. El tono casi documentalista contrasta con cierto amaneramiento ingenuo en el perfilado de los personajes, pero una vez que entramos en el juego propuesto se trata de dejarse llevar sin cuestionarse demasiado la lógica de algunos eventos.
Si la Vogler de Persona era una actriz que repentinamente dejaba de hablar, la Vogler de Una segunda vida es una mujer con discapacidad auditiva que se quita los audífonos cada vez que necesita desconectar de su entorno. El tratamiento del sonido es uno de los aspectos más destacados de esta película que nos habla de incomunicación, crisis de identidad y desarraigo. La sordera incrementa la sensación de aislamiento y, aunque es una treta que la protagonista utiliza cuando necesita alejarse de los demás, paradójicamente también le provoca un enorme desasosiego cuando la barrera comunicativa no la levanta ella (por ejemplo, las secuencias en las que pierde los audífonos y queda «desconectada» del mundo).
No acaban ahí los paralelismos sobre los sentidos que definen las capacidades humanas y, en la parte final, se desliza una referencia al pintor impresionista Claude Monet que tras quedarse ciego, transformó su forma de ver el mundo y su manera de pintar. De eso trata la película, de nuestra forma de enfrentar la vida.
Una segunda vida es una película sencilla que nos habla sobre vivir la vida y compartirla con los demás, desechando lo negativo y centrándose en todo aquello que nos puede hacer felices. A veces peca al subrayar frases sacadas de un manual de autoayuda, pero tiene suficientes matices y contrastes emocionales (lo íntimo ante el caos colectivo de una ciudad en plenos Juegos Olímpicos) para que abracemos su enfoque humanista en una historia que retrata de manera honesta la vulnerabilidad y el aislamiento que todos sufrimos en algún momento de nuestras vidas.
¿Qué te ha parecido la película ‘Una segunda vida’?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




























