domingo, febrero 8, 2026

Cutrecon 15. Crítica de ‘Rampage: Francotirador en libertad’

Las críticas de Laura Zurita:
Rampage: Francotirador en libertad (2009)

Un hombre joven, aparentemente anodino, decide llevar a cabo una masacre. Vive solo, sin un proyecto vital claro, arrastrando frustraciones cotidianas que no lo distinguen demasiado de cualquiera. Su plan es meticuloso, frío, deliberado. Antes de ejecutar la violencia, proclama una suerte de idealismo torcido: el dinero no significa nada, la vida carece de valor, todo puede arder porque nada importa. Rampage acompaña ese proceso, desde la preparación silenciosa hasta la irrupción brutal del acto, sin ofrecer alivio ni distancia moral cómoda.

Rampage: Francotirador en libertad (también conocida como Rampage. La venganza es implacable) está escrita y dirigida por Uwe Boll e interpretada por Brendan Fletcher, Michael Paré, Shaun Sipos, Lynda Boyd, Robert Clarke, Katey Grace, Katharine Isabelle y Malcolm Stewart. La película en España fue distribuida directamente en formato doméstico y se ha podido recuperar en pantalla grande dentro de las actividades propuestas por CutreCon 15.

Golpe directo al estómago

CutreCon a veces proyecta una película que está bien, a propósito. En esta edición, Rampage: Francotirador en libertad ha servido para recordar que Uwe Boll, más allá del meme, puede hacer cine feroz y de plena actualidad, un golpe directo al estómago que deja poso.

Es bien sabido que el público suele hablar, cantar, comentar y construir una banda sonora espontánea en las proyecciones de CutreCon. Durante la proyección de Rampage: Francotirador en libertad la reacción fue otra, las sonrisas se congelaron en la boca y el público entró en un mundo oscuro y disfuncional.

Y es que se trata de una película lateral incluso dentro de los márgenes del cine de provocación. La película plantea desde el inicio un problema incómodo: la violencia no surge de un arrebato ni de un delirio evidente, sino de una lógica interna que el propio protagonista se encarga de verbalizar. Su discurso es el de un nihilismo impostado, una mezcla de desprecio por el dinero, el sistema y cualquier forma de sentido. Boll se ocupa de desmontar ese discurso sin subrayados, mostrando, de manera discreta pero firme, que los hechos no se corresponden con las palabras. La planificación obsesiva, el cuidado del detalle, la eficacia del plan revelan que, en realidad, la muerte le resulta indiferente, pero el dinero no ni mucho menos.

Durante buena parte del metraje, Rampage: Francotirador en libertad se detiene en la línea base de la vida del protagonista, en la que no hay grandes traumas explícitos ni miserias excepcionales. Es un hombre sin proyectos, atrapado en frustraciones diarias reconocibles: trabajos mediocres, relaciones indiferentes y una sensación persistente de estancamiento. Esa normalidad es precisamente lo inquietante. Mientras la superficie se presenta opaca, trivial, casi banal, en el interior algo cuece.

Indiferencia perturbadora

La preparación de la masacre ocupa un espacio central. Rampage: Francotirador en libertad presenta estos momentos con una frialdad casi burocrática: conversaciones sin aparente sentido, rutinas mecánicas e indiferentes. Solo algunas imágenes rápidas y esporádicas señalan que el protagonista piensa en otra cosa, que hay un plan avanzando en segundo plano. La violencia se va acumulando a fuego lento, a escondidas.

Cuando la masacre irrumpe, la película rompe cualquier pacto de comodidad. Las imágenes son áridas, sucias, difíciles de sostener, sin épica ni estilización redentora. La acción se siente agónica e insoportable. La policía no es salvadora, aparece claramente insuficiente, desbordada por una realidad que no entiende ni puede controlar.

La estética refuerza esa sensación de desamparo. La imagen es pobre de manera deliberada, casi desatendida, con una fotografía funcional y sin embellecimiento alguno. Ese despojamiento no busca realismo heroico, sino una crudeza incómoda, una cercanía que elimina cualquier distancia estética protectora. La violencia no se convierte en espectáculo porque la forma se niega a elevarla.

Rampage: Francotirador en libertad encuentra buena parte de su fuerza en su protagonista. Brendan Fletcher construye un personaje inquietante y discreto, con una frialdad progresiva que vuelve su figura cada vez más opresiva. Su cuerpo, su mirada fija, su forma de ocupar el plano hacen del personaje una presencia imponente, difícil de ignorar incluso en el silencio.

En conjunto, Rampage: Francotirador en libertad es una película áspera, imperfecta y perturbadora. Su fuerza no reside en la sutileza ni en la elegancia, sino en su capacidad para imponer una inquietud acerca del protagonista y su pretendida moral.


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