Crítica de ‘El juicio de los 7 de Chicago’: El guionista es la estrella

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El juicio de los 7 de Chicago
 

Con el cine basado en hechos reales me ocurre algo parecido a lo que me pasa con la novela histórica. Si no conozco bien lo que ocurrió o no estoy muy documentado con la época histórica en cuestión, siempre me asalta una especie de desconfianza, bastante molesta, que me impide disfrutar plenamente de lo que estoy viendo o leyendo. Me resulta por tanto imprescindible que, por lo menos, me entretengan lo suficiente como para tenerme con el trasero pegado a la butaca (o el sillón de mi casa) y tener cierta confianza en el director o escritor que esté al mando de aquello que me estoy tragando.

Este es el caso de Aaron Sorkin, alguien por quien siento un gran respeto como guionista y creador de series de televisión desde que a finales del pasado siglo diera a luz una de las joyas con las que se abrió una época dorada de la televisión a la que todavía hoy, veinte años después, se apuntan (con cuestionables merecimientos) multitud de series. Se titulaba El ala Oeste de la Casa Blanca y mostraba con documentado detalle el día a día de un presidente de los Estados Unidos y su admirable equipo de colaboradores. Años después creó otra serie injustamente infravalorada, titulada The Newsroom, en la que ponía al descubierto los entresijos de una cadena de noticias a través de la cara visible de sus informativos y, nuevamente, los miembros de su equipo.

En el cine ha alternado guiones tan vibrantes como los de Algunos hombres buenos (Rob Reiner, 1992) o La red social (David Fincher, 2010) con otros de menor calado como el del aburridísimo biopic de Steve Jobs (Danny Boyle, 2015). En 2017, como tantos guionistas a lo largo de la historia del cine, decidió dar el salto a la dirección con la muy interesante Molly´s Game y tres años después ha escrito y dirigido su segundo largometraje, El juicio de los 7 de Chicago, un apasionante drama judicial basado en los hechos reales que ocurrieron en 1969 a raíz de los incidentes ocurridos en la capital de Illinois durante unos disturbios entre la policía y unos manifestantes, presuntamente pacíficos, ante la convención del partido demócrata que tuvo lugar meses después del asesinato de Robert F. Kennedy.

Sorkin hace un didáctico esfuerzo durante el primer tramo del film para, siguiendo una narrativa canónica muy inusual en él, hacer una introducción que pone al espectador en antecedentes de lo que va a ver en la que no faltan referencias a los asesinatos de Martin Luther King o el mencionado Bobby Kennedy ni una meticulosa presentación, rótulos incluidos, de los personajes que van a ocupar el resto del metraje.

El juicio de los 7 de Chicago consigue reunir un reparto espectacular alrededor de un guion marca de la casa, sobrecargado de información y con trepidantes diálogos entre los personajes principales, con el que Sorkin reconstruye los más de cinco meses que duró el juicio a través de una minuciosa reconstrucción de los hechos entrelazada con las declaraciones durante el juicio y algunos apuntes de las vidas personales de los protagonistas.

Y estos no son otros que el juez del caso (un magnífico Frank Langella), el fiscal (Joseph Gordon-Levitt) propuesto por el Fiscal General del Estado, el abogado defensor (Mark Rylance) y cinco de los siete encausados (los otros dos fueron, al parecer, una artimaña de la acusación para culpabilizar mas aun a los que eran el verdadero objetivo político).

A saber: los dos líderes de la asociación Estudiantes por una sociedad democrática (Eddie Redmayne y Alex Sharp), los dos cabecillas de los Yippies (Youth International Party) a los que dan vida Jeremy Strong y un extraordinario Sacha Baron Cohen (nominado al Óscar por este papel) y el pacífico y sensato líder de The Mobe (Mobilization to End the War in Vietnam) que encarna John Carroll Lynch. Por si los nombres citados fueran pocos, el reparto se completa con Yahya Abdul-Mateen II, Caitlin Fitgerald, John Doman y la breve aparición estelar de Michael Keaton.

Sorkin demuestra que, además de su conocido talento como escritor, tiene también un sobrado pulso para la dirección cinematográfica con el que imprime a la película del suficiente ritmo y tensión para que, a pesar de la aparente complejidad de la trama y de la multitud de personajes, el interés no decaiga en ningún momento y la película sea relativamente fácil de seguir. Por otra parte, evita las soflamas políticas, los cánticos de trinchera y mantiene un tono riguroso y nada maniqueo. Todo ello muy de agradecer. Un film estupendo.


¿Qué te ha parecido la película?

 

El juicio de los 7 de Chicago

8

Puntuación

8.0/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: El contenido está protegido.
A %d blogueros les gusta esto: