Las críticas de Laura Zurita:
EPiC: Elvis Presley in Concert
EPiC: Elvis Presley in Concert es un documental-concierto que propone una experiencia cinematográfica distinta. No es una biografía al uso ni un simple registro en directo, sino un paisaje sonoro y visual construido, en su mayor parte, a partir de imágenes restauradas de las actuaciones de Elvis Presley durante su residencia en Las Vegas entre 1969 y 1976. El título juega con una doble idea: alude a la dimensión épica de su figura y, al mismo tiempo, a la ambición de levantar un gran fresco a partir de materiales de archivo, devolviéndolos a la pantalla con una presencia renovada. Está dirigido por Baz Luhrmann y se estrena en España el 27 de febrero de 2026 de la mano de Universal Pictures International Spain.
Verdaderamente épica
Baz Luhrmann es el director de EPiC: Elvis Presley in Concert y su trayectoria ayuda a comprender la naturaleza del proyecto. Su filmografía incluye obras como El amor está en el aire (1992), Romeo + Julieta de William Shakespeare (1996), Moulin Rouge (2001), y Elvis (2022), entre otras. Luhrmann trabaja desde la intensidad y la musicalidad estructural, dando a sus películas una expresividad muy marcada. En ese sentido, el documental EPiC: Elvis Presley in Concert encaja plenamente en su universo por su monumentalidad, tener la música como eje narrativo y por la construcción casi operística de la figura protagonista.
EPiC: Elvis Presley in Concert es un título acertado para una película que bien merece el adjetivo de épica al estar basada en un montaje de archivo restaurado y estructurado musicalmente. La excelente factura técnica es sorprendente, más aún si se tiene en cuenta que gran parte de las imágenes proceden de descartes y tomas alternativas de hace más de medio siglo. Un trabajo paciente de restauración visual y sonora produce un resultado deslumbrante. De hecho, la experiencia no se percibe en ningún momento como material antiguo, sino como una obra de calidad técnica excepcional, con una calidez y una humanidad difíciles de superar.

Un montaje dinámico y poético
Utilizando el principio básico de mostrar más que contar, el documental prescinde casi por completo de una voz narrativa externa. El relato se articula a través de actuaciones completas, fragmentos de entrevistas y material sonoro recuperado que permite que sea el propio Elvis quien se exprese. No se trata de explicar su vida de forma exhaustiva, sino de reconstruir una imagen a través de su trabajo, de su relación con la música y con el público.
El montaje de EPiC: Elvis Presley in Concert es uno de los grandes aciertos. Por un lado, sigue el pulso interno de las canciones, acompasando imagen y ritmo. Por otro, propone una construcción más compleja: una misma pieza puede desplegarse a través de distintos conciertos sin perder coherencia. Este procedimiento, poético a la par que dinámico, refuerza la continuidad artística y convierte el conjunto en un verdadero regalo audiovisual.
Un Elvis muy humano
EPiC: Elvis Presley in Concert presenta un Elvis profundamente humano. Lo vemos muy joven, casi ingenuo ante una fama que le llega de manera abrupta. Se aprecia su serenidad frente a los ataques públicos y su candidez en las entrevistas. Después asoma el cansancio: el tedio de los años en Hollywood, obligado a rodar películas que no siempre deseaba hacer, la sensación de asfixia y el deseo de regresar al directo.
En Las Vegas aparece el profesional incansable, concentrado en su oficio, ensayando y afinando cada canción, trabajando con extrema dedicación. Pero también se insinúa el agotamiento: EPiC: Elvis Presley in Concert muestra con sutileza la explotación continuada, el encierro profesional, la gira internacional que nunca llegó, lo que hoy resulta difícil de comprender. La película sugiere todo ello, con las muy pocas palabras que necesita para un buen entendedor. No obstante, si queremos saber más, ver esta película justo después de Elvis puede ser una experiencia cinematográfica muy interesante.

Una experiencia musical
Ningún documental es neutral, las imágenes siempre transmiten una historia y un mensaje. Luhrmann tiene la clara intención de mostrar el lado humano de Elvis, su valentía, su franqueza, su sentido del humor y su dedicación absoluta a la música. Las circunstancias específicas de su vida privada apenas se abordan; interesa su dimensión como ser humano y como artista, gigantesca e irrepetible. Interesan las canciones, propias y ajenas, interpretadas con una entrega que explica por qué sigue siendo una figura de primer orden.
De ahí que el resultado genere una corriente de empatía hacia un hombre que fue, ante todo, un trabajador incansable con un talento excepcional. Y lo hace con una fuerza que trasciende la nostalgia y obliga a mirarlo, otra vez, como lo que fue, un grandísimo artista.
En resumen, EPiC: Elvis Presley in Concert es un regalo para cualquier admirador del cantante, y una excelente introducción para los que apenas lo conocen. La visión de Elvis sobre el escenario nos hace comprender que sea un ídolo durante tantos años para tantas generaciones, y que su recuerdo siga reverberando en el presente.
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