sábado, febrero 28, 2026

Crítica de ‘Los Miserables. El Origen’: Un hombre confrontado a su futuro

Las críticas de Laura Zurita:
Los Miserables. El Origen

Los Miserables. El Origen (Jean Valjean) aborda un episodio fundacional en la vida de Jean Valjean, personaje central de ‘Los miserables’ de Victor Hugo. Recién salido del presidio tras cumplir condena por el robo de un pan, Valjean se enfrenta a una sociedad que lo reduce a su pasado y le niega cualquier posibilidad de reintegración. La acogida inesperada de Monseñor Bienvenu Myriel desencadena un conflicto moral decisivo: por primera vez, alguien lo trata como a un hombre digno de confianza. A partir de ese gesto, la película explora el momento en que se abre la posibilidad de la redención.

La película está dirigida por Éric Besnard, quien firma también el guion, inspirado en la obra ‘Los miserables’, de Victor Hugo. El reparto principal está encabezado por Grégory Gadebois, Bernard Campan, Alexandra Lamy, Isabelle Carré, Dominique Pinon y Albert Dupontel. La película se estrena en España el 27 de febrero de 2026 de la mano de A Contracorriente Films.

Momento crucial 

Los Miserables. El Origen tiene lugar en un momento esencial en la vida de Jean Valjean. Este personaje constituye una de las figuras más complejas de la literatura europea del siglo XIX. Su recorrido, desde la marginación hasta la conciencia moral, articula el núcleo ético de ‘Los miserables’. La película se concentra en el instante previo a ese proceso de transformación, cuando el personaje está dominado por el resentimiento y la desconfianza. No se trata de una adaptación global de la novela, sino de la reconstrucción de un punto de inflexión.

El guion de la película subraya el conflicto interior del personaje en un momento oscuro. Valjean acaba de salir de la cárcel y se comparte como un ser acorralado y herido, un hombre marcado al que todos tratan con crueldad. El encuentro con el obispo no es buscado, pero será importante, porque significará una confrontación entre dos concepciones del mundo: la del hombre que ha aprendido a sobrevivir desde la dureza y la del que ha decidido ejercer la caridad como principio radical. El obispo está definiendo su vida alrededor del principio de que la fe relevante es la que se traduce en actos. El encuentro entre dos personas tan diferentes marca la idea de que la historia de un hombre incluye necesariamente a quienes se cruzan en su camino, lo que enriquece la novela de Hugo (y por consiguiente Los Miserables. El Origen) con una dimensión moral y colectiva.

La puesta en escena responde a una concepción sobria y rigurosa. En su primer tramo, la fotografía adopta un registro opaco y frío, con una paleta cromática restringida que aproxima muchas escenas a un blanco y negro desaturado. La irrupción de la luz de las velas en el interior cálido de un hogar introduce una variación significativa tanto en la atmósfera visual como en el sentido dramático.

Los interiores, donde las escenas cruciales de la película tienen lugar, están compuestos con un cuidado evidente: el claroscuro y la iluminación de las velas modelan los rostros con una textura dorada que remite a la tradición pictórica. Por último, la impecable dirección de arte y la banda sonora contribuyen a dar el toque de perfección que confirma la solvencia del drama histórico francés en el tratamiento del espacio y la luz.

Final abierto, que no ambiguo

Las interpretaciones de Los Miserables. El Origen son impecables. Grégory Gadebois compone un Valjean físicamente imponente, pero vencido y encorvado, de gestos contenidos y mirada cerrada. Su trabajo corporal transmite el desgaste de los años de presidio; en la rigidez de la espalda y en la economía de movimientos se percibe el trauma acumulado. No obstante, el actor deja entrever la humanidad latente bajo esa coraza.

Frente a él, Bernard Campan ofrece un obispo fuerte, contenido y firme, cuya bondad no resulta ingenua, sino deliberada. Alexandra Lamy, como su hermana, aporta matices a un personaje que podría haber quedado en lo meramente funcional. Incluso una figura en apariencia simple, como Baptistine (Isabelle Carré), adquiere densidad y vida. Su personaje puede parecer de una rigidez casi arquetípica, pero sorprende en ciertos momentos en los que se revela que, bajo su actitud, se esconde una mezcla dolorosa de repulsión y deseo.

El desenlace es abierto, aunque no ambiguo. Funciona como prólogo a la historia posterior de Valjean, bien conocida por los lectores de Hugo, pero mantiene autonomía dramática. La última imagen, la de un hombre que avanza después de que alguien haya confiado en él, resume el núcleo temático de la obra: la posibilidad de que la interacción con otras personas pueda dar lugar a un cambio genuino, aunque la sociedad haya dictado ya su sentencia.

En resumen, Los Miserables. El Origen no pretende abarcar toda la novela original. Su propósito es más acotado y, precisamente por ello, eficaz. La película construye un estudio moral coherente y sólido de un hombre que, pese a ser llevado al límite, reencuentra inesperadamente la humanidad.


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Los miserables. El origen

7.2

Puntuación

7.2/10

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