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Ciclo Seijun Suzuki: Crítica de ‘The born fighter’ (‘Kenka ereji’) (1966)

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The born fighter (Kenka ereji), de Seijun Suzuki

Las críticas de David Pérez «Davicine»:
Ciclo Seijun Suzuki:
The born fighter (Kenka ereji)

Basándose en sus propias experiencias y en una exitosa novela, Seijun Suzuki nos brinda en The born fighter (Kenka ereji) su mirada satírica sobre la etapa abiertamente fascista del imperio japonés previa a la II Guerra Mundial, en la que el machismo y el supremacismo estaban a la orden del día.

Con guion a cargo del reconocido director de Onibaba, Kaneto Shindō, The born fighter (Kenka ereji) está dirigida por Seijun Suzuki y protagonizada por Hideki Takahashi, Junko Asano, Yûsuke Kawazu, Chikako Miyagi, Takeshi Katô, Isao Tamagawa, Jun Hamamura y Asao Sano. Con motivo del centenario del nacimiento de este director, Filmin ha añadido a su catálogo una docena de sus largometrajes, entre los que se puede ver actualmente esta película.

The born fighter (Kenka ereji), de Seijun Suzuki

La guerra vista con un toque de humor atípico

En The born fighter (Kenka ereji) se nos traslada a la ciudad de Okayama, en 1934, Nanbu Kiroku es estudiante de secundaria y se aloja en la casa de una familia católica que tiene una hija de la que está enamorado. Sin embargo, se verá forzado a reprimir los impulsos de su emergente sexualidad involucrándose en peleas entre bandas de adolescentes agresivos. Tras ser expulsado del colegio y mudarse a un pueblo más pequeño, no parará de meterse en problemas y terminará bajo la influencia de Kita Ikki, histórico disidente ultraderechista.

El escenario de la película recuerda la juventud del director Seijun Suzuki, lo que hace que The born fighter (Kenka ereji) emane una aire de nostalgia, incluso de simpatía, que la historia no tendría que tener en ningún momento. Igualmente, la curiosa elección del reparto provoca cierta sensación cómica, siendo todos ellos adultos menos uno, lo que no es del todo inusual en las películas de todo el mundo, incluso ahora, con jóvenes de 16 o 17 años interpretados por alguien de más de 20 años (cuando no de 30). Pero aquí es más radical el cambio al ver a un niño de 13 años interpretado por alguien de 20 años, lo que provoca que el reparto en general tienda a exagerar su infantilismo, derivando en un tipo de humor tonto. Al girar la historia alrededor de chicos adolescentes es normal que los veamos principalmente hablando de chicas e incluso peleándose, chocando de nuevo muchas de las reacciones con actores de tal edad, con escenas que ahora no sorprende ver en American Pie pero si en cintas de la época con esta temática, como cuando el protagonista descubre la masturbación como una salida para sus instintos reprimidos, pero ni siquiera eso puede rivalizar con una buena pelea.

The born fighter (Kenka ereji), de Seijun Suzuki

Suzuki retrocede a sus sentimientos y emociones pasadas

Seijun Suzuki tenía mucho que recordar cuando realizó esta película, y no omite dejar un contundente mensaje en la misma, dejando claro que si a los jóvenes de la época se les hubiera permitido resolver sus frustraciones de una manera más normalizada, se podría haber evitado toda la locura en la que acabaron involucrados. La película deja muchas recados sobre la guerra y la expansión imperialista, y no deja de recordarnos que las fuerzas que dividen a la pareja protagonista son las que trajeron tanta miseria a la sociedad.

A pesar de lo que pueda parecer por la historia, el tono y la elección del reparto, se trata de una ambiciosa película en comparación con otras realizadas por Suzuki para el estudio Nikkatsu, quien acostumbraba a dirigir hasta cuatro películas simultáneamente, dando igual las temáticas de todas ellas, destacando en este caso sobre otras realizadas con material genérico. Suzuki aporta un enfoque interesante a la hora tanto de dirigir como de editar la película, y se olvida por completo de los tradicionales conceptos cinematográficos como la continuidad, centrándose más en aportar sensaciones a cada escena, sin importar como llegan los personajes de unas a otras, evidenciando el compromiso del cineasta con el material a un nivel mucho más personal de lo habitual.

Dado que la película era de bajo presupuesto, tuvo que ser estrenada en blanco y negro, y eso provocó que Suzuki prescindiera de las clásicas florituras visuales coloridas que siempre hemos visto en sus películas de género, aunque eso no evita que sigamos apreciando detalles de su estilo visual, especialmente cuando la ausencia de color hace que juegue aún más con lenguaje cinematográfico y abuse de la sencillez caricaturesca de la mayoría de las imágenes.

En resumen, The born fighter (Kenka ereji) es una película entretenida e incluso divertida, en contra de lo que podría parecer por la temática, que si bien parece no tener un final adecuado por lo abrupto del mismo, consigue destacar sobre otras películas de la época del cineasta por la emotividad que despertaba en el director.


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LOCARNO 76. Crítica de ‘Animal’: Vidas marcadas por el dolor y la tristeza

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Animal, de Sofia Exarchou

Las críticas de David Pérez «Davicine» en el 76 Festival de Locarno:
Animal

Bajo el cálido sol griego, los animadores de un resort isleño con todo incluido se preparan para la ajetreada temporada turística. Kalia es la líder del grupo. Decoraciones de papel, disfraces brillantes y espectáculos de danza llenan el escenario. A medida que se intensifica el verano y aumenta la presión laboral, sus noches se vuelven violentas y la lucha de Kalia se revela en la oscuridad. Pero cuando los focos se encienden de nuevo, el espectáculo debe continuar. Escrita y dirigida por Sofia Exarchou, Animal está protagonizada por Dimitra Vlagopoulou, Flomaria Papadaki, Ahilleas Hariskos y Voodoo Jürgens, entre otros. La película ha podido verse en la Sección Concorso internazionale del Locarno Film Festival 2023.

Un verano todo incluido

Sofia Exarchou es una directora y guionista griega que en 2014 fue seleccionada para el Laboratorio de guionistas y directores de Sundance. Su primer largometraje, Park (2016), fue ampliamente aclamado tras su estreno en los festivales de Toronto y San Sebastián, donde ganó el Premio Nuevos Directores, y regresa ahora con una nueva película en la que vemos cómo los hoteles todo incluido son la máquina turística griega y sus animadores son los trabajadores que brindan entretenimiento, pero nos plantea una interesante pregunta sobre todo lo que rodea esta faceta turística: ¿Qué significa tener que ponerse el mismo disfraz, interpretar los mismos papeles y entregar todos los días con la misma energía y sonrisas?

Vivimos una época en la que no son pocas las películas ambientadas en centros turísticos de los que incluyen de todo, formando casi un subgénero cinematográfico que ha dado grandes sorpresas recientemente. Sofia Exarchou recoge el testigo y arranca su historia con la temporada veraniega y la recepción tanto de animadores como de clientes en una isla griega, girando la acción alrededor de los trabajadores del hotel Mirage. En un ambiente donde la decadencia parece haber empapado cada rincón del hotel, estos animadores deben trabajar exhaustivamente en la creación de espectáculos escénicos que ofrezcan la ilusión de pasar un buen rato a los turistas allí presentes.

Animal, de Sofia Exarchou

Cruces de caminos sin rumbo

He de admitir que nunca he sido demasiado fan de los hoteles y cruceros con todo incluido, aunque respeto que haya gente de todas las edades que acudan a estas ofertas turísticas para desconectar completamente. Dentro de estas opciones de vacaciones hay todo tipo de hoteles, y Animal se centra en uno donde la decadencia parece estar presente, y el ambiente no es precisamente el más festivo de todos. Las historias de los trabajadores ya presentes con los nuevos fichajes se cruzan como carreteras sin rumbo que poco pueden hacer para cambiar su destino.

El mundo del espectáculo nunca ha estado tan en boca de todos como ahora, con la huelga de actores en Hollywood, y si allí mismo vemos como actores que trabajan en series con millones de espectadores deben tener un segundo trabajo, qué no tendrán que hacer para sobrevivir los personajes de Animal, de quienes sabemos que trabajan en el mejor hotel de la zona pero viven en pésimas condiciones y se apresuran a intentar conseguir un trabajo extra por las noches para no vivir tan ahogados. Como dejan claras las historias de cada uno de ellos al presentarse, no están allí por ser su sueño trabajar en un resort, sino que todos son artistas (de teatro, de circo, de musicales,…) que buscan cualquier medio para hacer lo que aman y poder actuar.

Animal, de Sofia Exarchou

Una mujer mirando al pasado y sin futuro

Al frente de la historia central tenemos a la bailarina Kalia, interpretada por Dimitra Vlagopoulou, quien ha estado haciendo este mismo trabajo desde hace años, intentando mantener la sonrisa mientras canta para una escasa cantidad de turistas. Este trabajo la permite mantenerse a duras penas económicamente pero también ser otra persona durante unos instantes, consiguiendo salir de su triste existencia durante las actuaciones en las que simula ser una estrella de la música. En su camino se cruzará un espíritu afín, la de la joven e inexperta Eva, interpretada por Flomaria Papadaki, a quien vemos claramente (tanto ella como los espectadores) como una versión joven y con ilusiones de la propia Kalia, cuyo futuro no le depara nada mejor y de quien no se dice explícitamente por qué terminó trabajando en este hotel, pero se pueden sacar conclusiones con las pistas que nos van dejando.

Kalia, sintiendo que ha encontrado a un yo más joven, toma a Eva bajo su ala, y la introduce en un mundo de consumo excesivo de alcohol, sexo casual y fiestas sin fin, donde cada noche termina al amanecer y con una resaca difícil de aguantar pero que le facilita seguir adelante. Las historias de estas dos mujeres y el resto de animadores es mostrado casi a modo de documental, siguiendo de cerca los pasos de todos ellos en su día a día, tan de cerca que vemos aún más reforzada la tristeza que marca la vida de todos ellos y los polvorientos alojamientos en los que residen mientras esperan volver a actuar en el siguiente turno de trabajo. Esa oscuridad y tristeza que impregna cada escena viene aderezada con pequeños toques de humor negro en algunas escenas que implican a los turistas a quienes animan, pero la sensación apesadumbrada que baña cada plano es tan marcada que nos provoca una pena que durará incluso tras su visionado.

En resumen, Animal es una película sencilla y desoladora pero altamente efectiva, capaz de reflejar el dolor de sus personajes y trasladarnos la tristeza de sus vidas mientras son incapaces de encontrar una salida a la oscuridad de su día a día, consiguiendo conmover con sus tristes historias y sus brillantes actrices.


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Crítica de ‘Algún día nos lo contaremos todo’: Abrumadoramente intensa y algo repetitiva

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Algún día nos lo contaremos todo

Las críticas de Laura Zurita:
Algún día nos lo contaremos todo

Durante la reunificación alemana, María dejará atrás la adolescencia mientras vive con su novio en el campo. La llegada de un granjero mayor que ella despertará sus dudas.

Algún día nos lo contaremos todo está dirigida por Emily Atef e interpretada por Marlene Burow, Felix Kramer, Cedric Eich, Silke Bodenbender y Florian Panzner. La película se estrena en España el 4 de agosto de 2023 de la mano de Adso Films.

Algún día nos lo contaremos todoPasión en tiempos de la reunificación alemana

Algún día nos lo contaremos todo tiene dos temas centrales. Por una parte, una narrativa sobre la reunificación de Alemania; por otra, una tórrida historia de pasión y violencia. La reunificación de Alemania se presenta como una época convulsa, de desconcierto y desazón, con una parte del Este que se ve arrollada por la antigua parte Oeste, que, con mejor economía y mejores relaciones internacionales, se queda con el país, la prosperidad y la narrativa. A pesar de todo el lenguaje de triunfo y de éxito de la reunificación, y de que las familias se reencuentran después de una separación de años, se nota que para los habitantes de esta parte de Alemania el proceso tiene muchos inconvenientes. Abrumados por la historia, se sienten como perdedores en una batalla en la que no han podido luchar porque no ha tenido lugar.

Las diferencias entre las dos Alemanias se marcan en Algún día nos lo contaremos todo de manera sutil en los coches que conducen, en el ambiente de las ciudades a ambos lados de la antigua frontera, e incluso la ropa que llevan puesta. Aunque todos intentan ocultarlo, las miradas y las actitudes dejan claro una cierta incomodidad entre ellos. Esto es pasado ahora, pero la directora ha querido dejar testimonio de una época que fue muy importante para muchos alemanes.

En este mundo que pronto cambiará para siempre, María lleva una vida tranquila en la granja de los padres de su novio. Desde el principio está claro que está insatisfecha e incómoda con su vida, agudamente consciente de la manera que su mundo de siempre se acaba, y que no encuentra su sitio en él.

Un día, María se da cuenta de que siente una atracción oscura por Henner, un hombre que vive en la granja de enfrente y que le dobla la edad. Inician entonces una relación tóxica, violenta, que resulta más desagradable que apasionada. La directora de Algún día nos lo contaremos todo rueda las escenas entre ellos en tonos dorados para hacerlas más intensas, recordando a cuadros en claroscuro, tonos que solo existen en la habitación donde se reúnen, mientras la música sugiere pasión e intensidad. Estos tonos dorados chocan en cierta forma con el tono áspero de la relación, que se aproxima peligrosamente al maltrato, de lo cual ninguno de los protagonistas parece ser conscientes.

Algún día nos lo contaremos todoLenta y repetitiva

Ambos temas, la reunificación y la relación de María, transcurren de forma paralela, sin que tengan mucho que ver el uno con el otro. Una vez planteado el conflicto que presenta la aventura de María con un extraño, Algún día nos lo contaremos todo se alarga en demasía. Hay momentos hermosos, en la que se leen en voz alta los libros que son lo único que los amantes tienen en común, pero, tras los encuentros iniciales y las escenas que nos muestran los actos de pasión y abuso entre María y Henner, transcurren una tras otra, con pocas variaciones, y resultan repetitivas. El final es intenso y triste, y no exento de interés, pero el camino hasta él se hace algo arduo.

Marlene Borow (en el papel de Maria) es muy bonita, pero no consigue transmitirnos pasión ni hacernos empatizar con sus caprichosas decisiones. Tampoco Felix Kramer como Henner, con toda su apostura, tiene ese toque de misterio que nos haría comprender que se pudiera dejar todo de lado por él.

Algún día nos lo contaremos todo es una película elaborada y hermosamente fotografiada. Ambientada en la antigua Alemania del este en los difíciles tiempos de la reunificación, describe la oscura y violenta relación de dos personas distintas en todo, pero unidas por los libros y la pasión.


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LOCARNO 76. Crítica de ‘Dammi’: Ensoñación cinematográfica

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LOCARNO 76. Crítica de 'Dammi': Ensoñación cinematográfica

Las críticas de David Pérez «Davicine» en el 76 Festival de Locarno:
Dammi

Al regresar a París, un hombre se mueve a través de recuerdos de su pasado y fragmentos surrealistas del presente, en busca de una conexión con su padre del que se separó hace tiempo. En su viaje, conoce a una mujer franco-argelina. A medida que crece su intimidad, se enfrenta a su vergüenza y miedos mientras explora su identidad árabe perdida… Detrás de París está Argel. Dirigido por Yann Demange, el cortometraje Dammi está protagonizado por Riz Ahmed, Souheila Yacoub y Yousfi Henine, y la participación de Isabelle Adjani y Sandor Funtek. La película ha podido verse en la Sección Piazza Grande del Locarno Film Festival 2023.

LOCARNO 76. Crítica de 'Dammi': Ensoñación cinematográfica

Detrás de París está Argel

El director Yann Mounir Demange, de ascendencia argelina/francesa, apasionado contar historias inesperadas, se hizo un nombre en Reino Unido dirigiendo la serie nominada al BAFTA Dead Set (2008), aunque saltó a la fama a través de la existosa serie de televisión Top Boy (2011-2023), aclamada por la crítica y nominada a múltiples BAFTA, así como su debut cinematográfico ’71 (2014), por la que recibió el British Independent Film Award como Mejor Director. Yann Mounir sabe perfectamente lo que significa sentirse como alguien que busca un lugar seguro en el que vivir, lo que refleja exquisitamente en esta película de corta duración con un hombre que encontrará ese lugar seguro en una persona y no en un país.

En Dammi vuelve a trabajar con Riz Ahmed, tras ser amigos desde hace cerca de dos décadas al haber trabajado juntos en la primera serie de televisión de Yann, pero también volver a colaborar en recientes producciones, como Mogul Mowgli, de Bassam Tariq. Con una puesta en escena sombría y casi a modo de ensoñación cinematográfica, Dammi reflexiona sobre la naturaleza de la pertenencia.

Riz Ahmed da vida a un hombre marginado de ascendencia argelina que busca sus raíces pero nunca las encuentra en un París nocturno, lo que permite emplear a la película una atmósfera lúgubre y repleta de luces y sombras ahumadas con un toque esotérico. Una historia tan personal necesitaba de alguien de confianza, y esta nueva colaboración entre Yann y Riz demuestra la buena química entre ambos, tanto dentro como fuera de la pantalla, trasladando las emociones y miedos que el director quería plasmar en imágenes de una forma emocionalmente compleja y empática.

LOCARNO 76. Crítica de 'Dammi': Ensoñación cinematográfica

Visual y sonoramente atractivo

A través de un juego de efectos visuales y sonoros, Dammi se muestra como un cortometraje que apuesta más por lo visual que lo narrativo, aunque no por ello se aleja del corazón de la historia que está enfocado en la búsqueda de la identidad de este hombre que no para de enfrentarse a obstáculos hasta encontrarse a sí mismo.

Dammi emplea una gramática visual diferente para los recuerdos y para el presente, y hay dos partes muy diferenciadas en tan sólo 16 minutos de duración del cortometraje. La primera parte del cortometraje es mucho más surrealista, con un empleo muy pausado del tiempo, escenas casi etéreas y estilizadas. La segunda parte es mucho más visceral, empleando movimientos más rápidos de cámara y notándose mucha más energía en cada plano.

De la misma forma que la fotografía juega un papel vital, la música da forma a esta historia y fusiona pasado con presente. Oliver Coates, responsable de la maravillosa banda sonora de la película Aftersun, de Charlotte Wells, demuestra que los sentimientos pueden verse como frecuencias, y eso permite al protagonista moverse por esas frecuencias sin llegar a asentarse en ninguna. Para reforzar el apartado sonoro, las escenas van acompañadas de una voz en off a modo de diálogo interior y evocación de los recuerdos, mientras plantea preguntas que muchas veces no queremos tengan respuesta.

Dammi es un cortometraje visualmente atractivo, con una gran historia sobre los orígenes, en el que Riz Ahmed demuestra su capacidad interpretativa mientras se sumerge en las sombras de París y de su propia identidad.


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Crítica de ‘De perdidos a Río’: Gañana con ganas

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De perdidos a Río

Las críticas de Laura Zurita:
De perdidos a Río

Pedro, Kiko y David, tres amigos en sus treinta y tantos largos, viajan a Río de Janeiro para recoger el cuerpo sin vida de Mateo, su mejor amigo del instituto, quien ha muerto en extrañas circunstancias. Pero al llegar a Brasil nada es lo que parece.

Mateo, “el muerto”, ha huido, su casa está patas arriba y su “abogada” lo busca desesperadamente… De perdidos a Río es la historia de tres colegas que todavía no han encontrado su lugar en el mundo. Una comedia de acción, una película de evasión, de entretenimiento puro.

De perdidos a Río está dirigida por Joaquín Mazón y está protagonizada por Pablo Chiapella, Fran Perea y Carlos Santos. La película se estrena en España el 4 de agosto de 2023 de la mano de Sony Pictures Releasing de España.

De perdidos a Río

Qué difícil es hacer una buena comedia

Se comenta a menudo que es muy difícil hacer una buena comedia. De perdidos a Río es una dolorosa prueba de esta afirmación. Cuenta con un buen punto de partida (la primera secuencia es buena y nos deja curiosos e interesados), presupuesto moderado y unas localizaciones de ensueño y, sin embargo, no funciona.

Se puede decir que en De perdidos a Río es un cruce de Resacón en La Vegas con alguna de las secuelas de Torrente, exagerada y cañí, o, como el mismo director lo expresa, como una comedia gañana, pero gañana con ganas.

Como ya se ha mencionado, los primeros minutos de De perdidos a Río son interesantes, tanto en la premisa del viaje a recuperar el cuerpo del amigo como la presentación del personaje de Pedro, un íntegro, apocado y timorato funcionario de policía y sus impresentables amigos. Pero pronto la película se convierte en una sucesión de estereotipos, lugares comunes y chistes de dudoso gusto. Es eso, a muy buen ritmo, sin pausas para respirar, pero con muchas camisas de flores.

De perdidos a Río

Trama confusa y simplona

Pero desde la llegada a Río, la trama se descubre al tiempo confusa y simplona. Los personajes que van conociendo en Río no tienen ni profundidad ni atractivo, incluyendo una abogada con muchas posibilidades, pero a la que no se le saca ningún partido.

El final es también apresurado y fuera de lugar, metido con calzador, y resulta inverosímil hasta en el universo de la película, ya bastante increíble de por sí.

La película transcurre en un Río todo playa u tugurios, en el que lo único que parece suceder es fiesta, sexo, drogas y consumo desmesurado de alcohol. Los actores tienen que lidiar con unos personajes superficiales hasta la caricatura, por lo que resulta difícil creérselos. Los protagonistas son bobos hasta la médula, los brasileños mafiosos, y hasta la abogada parece no saber qué hacer con su vida

De perdidos a Río es una comedia que se precia de ser gañana y lo es hasta la médula.  Todo es exagerado e inverosímil, y lleno de un humor chabacano y colorido. Entretenimiento veraniego y facilón para las tardes estivales, para aquellos a los que les guste este tipo de comedias.


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AMFF 2023. Crítica de ‘Aurora’s Sunrise’: Del genocidio a Hollywood

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Aurora's Sunrise

Las críticas de Daniel Farriol en el AMFF 2023:
Aurora’s Sunrise

Aurora’s Sunrise es un filme armenio que combina animación, documental y metaficción. Está dirigido por Inna Sahakyan, que también co escribe el guion junto a Peter Liakhov y Kerstin Meyer-Beetz, inspirándose en la vida real y biografía de Aurora Mardiganian. La historia muestra a una superviviente del genocidio armenio que, con el paso de los años, se convertiría en una estrella fugaz en el Hollywood de principios del siglo XX al estrenar una película muda basada en su propia vida. La parte documental cuenta con entrevistas reales realizadas a Aurora Mardiganian. La película ha podido verse en la Sección Oficial de Atlàntida Mallorca Film Fest 2023, donde obtuvo el Premio ACCEC de la Crítica.

Subasta de almas en la guerra y en Hollywood

Aurora’s Sunrise es una obra fascinante en fondo y forma que relata en primera persona el horror del Genocidio Armenio cometido por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923. La protagonista es Arshaluys Martikian, más conocida como Aurora Mardiganian, una superviviente de la masacre que emigraría a los Estados Unidos con la misión de contarle al mundo entero lo que estaban haciéndole a su pueblo.

Durante ese exilio forzado y con la ayuda de un guionista en ciernes llamado Harvey Gates, la joven adolescente (por aquel entonces tenía 16 años), escribiría un relato por entregas que sería publicado en un periódico bajo el título «Ravished Armenia; the Story of Aurora Mardiganian, the Christian Girl, Who Survived the Great Massacres». Sus memorias llamaron pronto la atención de Hollywood y la chica acabaría protagonizando su propia vida en la película muda Auction of Souls (Oscar Apfel, 1919).

El éxito fue instantáneo y la película sería exhibida en multitud de teatros donde la joven superviviente explicaba sus trágicas experiencias al público asistente a las proyecciones. Sin embargo, aquel sería un éxito efímero por culpa de distintos intereses políticos y económicos que terminarían con la misteriosa desaparición de todos los negativos del filme, de hecho, en la actualidad solo se conservan 24 minutos que aparecieron tras el fallecimiento en 1994 de Arshaluys/Aurora. La película Aurora’s Sunrise de Inna Sahakyan quiere dar voz nuevamente a una historia que fue silenciada en su momento.

Aurora's Sunrise

Animación, documental y ficción para hilvanar una historia real sobrecogedora

Más allá de lo inspirador que resulta el relato de la protagonista, lo primero que llama la atención de Aurora’s Sunrise es la insólita combinación entre animación y documental con insertos de fragmentos recuperados de la película original. La narrativa fluye de una manera orgánica en un ejercicio emocionante de metacine que sorprende por la sensibilidad y sutileza con que se narran hechos tan terribles.

Para la animación se emplea un dibujo inspirado en el Art Nouveau, movimiento artístico europeo inspirado en la naturaleza que surgió a finales del Siglo XIX como ponderación de un esteticisimo que renunciaba a las líneas rectas y al realismo académico. Esa arriesgada decisión visual propone un sugerente contrapunto entre la belleza de las imágenes y lo cruel que resulta el trasfondo de lo que cuenta. Se trata de un estilo de dibujo de trazo simple y límpido que, sin embargo, extrae una enorme expresividad emocional al rostro de los personajes.

Para la parte documental se han recuperado extractos de un par de entrevistas realizadas en televisión en los años 80 a la verdadera Arshaluys/Aurora que, ya de mayor, se muestra cercana y ocurrente en la verbalización de sus experiencias. Además, la posibilidad de recuperar parte del material filmado para Auction of Souls sirve a Inna Sahakyan para completar una narración a tres bandas donde los distintos formatos se complementan y nutren unos a otros, para construir una biografía completa que abarca desde el estallido de la guerra hasta un reencuentro inesperado en los Estados Unidos que otorga un tono esperanzador a la tragedia.

Aurora's Sunrise

La maldad nunca duerme

Aurora’s Sunrise nos habla del fin de la inocencia a través de los ojos de una superviviente al holocausto armenio cuyas consecuencias podrían extenderse fácilmente a lo que acontecería después durante la Segunda Guerra Mundial hacia el pueblo judío o en conflictos bélicos recientes donde la vida carece de valor en manos del odio. Se estima que cerca de dos millones de civiles armenios fueron asesinados durante una masacre especialmente cruenta como muestra el testimonio de Aurora cuando afirma que la película de Hollwyood «suavizó» algunos de los pasajes más macabros de su historia. En concreto, se refiere a una secuencia donde se ve al ejército otomano crucificando a mujeres armenias, en realidad, ella tuvo que ver como fueron empaladas en vida tras ser violadas de forma brutal. Resulta francamente increíble la serenidad con que la mujer explica todas estas historias a cámara, incluso conservando cierto sentido del humor.

Otro aspecto interesante que convierte el visionado de la película en algo indispensable es que su reflexión sobre la maldad humana se extiende más allá de la guerra y también aparece en un contexto mucho más civilizado como es el mundo del cine o la alta burguesía estadounidense de la época. Aurora fue una mujer tan fuerte como ingenua, por eso, tras escapar de la esclavitud y la violencia, igualmente sería explotada en Hollywood por gente de la industria cinematográfica que solo buscaba enriquecerse y aprovecharse del tirón mediático que tenía la inmigrante con el público. Por desgracia, el compromiso social muchas veces oculta un acto egoísta que poco tiene que ver con la causa que se defiende. Entonces, la protagonista deberá aprender a sobrevivir a otro entorno hostil que no utiliza las armas para silenciarla.

Aurora's Sunrise

El cine como acto de resiliencia

Tengo que reconocer que desconocía por completo la historia de esa superviviente al holocausto convertida en estrella de cine y que también desconocía la existencia de una película muda perdida llamada Auction of Souls. De esa manera, el filme de Inna Sahakyan también funciona como metáfora del arte transformado en una herramienta imprescindible para la restauración de nuestra memoria colectiva. Precisamente, esa idea es algo que conecta con el propio inicio que tiene Aurora’s Sunrise al asistir a una festiva representación teatral de «Las tres cabras» convertida en receptáculo de ausencias por los muertos que va dejando la guerra, es decir, es como el recuerdo de una foto de familia incompleta que ha quedado velada por el cegador vacío de los que ya no están.

En una época donde la cultura se siente amenazada por discursos ultraconservadores que pretenden castrarla sin miramientos, cobra todo el sentido del mundo esta hermosa oda a la resiliencia humana que pone el foco en la identidad individual como defensa de una identidad grupal, siendo la palabra y el cine actos de rebeldía en la transmisión de la verdad (Turquía aún niega el genocidio armenio). Aurora’s Sunrise consigue recrear el trauma en toda su crudeza para mantener viva la historia de Arshaluys Martikian como ejemplo de dignidad y humanidad ante la barbarie, asombrando la fortaleza que demostró para seguir adelante. La etiqueta de película «necesaria» resulta incontestable en esta ocasión, Aurora’s Sunrise es una lección de historia que aterra y emociona por igual.

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LOCARNO 76. Crítica de ‘Mademoiselle Kenopsia’: Espacios llenos de vacío

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Mademoiselle Kenopsia

Las críticas de Daniel Farriol en el 76 Festival de Locarno:
Mademoiselle Kenopsia

Mademoiselle Kenopsia es una drama experimental canadiense que está escrito y dirigido por Denis Côté (Antología de un pueblo fantasma, Wilcox). La historia sigue a una mujer que está obsesionada con velar interiores anónimos y ocuparlos. Se convierte en un eco de cómo nos relacionamos con el tiempo, la soledad y la melancolía de esos espacios abandonados. Está protagonizada por Larissa Corriveau, Evelyne de la Chenelière, Olivier Aubin y Hinde Rabbaj. La película ha podido verse en la Sección Fuori Concorso del Locarno Film Festival 2023.

La vigía misteriosa

La kenopsia podría definirse como el sentimiento de melancolía que nos provoca un lugar abandonado que, en otro momento, normalmente hubiera estado lleno de gente. Mademoiselle Kenopsia es un filme de corte experimental donde el quebequense Denis Côté vuelve a incidir en las obsesiones recurrentes de su cine que abarcan desde lo efímero de la existencia hasta la relación humana con los espacios abandonados como una forma de autoafirmación a través de ellos. En esta ocasión, la misteriosa protagonista de su nueva propuesta es una mujer (interpretada por Larissa Corriveau) que se dedica a velar edificios abandonados sin que sepamos muy bien porqué lo hace.

El director, junto al fotógrafo Vincent Biron, planifica un primer acto de apariencia casi documentalista sobre arquitectura e interiorismo donde la cámara observa estática las distintas estancias vacías de un edificio. Son encuadres que cuidan las líneas rectas de paredes, puertas y ventanas, pero ofrecen poca información sobre el discurrir argumental que va a tener el filme. Un leve movimiento de la cámara hacia adelante sirve para anticipar la presencia humana que llega y, a partir de entonces, el espacio vacío será habitado y vigilado por esa mujer que vaga por las habitaciones como si fuera la prima hermana del fantasma de A Ghost Story (David Lowery, 2017), eso sí, aquí sin sábana.

El único contacto que tendrá la mujer con el exterior son unas llamadas de teléfono donde explica sus sensaciones a alguien que parece escucharle en silencio desde el otro lado de la línea, sin que tampoco queden claras las motivaciones reales de esas llamadas. Llegados a ese punto, está claro que debemos sumergirnos en los recovecos crípticos de la película desde una mirada metafórica.

Mademoiselle Kenopsia

Edificios y fantasmas

Mademoiselle Kenopsia profundiza en el peculiar universo existencialista de Denis Côté que ya había planteado sus tesis sobre los límites del espacio-tiempo en otras de sus obras recientes. Por ejemplo, en Antología de un pueblo fantasma (2019) combinaba con bastante tino lo social y lo sobrenatural para reflexionar sobre el incierto presente de comunidades rurales vaciadas que se llenaban con espectros del pasado, mientras que en Wilcox (2019) seguíamos los pasos de un hombre que decidía alejarse de cualquier atisbo de civilización con la intención final de desaparecer por completo del mapa. En ambas películas tenían especial importancia los lugares abandonados donde solo era posible distinguir la presencia humana a través de reverberaciones del pasado que traspasaban toda lógica del espacio y del tiempo.

Algo parecido sucede aquí mediante ruidos inesperados que alertan a la mujer como lo harían las presencias fantasmales de un filme de terror o mediante proyecciones lumínicas de origen desconocido que conforman una imaginaria sinfonía poética sobre las paredes desnudas. Mademoiselle Kenopsia es una película que requiere de paciencia y que no se lo pone nada fácil al espectador, ni siquiera la presencia de otros personajes compartiendo escenario con la protagonista facilitan la comprensión de muchos de los pasajes de esta no-historia de fantasmas.

Mademoiselle KenopsiaEl espacio vacío como recipiente (a)temporal

Mademoiselle Kenopsia construye una atmósfera de tránsito melancólico hacia la reafirmación de la existencia donde destaca la arquitectura visual del encuadre y el trabajo de texturas envolventes del sonido. La película nos sitúa entonces en «el espacio entre el relámpago y el trueno», es decir, en la expectativa existente tras el destello y antes del estruendo. Un flashback-sueño romperá el silencio de la soledad con una fiesta multitudinaria donde la música techno de Potochkine pone el contraste entre esos dos escenarios vitales.

La sensación de morir o desaparecer dejando un rastro de eternidad detrás adquiere visos casi sobrenaturales en espacios llenos de vacío donde los recuerdos buscan flotar en el ambiente. Esa idea del pasado ligado a los lugares es precisamente la base que sustenta el subgénero de casas encantadas al que daba la vuelta de manera inteligente aquella rara avis titulada I Am a Ghost (Soy un fantasma) (H.P. Mendoza, 2012), en la que una mujer quería salir de su casa sin éxito en una especie de día de la marmota. Aquí ocurre justo lo contrario, la protagonista siente una fascinación mórbida por permanecer en esos interiores vacíos hasta integrarse en la propia historia de los edificios.

De todas formas, aunque suene interesante, la narrativa de la película es demasiado confusa y aséptica como para complacer a los espectadores. El desarrollo contemplativo sin rumbo definido de las imágenes acabará lastrando cualquier posibilidad metafórica sobre el espacio vacío como recipiente (a)temporal (en sus dos acepciones, del tiempo y de su duración), algo que ya había sido explorado por el director en algunas de sus obras anteriores.

Mademoiselle Kenopsia


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Crítica de ‘Una cuestión de honor’: Película intensa basada en un dolor muy real

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Una cuestión de honor

Las críticas de Laura Zurita:
Una cuestión de honor

Aissaa, un joven oficial, pierde trágicamente la vida durante un nuevo ritual de iniciación en la prestigiosa academia militar francesa de Saint Cyr. Mientras prepara el funeral de Aïssa, su familia descubre que el ejército se niega a asumir la responsabilidad. Ismaël, su rebelde hermano mayor, tratará de mantener unida a la familia mientras buscan justicia para Aïssa.

Una cuestión de honor está dirigida por Rachid Hami e interpretada por Karim Leklou, Shaïn Boumedine, Lubna Azabal (premiada como Mejor Actriz en la Seminci (Valladolid) por El caftán azul, Incendies), Laurent Lafitte y Samir Guesmi. La película se estrena en España el 4 de agosto de 2023 de la mano de A Contracorriente Films y Sherlock Films.

Una cuestión de honor

Una doloroso caso real

Lo más desgarrador de Una cuestión de honor es que está estrechamente relacionada con la muerte del hermano del director, que murió a causa de unas mal llamadas novatadas, lo que es en realidad un homicidio. De esta experiencia y este dolor nace una película en la que subyace un mar de sentimientos bajo una superficie en apariencia tranquila.

Una cuestión de honor empieza en una noche oscura y fría, cuando un grupo de cadetes es sometido a una serie de abusos y humillaciones, tan duros de hecho que una joven termina muriendo a consecuencia de ello. Poco a poco vamos conociendo el entorno del joven, su madre y sus hermanos, emigrantes de origen argelino en Francia. Más tarde aparecerá un padre ausente, cuya larga sombra ha significado mucho para todas.

En la película se mezclan distintas épocas: la infancia de los chicos en Argelia, antes de emigrar, un viaje a Taipei, en el que los hermanos remueven recuerdos, y el momento presente, con el hermano cadete en cuerpo presente. Una cuestión de honor tiene una estructura clara y es fácil separar los planos temporales, tanto por la fotografía y los colores como por la caracterización y la expresión corporal de los personajes, por lo que el espectador siempre sabe en qué momento está.

Tras la muerte del joven, el momento central de la historia, la familia queda destrozada, comprensiblemente, tanto por la pérdida como por las circunstancias en las que sucede. Intentan enfrentarse con una estructura cerrada y poderosa, y poco a poco se ven abocados a la impotencia, una importan tica sofocante que tiñe toda la acción. En esta línea temporal la película es oscura y fría, con colores poco saturados y una cierto sobretono distante mientras los sentimientos bullen bajo la superficie

Una cuestión de honor

Tonos autobiogŕaficos

El origen argelino y la fe musulmana de la familia están siempre presentes en Una cuestión de honor, aun en los momentos más laicos, reflejando vivencias del autor. En el momento del funeral, una de las mejores escenas de la película, se intuye claramente la separación entre personas que conviven todos los días, como una barrera que nadie quiere ver ni comentar, pero no por ello resulta menos real.

El reparto está bien elegido, con tres actores protagonistas que muestran una compenetración sutil, pero rotunda. Karim Leklou como Ismaël, el hermano mayor  frustrado y triste, al que le cuesta superar una infancia que lo maduró tempranamente. Lubna Azabal, la madre, cuya fría belleza transmite la férrea determinación necesaria para tener éxito en un país extranjero como Francia. Shaïn Boumedine, como Aissa, tiene un papel más corto, pero intenso y honesto, como el joven que quiere a toda costa integrarse con terribles consecuencias.

Una cuestión de honor es una película pequeña, personal y muy bien interpretada, nacida del dolor real del director. Tiene un tono de contención e impotencia que pesan como una losa sobre unos personajes que mantiene la dignidad en un entorno hostil.


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LOCARNO 76. Crítica de ‘Family Portrait’: Exquisito retrato familiar

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Family Portrait, de Lucy Kerr

Las críticas de David Pérez «Davicine» en el 76 Festival de Locarno:
Family Portrait

Ambientada al comienzo del Covid, Family Portrait sigue a una familia en una inactiva pero agitada mañana cuando han planeado una foto grupal. Cuando la madre desaparece y una hija se desespera por encontrarla y reunir a su familia en expansión, la película desciende progresivamente a un reino donde el tiempo y el espacio pierden su control, transformando el retrato familiar en un solemne y enigmático ritual de transición. Escrita y dirigida por Lucy Kerr, Family Portrait está protagonizada por Deragh Campbell, Chris Galust, Rachel Alig, Katie Folger y Robert Salas. La película ha podido verse en la Sección Concorso Cineasti del presente del Locarno Film Festival 2023.

Family Portrait, de Lucy Kerr

Un retrato familiar, ni más ni menos

Lucy Kerr (EE.UU., 1990) es una cineasta y artista afincada en Nueva York, nombrada una de las 25 caras nuevas del cine independiente en la revista Filmmaker del año 2022. Family Portrait es su primer largometraje, y le valió la beca de largometraje de Austin Film Society, el premio AirFrance de FIDLab y el premio New Horizons de US in Progress. El trabajo de Kerr se ha presentado en el Festival Internacional de Cine de Róterdam, FIDMarseille, el Festival Internacional de Cine de Reykjavik, el Museo de Arte Moderno de San Francisco, REDCAT, Anthology Film Archives y Francois Ghebaly Gallery, entre otros.

El debut como directora de Lucy Kerr presenta una narrativa conmovedora que explora las complejidades de la dinámica familiar. La fotografía de Lidia Nikonova y la edición de sonido de Nikolay Antonov y Andrew Siedenbur juegan un papel casi tan importante como la dirección de Kerr en esta película desde el mismo instante que comienza esta jornada familiar, donde nos percatamos de un estilo natural de fotografía, casi documental, y un sonido que prioriza la sensación de estar presente desde la distancia observando a la familia más que los diálogos en sí, al menos hasta que comienzan las conversaciones familiares que marcarán toda la película gracias a un guion delicado y un reparto talentoso.

Family Portrait, de Lucy Kerr

Entre la cotidianeidad y la exquisitez

A veces, es difícil saber si se cruza la delgada línea que separa la grabación de una mera jornada familiar con conversaciones que todos podemos tener con nuestros allegados de una exquisita película que, sin demasiadas pretensiones y apoyada en su reparto, presenta una intensa y conmovedora historia que nos hace sentir partícipes de ella.

Lo que para muchos espectadores puede parecer una debilidad, se convierte en una fortaleza en Family Portrait, representando sencillamente una historia simple durante los primeros días de la pandemia del Covid, presenciando las conversaciones de los distintos familiares en una bulliciosa mañana aunque con un toque relajado, a la espera del motivo que da título a la película, que no es otro que un retrato familiar, lo que encaja perfectamente con lo que vemos durante su escasa duración. Conversaciones banales se tornan en misterio cuando este ritual comienza a verse abocado al fracaso por la desaparición de la madre y la repentina pérdida de un familiar, reforzado todo ello por una punzante partitura que parece indicar que no todo es tan bello como parece en esta casa.

Family Portrait, de Lucy Kerr

Sin clichés en este bello cuadro familiar

A la hora de llevarnos a una jornada familiar en la que vislumbrar las conversaciones familiares, Kerr podría haber optado por presentar personajes repletos de clichés, pues todos tenemos en mente los estereotipos de cada miembro de una unidad familiar, desde los abuelos a los tíos, pasando por cuñados y hermanos o hermanas.

Sorprendentemente, a pesar de reconocer algunos de los miembros con facilidad, no se basa en estos estereotipos ni convencionalismos para presentar las complejidades de la dinámica familiar, tratando con delicadeza y sutileza temas como el paso del tiempo, la pérdida, el amor o la propia identidad, todo ello bajo una puesta en escena acogedora gracias a un sobresaliente trabajo de fotografía que no necesita de grandes alardes para trasladarnos a esta zona rural que nos cautiva capturando toda la emoción y la atmósfera necesaria para la historia.

El uso de colores apagados y una iluminación tenue refuerza la atmósfera íntima de esta dinámica familiar plagada de momentos sensibles y sentimientos ocultos que nos evocarán muchas situaciones familiares personales, algo que tampoco hubiera sido posible solo gracias a un gran guion, sino también gracias a un reparto capaz de resultar tan natural como convincente, casi a modo de documental, manifestando un amplio repertorio de emociones y sentimientos entre todos ellos, creando un vínculo con el espectador. Cada personaje deja su huella, con diálogos sorprendentemente tranquilos pero con mucha complejidad tras sus palabras, y se nos empuja hacia las diferentes conversaciones para apreciar las varias perspectivas de la vida que se pueden tener incluso entre personas tan cercanas.

En resumen, Family Portrait es un delicado y bello retrato familiar repleto de profundidad y naturalidad que nos hace sentir como en casa mientras nos evoca recuerdos íntimos y personales a partir de diferentes fragmentos de una contemplativa y convincente jornada en familia. Una excelente carta de presentación de Lucy Kerr.


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LOCARNO 76. Crítica de ‘What Remains’: Mentes periféricas

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What Remains

Las críticas de Daniel Farriol en el 76 Festival de Locarno:
What Remains

What Remains es un coproducción entre Hong Kong, Reino Unido y Finlandia. Se trata de un drama que está dirigido por Ran Huang, que también co escribe el guion junto a Megan Everett-Skarsgard. Cuenta la historia de Mads Lake, un hombre que en los años 90 confesó múltiples asesinatos y fue condenado. Sin embargo, una terapeuta y un policía inician una cruzada personal para descubrir la verdad, creándose una codependencia entre los tres que amenaza con consumirlos a todos. Está protagonizada por Gustaf Skarsgård, Andrea Riseborough, Stellan Skarsgård, Jussi Kostamo, Éva Magyar, Darren McStay, Antti Luusuaniemi y Milka Ahlroth. La película ha podido verse en la Sección Fuori Concorso del Locarno Film Festival 2023.

What Remains

La historia real de un falso asesino

What Remains es un absorbente thriller dramático que se inspira libremente en hechos verídicos de la crónica negra escandinava que provocaron un terremoto institucional al poner en entredicho la eficacia del sistema policial y judicial de Suecia. Sture Ragnar Bergwall, apodado por él mismo como Thomas Quick, fue considerado durante décadas como el mayor asesino en serie sueco de la historia tras confesar el haber cometido 38 crímenes, todo un macabro reguero de asesinatos, violaciones, torturas, canibalismo, desmembramientos… hasta que años después se destapó que se lo había inventado todo para obtener notoriedad en el centro psiquiátrico en el que se encontraba recluido y conseguir que los psiquiatras que le atendían le recetaran los ansiolíticos a los que se había vuelto adicto.

Esa alucinante y terrorífica historia ya fue llevada al cine en el año 2019 por el director sueco Mikael Håfström bajo el título de El acusado perfecto, película que se centraba principalmente en la investigación emprendida por el periodista Hannes Råstam que en su libro «Thomas Quick, cómo se hace un asesino en serie» señalaría directamente como responsables del error a policía, jueces y políticos, al considerar que se dedicaron a construir un relato ficticio hecho a su medida para justificar así ante la opinión pública todos los casos de desaparición que aún quedaban por resolver en el país, algo que les condujo a no contrastar adecuadamente las pruebas que demostraban la implicación del sospechoso en los crímenes.

Ahora es el chino Ran Huang quien ha decidido retomar aquella historia, pero tomándose algunas licencias dramáticas que alejan su película de lo que sería una transcripción fidedigna de los hechos. Lo que hace es proponernos un punto de vista alternativo alejado de la pura investigación criminal, para hablarnos sobre el efecto del trauma, la manipulación y la dependencia emocional a través de la relación a tres bandas que surge entre el falso asesino, aquí apodado Mads Lake (Gustaf Skarsgård), la terapeuta Anna Rudeback (Andrea Riseborough) y el policía Soren Rank (Stellan Skarsgård).

What Remains

Tres personajes atormentados

El arranque de What Remains nos muestra a Mads Lake decidiendo contar sus fechorías cuando están a punto de darle el alta del centro psiquiátrico en el que lleva años confinado. Hay que entender que es un hombre drogodependiente que vive atormentado por un pasado de abusos en el núcleo familiar y que no sabe cómo enfrentarse a la vida real del exterior. Sus primeras experiencias al salir de permiso reafirman su desubicación cuando le roban todo el dinero que lleva encima y su hermano no quiere ayudarle. Gustaf Skarsgård compone un personaje complejo del que cuesta discernir cuando dice la verdad porque él mismo posee lagunas mentales que le impiden acercarse al pasado familiar con nitidez.

El director Ran Huang juega con la puesta en escena y el encuadre para transmitir al espectador la sensación de emborronamiento en la memoria de los personajes, no solo del presunto asesino. Para ello se sirve de desenfoques y muchos planos donde los rostros quedan ocultos tras cristales que los separan de la realidad, por ejemplo, a través de las ventanas de los edificios o filmando el interior de un coche desde el exterior. La sensación de desencanto y el tono apesadumbrado desacelera el ritmo narrativo hasta deconstruir por completo el suspense que tendría la historia criminal para concentrarse únicamente en el tránsito emocional del trío protagonista.

En ese sentido, Mads Lake no es el único personaje quebrado por su pasado, la psiquiatra forense y el agente de policía que investigan el caso, llevan a cuestas sus propios demonios. La primera es una mujer que sufre depresión a consecuencia de sus problemas de fertilidad y el último es un hombre que convive con una eterna sensación de fracaso que ha derivado en alcoholismo. El encuentro entre tres seres incompletos será la clave para dar forma definitiva al relato.

What Remains

Tras el cristal

What Remains se cuece a fuego lento durante más de dos horas, algo que termina pesando en el desarrollo de una historia que muchas veces cae en la redundancia, pero sin que por ello se pierda nunca la capacidad atmosférica que tiene a la hora de recrear un limbo emocional donde conviven los personajes. Habrá escenas de lluvia o que acontecen en penumbra para resaltar la ambigüedad de una verdad convenientemente dirigida, pero más allá de la utilización del espacio y del encuadre, el contar con tres intérpretes de tanto nivel ayuda a Ran Huang a transmitir ese escenario de purga y dolor, destacando la siempre enigmática mirada de Andrea Riseborough.

En uno de los diálogos, Mads Lake afirma «necesito la verdad para interpretar mi memoria», esa frase define a la perfección el viaje de autoconocimiento para los tres protagonistas que convierten el pasado en un lienzo en blanco en el que verter sus incertidumbres existenciales que expliquen el significado de su triste presente. El asesino no es descrito aquí como alguien que busque notoriedad a través de sus confesiones criminales sino como un ser de extrema fragilidad en cuya mente se confunden realidad y ficción, tanto en lo que hace referencia a los crímenes que dice haber cometido desde la adolescencia como también en los abusos sexuales que asegura haber padecido durante la infancia por parte de un padre maltratador (algo que el hermano niega de forma tajante).

What Remains

Lo que queda tras el trauma

Al final, descubrir la verdad de los hechos no es lo más relevante en What Remains, un título que podría traducirse como «lo que queda», ya que no estamos frente a un thriller psicológico al uso, lo que aquí cuenta es adentrarse en las mentes periféricas de personajes heridos que deciden recrear una realidad alternativa para sentir que forman parte de algo común. En ese sentido, el vínculo más fuerte es el sentimiento maternofilial que surge entre Mads Lake y Anna Rudeback que va mucho más allá de la terapia profesional y que quedará definitivamente truncado en una terrible escena de aborto espontáneo.

What Remains es un filme denso, amargo, complejo e incómodo, que está contado con la sensibilidad típica del cine asiático más contemplativo, destacando el tratamiento envolvente del sonido y la fotografía mortuoria de Christopher Blauvelt para subrayar los distintos estados emocionales de los personajes. En una escena, el policía Soren Rank abre una galleta de la fortuna y el papel está vacío. Esa sensación de desamparo salpica constantemente la pantalla entre reflejos y miradas distorsionadas por el encuadre.

What Remains no pretende ser la historia del apodado Hannibal Lecter sueco sino una reconstrucción tangencial de los hechos que muestra la delgada línea que separa realidad y ficción, certeza e imaginación, pasado y presente. Un filme, al mismo tiempo, trágico y hermoso, que revela la cualidad de Ran Huang como narrador sensitivo que, paradójicamente, mantiene una distancia observadora en su cámara para exhortar al espectador a una mayor implicación emocional.

What Remains


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Ciclo Mia Hansen-Løve: Crítica de ‘Un amour de jeunesse (Primer amor, 2011)’

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Un amour de jeunesse

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Ciclo Mia Hansen-Løve
Un amour de jeunesse (2009)

Para su tercer largometraje, Un amour de jeunesse, Mia Hansen-Løve escribió una historia de amor iniciático como hace ver su elocuente título francés, cuya traducción literal sería Un amor de juventud aunque en España se estrenó con el título francés seguido de “Primer amor” entre paréntesis.

El inicio del film nos sitúa en París en 1999. Camille (Lola Créton) y Sullivan (Sebastian Urzendowsky) son dos jóvenes adolescentes que viven una relación romántica cuya idílica apariencia no tarda en mostrar sus fisuras. Mientras Camille vive por y para Sullivan, éste hace planes que no la incluyen a ella hasta el punto de proyectar con sus amigos un viaje a Latinoamérica que le alejará de París durante casi un año.

Hansen-Løve pone la cámara sobre Camille con un candor especial, como si pretendiera que no se le escapara ninguna emoción del rostro de una Lola Créton que consigue transmitir todas las pulsiones de la felicidad y del dolor que solo puede causar un enamoramiento a esa edad. Camille vive su amor como lo único que la sujeta a su existencia y su posterior desamor como una auténtica enfermedad. Algo difícil de filmar sin caer en los lugares comunes o en las exageraciones. En esta película, como en ninguna otra hasta ese momento, Hansen-Løve explora la sensualidad a través del cuerpo de su jovencísima actriz, un elemento carnal que trata con delicadeza pero sin pudor y que se mezcla de forma indisoluble con el amor. Durante el primer tercio de película vemos a la pareja compartiendo conversaciones, caricias, reproches, sexo y bucólicas salidas al campo en las que se bañan en el río, retozan en la hierba o comen cerezas directamente del árbol.

El viaje de Sullivan a Venezuela marca un primer punto de inflexión en la película. El hundimiento emocional de Camille, intento de suicidio incluido, se seguirá de un reinicio personal en el que, por primera vez, comenzará a definirse por sí misma y no en función de otro, todo después de que en una emotiva visita al hospital su padre le haya dicho “tienes que pasar página”.

La vida prosigue y el film avanza, elipsis mediante, hasta septiembre de 2003, Camille se ha cortado el pelo y simultanea trabajos esporádicos como azafata o camarera mientras inicia su vida universitaria estudiando arquitectura. Varias secuencias en la Escuela servirán para acentuar el carácter solitario de Camille hasta que tiene lugar un viaje de estudios a Alemania y Dinamarca para conocer diversos enclaves arquitectónicos incluyendo el edificio de la Bauhaus o el Museo de Arte Moderno de Louisiana, cerca de Copenhague. Este viaje supondrá un cambio de rumbo desde el momento en que surge un encuentro emocional con Lorenz (Magne Håvard Brekke), uno de sus profesores, notablemente mayor que ella con quien inicia una relación, algo en lo que podría verse un eco de la vida personal de la directora que tendrá un reflejo mucho más evidente, años después, en La isla de Bergman, su séptimo film.

Mia Hansen-Løve vuelve en Un amour de Jeunesse al tema del paso del tiempo como elemento sustancial para explicar lo que les sucede a sus personajes, Camille necesita ese transcurrir del tiempo para afrontar su vida sin ataduras y asir su libertad. “Por primera vez no me pesa la soledad, el cielo parece despejarse por fin” se dirá a si misma tras descubrir que es capaz de liderar un proyecto de restauración de un edificio, de tener una relación con otra persona que no sea Sullivan y de, en definitiva, reinventarse a sí misma al ser capaz de trascender una visión idealizada del mundo que estaba condenada al fracaso.

Como en casi todas las películas de su directora, es fácilmente distinguible la división del film en sus diferentes actos dramáticos. En Un amour de Jeunesse, tras un primer acto de amor y desamor y un segundo acto de estabilización vital y autodefinición personal para Camille, Hansen-Løve conduce la película hacia un tercer acto cuyo epicentro argumental será el reencuentro, casi accidental, con Sullivan. El reinicio de la relación sin el candor de la adolescencia y con el añadido ingrediente de la infidelidad pondrá de nuevo a Camille en una tormenta emocional. Ahora parece ser Sullivan el que más sufre por no estar a la altura vital de quien fue su primer amor y le gustaría enmendar algunas decisiones egoístas del pasado. Se trata de un reencuentro que hace daño a ambos a pesar de la aparente felicidad. Y nuevamente, tal y como había anticipado Camille cuando expresó su deseo de volver al Louvre: “necesito hacer las cosas dos veces para que se fijen en mi memoria”, volverá a tropezar por segunda vez en la misma piedra tras el nuevo abandono de Sullivan.

La ausencia de una partitura original para la película, hace que como sea habitual en su cine, las canciones tomen protagonismo a través de una selección que no parece tener nada de accidental dada la relación de las letras de las canciones con la trama argumental. Nos encontramos aquí dos canciones en español de la cantautora chilena Violeta Parra: “Volver a los 17” cuyo elocuente título no necesita mucha explicación y la célebre “Gracias a la vida” con su lúcida reflexión sobre la importancia de todas las cosas de apariencia pequeña que realmente dan sentido a la existencia.

Pero es la canción “The water” de Johnny Flynn la que mayor peso tiene en el film, subrayando la importancia del agua, tan presente a lo largo de toda la película, tanto en las secuencias de la zona recreativa de baño junto a la playa danesa como en el río en el que, al inicio del film, Camille y Sullivan viven su amor y al que Camille volverá de nuevo en la hermosísima secuencia final para cerrar definitivamente una etapa de su vida con ese sombrero que Sullivan le había regalado volando hacia ninguna parte.

“El agua me sostiene sin siquiera intentarlo. El agua no puede ahogarme, he terminado con mi muerte”