Crítica de ‘El regreso de Mary Poppins’: Mas lo que ahora pase, ya pasó otra vez

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”:
El regreso de Mary Poppins

Comencemos confesando que la que aquí suscribe es una absoluta enamorada de Mary Poppins. Por eso la crítica de El regreso de Mary Poppins se me hacía complicada. ¿Cómo mantenerme objetiva ante la segunda parte de la que es una de las películas que más veces he visto en mi vida? Por suerte, El regreso de Mary Poppins me ha encantado, y he sabido tomarla como lo que es: un maravilloso homenaje a la original que comparte su magia y se esfuerza en estar a la altura. Quizá su mayor falta sea esa; intentarlo demasiado. 

La hazaña para llevar a la pantalla el primero de los libros de la autora australiana P.L. Travers ya se narró en Al encuentro de Mr. Banks, con Tom Hanks como Walt Disney y Emma Thompson como Travers. Al parecer, la creadora de la famosa niñera nunca estuvo satisfecha con la adaptación cinematográfica que en 1964 se hizo de su obra. Desde entonces, y a pesar de los esfuerzos de Disney, no habíamos vuelto a ver a Mary Poppins aparecer paraguas en mano. Pero en 1996 murió Travers y se abrió una puerta a las negociaciones que nos han llevado hasta El regreso de Mary Poppins, con una nueva aventura de la niñera y los Banks, cincuenta y cuatro años después de su predecesora.

Hay un salto en el tiempo de veinticinco años. Jane y Michael Banks se han hecho mayores. Jane es una soltera sindicalista que ayuda a criar a los hijos de su hermano, ahora que éste se ha quedado viudo. La situación económica familiar es delicada y Michael teme que vaya a perder la casa en donde se criaron, el 17 de la calle Cherry Tree Lane. Ajenos a estos problemas, sus tres hijos, Georgie, Anabel y John, juegan en el parque un día cuando de entre las nubes baja una mujer planeando con su paraguas.

La película está dirigida por Rob Marshall, director de musicales como Chicago o Into the Woods y con una sólida carrera teatral en Broadway. A él le debemos el mimo con el que la producción se ha llevado a cabo. Fue él quien desde el principio quiso a Emily Blunt como Mary Poppins, una elección bendecida por quien más importaba: la mismísima Julie Andrews.

Fue también Marshall quien quiso la animación alejada de los ordenadores para que la película mantuviese una coherencia con la de 1964, así podemos disfrutar de veinte minutos de animación 2D dibujada a mano. Más de setenta animadores han trabajado en estas secuencias, algunos de ellos, ya jubilados, se unieron al equipo solo para poder formar parte de la magia de la secuela.

David Magee, quien escribió el guion de Descubriendo Nunca Jamas sobre la relación del autor J.M Barrie y los niños en los que basó la aventura de Peter Pan, se hace cargo de esta nueva historia. Aunque en esta ocasión no se adapta ninguno de los libros de P.L Travers, Magee sí ha sacado escenas y personajes de la saga. La aparición de Mary entre nubes en el parque en el que los niños Banks vuelan una cometa, pertenece a El regreso de Mary Poppins, al igual que el personaje de Topsy (interpretada por Meryl Streep) y su casa del revés.

Si se ha de poner una pega al trabajo de Magee, es que el guion se parece demasiado al de su precuela. Tampoco se le puede echar en cara; los libros de Travers son una consecución de aventuras de los niños y su niñera, sin profundizar mucho más en el entorno familiar. Pero si en la película del 64 el Sr. Banks era un padre frío y distante por la presión a la que está sometido en el banco en el que trabaja, aquí Michael cae en una situación similar. Si la Sr. Banks era una ferviente sufragista, ahora su hija Jane ha heredado su compromiso social y es una sindicalista. Si en la primera visita de Mary, viajaban dentro de un cuadro, aquí lo hacen dentro de una porcelana china. Y si entonces los deshollinadores se volcaban en ayudar a Mary y a los Banks, ahora lo hacen los faroleros.

Pero nada de eso importa mucho cuando se tiene el mimo técnico con el que se ha hecho El retorno de Mary Poppins. Y es que no sé si en unos años las canciones de esta secuela habrán calado tanto como las que en 1964 compusieron los hermanos Sherman, pero Marc Shaiman y Scott Whittman, responsables del musical Hairspray, hacen un trabajo magnífico manteniendo una cohesión entre ambas bandas sonoras. A los temas más animados, compuestos para la fantasía, como “Can you imagine that?” o “A cover is not the book”, se suman otros más conmovedores como “A Conversation” o “The Place Where Lost Things Go” que, si bien no llegan a la emoción “Feed The Birds”, la canción sobre la mujer que alimenta palomas junto a la catedral de Saint Paul, invitan a la lagrimilla.

Debe dar algo de vértigo enfrentarse a un personaje para el que el espectador ha puesto cara desde que era niño y, no obstante, Emily Blunt recoge el testigo de Julie Andrews y se convierte en Mary Poppins con su aspecto firme y estricto, pero guardando una sonrisa traviesa que esconde un mundo de imaginación.

Igual de complicado lo tenía Lin-Manuel Miranda en el papel de Jack, que tanto recuerda a Bert, el deshollinador. Sin embargo, cuando eres un hombre renacentista como Miranda que triunfa ya sea como cantante, compositor, guionista, es difícil decepcionar. Admitámoslo, Lin-Manuel Miranda es, como Mary, prácticamente perfecto en todo.

Ben Whishaw y Emily Mortimer son una elección curiosa como la versión adulta de Jane y Michael, para la que ni siquiera han intentado procurar un parecido físico, pero que igualmente funciona. Ben Whishaw cantando “A Conversation” es una de las escenas más conmovedoras de la película.

¿Los cameos? Bueno, que Meryl Streep lo hace todo y todo lo hace bien no es una sorpresa, y su breve número como Topsy cantando “Turning Turtle” es animado y enloquecido, con un sonido de cabaret de los años veinte. Por el contrario, Colin Firth está desaprovechado, es su villano demasiado mezquino para aportar nada a una historia tan dulce.

Los de los noventa y tres años de Dick Van Dyke y Angela Lansbury y aun dando guerra parece salido de Los límites de la realidad. Mientras que Lansbury tan solo canta, Van Dyke incluso se atreve a bailar al interpretar a Mr. Dawes Jr., el hijo del segundo personaje que él mismo interpretó en Mary Poppins.

Las comparaciones son odiosas, pero incluso comparando ambas versiones llegas a la conclusión de que El regreso de Mary Poppins es mágica por mérito propio. Una llamada a la imaginación y la ternura. Al fin y al cabo, Mary Poppins aparece cuando la necesitan. Debe ser que, sin saberlo, la necesitábamos.


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Crítica de ‘El regreso de Mary Poppins’: Mas lo que ahora pase, ya pasó otra vez
2.4 (48%) 5 vote[s]

9

Puntuación

9.0/10

2 comentarios sobre “Crítica de ‘El regreso de Mary Poppins’: Mas lo que ahora pase, ya pasó otra vez

  • el 17 diciembre, 2018 a las 11:48
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    Ideal para esta Navidad

    Respuesta
  • el 17 diciembre, 2018 a las 16:26
    Permalink

    Sobre todo con nenes

    Respuesta

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