Crítica de ‘Into the Woods’: brillante adaptación del musical de Stephen Sondheim y James Lapine

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Into the Woods

El cine musical como casi todo el cine de género tiene su público casi incondicional y sus detractores que acuden a cada estreno ¿por qué, me pregunto, si no les gusta? con el cuchillo preparado para volver a repetir un montón de lugares comunes entre los que no suele faltar la frasecita “y de repente se ponen a cantar”. Pues sí. Es un musical. Y en los musicales se canta. A otra cosa.

Pero cuando se habla de cine musical habría que hacer una primera precisión que a quien escribe le parece básica antes de acercarse al género: no es lo mismo una película musical que desde su inicio haya sido concebida como un proyecto cinematográfico que una adaptación de un musical de Broadway (o de donde sea, pero teatro al fin y al cabo) al cine. Ocurre exactamente lo mismo que con las obras teatrales no musicales, cuya adaptación al cine supone un esfuerzo de cambio de formato en el que fundamentalmente guionistas y directores deben esforzarse por ser capaces de trasladar el material original sin que pierda su esencia, al tiempo que emplean los recursos del cine para que el resultado final sea una película y no parezca teatro filmado.

Y en este sentido, Rob Marshall me parece un director absolutamente ejemplar. Ya en 2002 con Chicago consiguió hacer una vibrante película de un musical maravilloso que si de algo peca (y eso lo saben bien los que lo hayan visto representado) es de tener una escenografía muy escueta y una dramaturgia basada en bailes perfectamente coreografiados pero sin grandes alardes de puesta en escena. 

Tras su fallido Nine (aunque no tengo claro que fuera culpa suya), Rob Marshall vuelve doce años después a adaptar con acierto al cine un musical muy difícil de llevar a la pantalla.

No he visto Into the Woods en vivo en un teatro, pero sí la grabación de 1987 con Bernadette Peters y Joanna Gleason que fue editada en DVD y comercializada en España con subtítulos en castellano; y no es un musical que pida a gritos una adaptación al cine, sin embargo, James Lapine autor del libreto original ha hecho una fantástica adaptación a guión cinematográfico saltándose pasajes farragosos y eliminando personajes que aportaban poco a la trama, de tal suerte que ha puesto a disposición de Marshall un guión ágil dentro de un metraje aceptable (el musical íntegro se habría acercado a las tres horas y la película dura dos horas y cuatro minutos).

Otro asunto a tratar que no debe llevarnos a engaño es la palabra Disney puesta encima del título y en cuanto objeto publicitario nos encontremos por la calle (ya sabemos lo bien que se emplea Disney a la hora de vender sus productos).

Into the Woods es una producción de Disney, pero no es una película Disney (al uso). Disney ha puesto el dinero y todo su aparato publicitario, incluso puedo aceptar que hay estética Disney en el cartel y en la dirección artística del film, pero que nadie se equivoque, Into the Woods no es el nuevo clásico Disney, si no la adaptación al cine del musical de 1986 con música de Stephen Sondheim y libreto de James Lapine sobre un panadero y su mujer que maldecidos por una bruja se adentran al bosque para tratar de encontrar los ingredientes que sirvan para elaborar una pócima que rompa el hechizo. En esta búsqueda de los ingredientes interaccionarán con una serie de personajes de cuentos clásicos como “Caperucita Roja”, “La Cenicienta”, “Jack y las judías mágicas” y “Rapunzel”.

Sondheim y Lapine ni quieren contar un cuento ni hacer un refrito de cuentos, por el contrario se sirven de estos cuentos para hablar de temas de mucha más enjundia como las consecuencias de los deseos y la responsabilidad de las acciones derivadas de la búsqueda incontrolada de satisfacer esos  anhelos. Emplean el humor, sí, pero un humor ácido, áspero al paladar y con un regusto a decepción. No dudan en incorporar amputaciones, infidelidades y catástrofes varias (como ven, ingredientes “muy Disney”) para por primera vez contarnos qué hay después de los finales felices de los cuentos. Que nadie se levante después del “happy end”, todavía queda media hora de película para saber si realmente vivieron felices y comieron perdices o por el contrario la vida (la de verdad, no la de los cuentos) discurrió por otros derroteros.

Es muy de agradecer un fantástico reparto en el que todos los actores cantan bien (cosa que no siempre ocurre) y en el que destaca como no podía ser de otra manera doña Meryl Streep (todos de rodillas). Todavía hay quien se pregunta por qué la nominan todos los años al Óscar. Pues una pregunta tan fácil no se puede dejar sin contestar: porque es muy buena.

Del resto del reparto destacan fundamentalmente las intérpretes femeninas, Emily Blunt está muy bien, pero especialmente Anna Kendrick que crea una Cenicienta con todo el encanto que se le debe suponer, pero además con astucia e inteligencia para llevar el discurso de la trama y el peso de la película en muchos momentos con una voz sencillamente preciosa.

La intervención de Johnny Deep es casi un cameo, tiene una canción, sus cinco minutos de gloria y desaparece, está bien, pero no hace nada que no le hayamos visto ya. No es su película. James Corden interpreta con acierto al pánfilo panadero y Chris Pine pone su palmito y un par de momentos divertidos. En cuanto a los niños, Lilla Crawford resulta bastante repelente en su papel de caperucita, sin embargo Daniel Huttlestone interpreta a Jack con la misma fantástica voz con la que interpretó a Gavroche en Los Miserables. Hay futuro en él.

La producción ralla la perfección con un fantástico vestuario de Coleen Atwood (nominada al Óscar) y una acertada fotografía de Dion Beebe que consigue que veamos en la oscuridad sin perder la sensación de tenebrosidad que el bosque debe transmitir en todo momento.

Into the Woods es una película fantástica que en mi opinión mejora el material de partida al actualizar acertadamente la orquestación de grabación original, liberarlo de los pasajes más confusos y darle mucha más agilidad narrativa y potencia visual.

No apto para aquellos a los que no les guste que la gente cante en las películas, para los que no les guste leer subtítulos, para los que no les guste que les cambien los cuentos clásicos ni para los que esperen un nuevo clásico Disney.

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