miércoles, marzo 4, 2026

Crítica de ‘Hasta la montaña’: Un pastor perdido en la filosofía

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Hasta la montaña

No me resulta difícil creer que, en esta sociedad competitiva y asfixiante del siglo XXI en la que continuamente tenemos que estar haciendo cosas e ir corriendo de un lado a otro para llegar a tiempo de hacer otras cosas, alguien tenga tentaciones de mandar todo a freír espárragos y se despida de su trabajo y su círculo vital para empezar una nueva vida a miles de kilómetros.

Me cuesta un poco más empatizar con que la decisión sea tomada para convertirse en pastor de ovejas, un oficio durísimo y de poca recompensa en el sentido en que nos han acostumbrado a entender las recompensas. Pero el caso es que este es el punto de partida de Hasta la montaña (Bergers), la nueva película de la directora canadiense Sophie Deraspe en la que adapta la novela autobiográfica “D’où viens-tu, berger?” de Mathias Lefebure, un publicista que dejó su vida en Canadá para cuidar ovejas en el sur de Francia.

En ningún momento llegamos a saber demasiado de la vida anterior de Mathyas (Félix-Antoine Duval), únicamente que ha sufrido una crisis personal y profesional que le ha llevado a Arlés (ya saben, ese pueblo de la Provenza que inmortalizó Van Gogh en tantos cuadros). Su voz en off nos introduce, cargada de poesía filosófica o filosofía poética (escoja cada cual lo que mejor le encaje), en una historia contemplativa y existencialista que Sophie Deraspe dirige con una mirada casi documentalista que conjuga con acierto el indisimulado afán naturalista de la película con un profundo sentido humanista.

Al tiempo que Mathyas va descubriendo la dureza del oficio de pastor y los rigores de la naturaleza, el film incorpora elementos narrativos que sostienen la película a pie de tierra más allá de su incuestionable belleza plástica y su marcado carácter reflexivo. Contribuyen a ello las sucesivas experiencias fallidas de Mathyas por encontrar un trabajo como pastor debidas a su nula experiencia y la aparición de nuevos personajes que dan sustento al argumento. Particularmente decisiva en el relato es la aparición de Élise (Solène Rigot), una joven funcionaria francesa que también ha abandonado su trabajo y su antigua vida y junto a quien emprenderá una ruta de trashumancia con un rebaño de más de ochocientas ovejas y un perro de nombre Hola.

A partir de aquí, nos adentramos en una película que se aboca al encuentro con la naturaleza y en el que la convivencia con el paisaje y los desafíos del entorno condicionan el objetivo de los personajes que no es otro que la búsqueda de sentido vital, de libertad y de conectar con lo esencial de la existencia humana. Algo que no es nuevo en absoluto, ya vimos orientaciones similares en films como Alma Salvaje (Jean-Marc Vallée, 2014) o Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007), pero mientras en aquellas se acentuaba más la búsqueda de la soledad o la crítica a la sociedad materialista, en Hasta la montaña, la búsqueda de sentido no pasa tanto por escapar del mundo como por reconectarse con ritmos más ancestrales y reales.

Aquí, se contrapone la vida urbana moderna (aunque no la lleguemos a ver más que a través de las reflexiones de Mathyas) con las tradiciones rurales, con una forma de vida que parece en vías de extinción y lo hace sin idealizaciones bucólicas ni mantras ideológicos. La dureza y la belleza del oficio de pastor están expuestas con tanta franqueza como oficio cinematográfico por una directora que es capaz de superar la aparente falta de conflicto argumental inicial gracias a la indagación en los personajes de Mathyas y Élise, una relación en la que resulta trascendental la química entre sus intérpretes Félix-Antoine Duval y Solène Rigot.

El resultado es una película hermosa, de incuestionable belleza estética en la que el paisaje no es solo escenario, sino agente de transformación y confrontación con las expectativas del personaje protagonista, resultan fundamentales aquí la dirección de fotografía de Vincent Gonneville y la preciosa partitura de Philippe Brault que ensalza la comunión de los personajes (ovejas incluidas) con la naturaleza.

Hasta la montaña llega a la cartelera española con más de año y medio de retraso desde su estreno en el Festival Internacional de Toronto de 2024 donde fue distinguida con el premio a la mejor película canadiense. Aunque podría resultar indigesta a quien quiera acción trepidante y girós dramáticos, hará las delicias de quienes sepan disfrutar de un ritmo más pausado y una historia sensorial, emocional, humanista y reflexiva.


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Hasta la montaña

7

Puntuación

7.0/10

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