Las críticas de Laura Zurita:
Yo siempre a veces
Laura se quedó embarazada de un amor impulsivo y marcado por las drogas con Rubén. Cinco meses después del nacimiento de Mario, la relación llega a su fin y la separación es todo menos amistosa. Aunque un papel los llama familia, Laura cría sola a su hijo, con amor, fe y una chispa inquebrantable. A pesar de sus carencias y luchas personales, se enfrenta la maternidad con valentía, aunque a veces apenas pueda sostenerse a sí misma.
Las creadoras de Yo siempre a veces son Marta Bassols y Marta Loza Alonso, y está dirigida por Claudia Costafreda, Ginesta Guindal y Marta Loza. Está protagonizada por Ana Boga y David Menéndez. Completan el reparto de la serie Paco Tous, Belén Ponce de León, Marta Bassols, María de Medeiros y Diane Guerrero. La serie se estrena el 23 de abril de 2026 en Movistar Plus +.
Serie generacional
Yo siempre a veces se siente como una serie generacional, por lo que cuenta y por cómo decide contarlo, o, más concretamente, con lo que decide no justificar. Esta crítica se escribe antes del estreno, basándose en el visionado de los tres primeros capítulos.
La serie se presenta, en apariencia, como el retrato de una mujer joven enfrentada a una maternidad imprevista. Su personaje mantiene su línea vital, sin grandes cambios. Y en esa persistencia hay algo incómodo, casi irritante, porque lo que se despliega ante el espectador es una cadena de malas decisiones sostenidas en el tiempo. Desde el inicio, el personaje se define por su impulsividad, esto es, es más reactiva que reflexiva. Laura parece concebir el hecho de ser madre desde una dimensión puramente afectiva, desligada de cualquier conciencia práctica.
Y es que Yo siempre a veces se define por la negativa a transformar la maternidad en redención. Porque Laura no se vuelve más consciente, ni más organizada, ni más capaz de tomar decisiones. Al contrario, su comportamiento continúa marcado por la inercia, por la incapacidad de anticipar consecuencias, por una suerte de infantilismo emocional que la arrastra de una situación a otra sin verdadera elaboración. Hay en ella una dificultad constante para enfrentarse a los aspectos más duros y más concretos de la vida. Le cuesta organizar y responsabilizarse. Laura a menudo se comporta como alguien, que no termina de comprender dónde está ni cómo ha llegado hasta ahí, y Yo siempre a veces expone lo que esto significa para ella.
Formalmente, Yo siempre a veces tiene un estilo naturalista sin subrayados dramáticos. La cámara, cercana y discreta se posa una insistencia que pone el foco en la continuidad y la repetición frente al acontecimiento. La puesta en escena es tranquila, casi invisible, con planos sostenidos. La dirección de arte construye espacios cotidianos sin estilización evidente y la fotografía, algo apagada, contempla a los personajes a una cierta distancia emocional. Esta elección contribuye a una sensación de deriva, de tiempo suspendido, en el que lo importante es el ambiente y la continuidad. La serie se comporta como si su verdadera vocación no fuera tanto narrar como generar una atmósfera de desgaste. Las interpretaciones siguen esa tónica, con un estilo natural. En particular, Laura (Ana Boga) actúa de manera desenfadada y libre, llevando al personaje por dentro de la piel.
Yo siempre a veces no parece buscar el progreso del personaje, sino precisamente evidenciar su estancamiento y convertir su frustración en parte de la experiencia. Desde esta perspectiva, la aparente inacción no sería un defecto, sino una forma de coherencia interna.
Hay algo profundamente generacional en Yo siempre a veces. No en un sentido sociológico evidente, sino en una intuición más difusa: la dificultad de sostener decisiones cuando aún no se ha construido una identidad firme. La serie parece preguntarse qué ocurre cuando la vida se acelera más rápido que la propia madurez emocional, lo que puede ser sorprendente porque la protagonista está en una etapa que ya asume la dicha madurez.
En resumen, Yo siempre a veces es el retrato de la maternidad que convive con una irresponsabilidad sostenida. Y en esa persistencia de la indecisión hay algo incómodamente reconocible, y es que, a veces, la vida ocurre sin planificación ni evolución.
Guía de episodios
Episodio 1 – Prólogo
Laura y Rubén se conocen en una noche marcada por el exceso, la intensidad y la impulsividad. La relación avanza de forma precipitada hasta desembocar en un embarazo inesperado.
Episodio 2 – La casa de los padres
Laura se instala con su hijo en casa de sus padres mientras intenta reorganizar su vida. Empieza a trabajar en una tienda y recibe propuestas de sus amigas para compartir piso.
Episodio 3 – La casa de las amigas
Laura prueba una nueva convivencia con su grupo de amigas. La diferencia entre su nueva vida como madre y la vida despreocupada de su entorno se hace evidente.
Episodio 4 – La casa del artista
Laura entra en contacto con un entorno más creativo o alternativo, intentando redefinir su identidad más allá de la maternidad.
Episodio 5 – La casa de los espíritus
El relato se vuelve más introspectivo. Laura enfrenta sus miedos, sus errores y las consecuencias de sus decisiones pasadas.
Episodio 6 – La casa de Berlín
Tras pasar meses en Berlín, Laura recibe una oportunidad laboral importante. Decide aceptarla sin consultar a Rubén y planea comunicárselo en persona. Un reencuentro inesperado altera sus planes.
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