Crítica de ‘Casi todo bien’: Observando la vida con lucidez y humor

Las críticas de Laura Zurita:
Casi todo bien

Hilario es un escritor frustrado de 40 años que vive atrapado entre la nostalgia por la literatura clásica y el cinismo ante el mundo editorial contemporáneo. Mientras su novela es rechazada por todas las editoriales españolas, se gana la vida en una librería e impartiendo un taller de escritura online. Sin embargo, cuando conoce a una chica que podría convertirse en la musa que siempre ha buscado, se abre ante él la posibilidad (quizá la última) de romper con su propia inercia.

Casi todo bien está dirigida por Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet sobre un guion de este último junto a Ricardo Uhagon Vivas. En el reparto encontramos a Marcel Borràs, Silma López, Lorenzo Ferro, Julián Villagrán, Secun de la Rosa y Adelfa Calvo. La película se estrena el 22 de abril de 2026 de la mano de AF Pictures.

Hilario vive en la queja

El comienzo de Casi todo bien cumple con precisión una de las funciones esenciales del relato, es decir, presentar al personaje y ofrecer una clave de lectura. Y lo hace de forma clara: Hilario es un pedante, carente de empatía, egoísta y desconsiderado, alguien que no solo encarna esas características, sino que además se siente legitimado en ellas, caiga quien caiga. Vive malamente en un piso compartido, rodeado de vecinos ruidosos, instalado en una queja constante y culpando a todo el mundo menos a sí mismo. Dos minutos bastan, y el relato nos ha capturado.

A partir de ahí, se despliega una comedia extraña, incómoda. Nos reímos, sí, pero casi a nuestro pesar. Las situaciones provocan una risa que se tiñe por la vergüenza ajena, generando una incomodidad muy consciente. Se trata de una comedia dramática que encuentra un equilibrio preciso entre ambos registros: El humor es sutil, discreto; el drama, igualmente contenido, sin grandes explosiones.

La puesta en escena opta por una apariencia naturalista, cuidadosamente trabajada, con apariencia de improvisación. Su mirada observa lo cotidiano con precisión, logrando una sensación de espontaneidad que es, en realidad, fruto de un control muy consciente del tono.

El guion destaca por su naturalidad y sensibilidad. Se centra en revelar las complejidades de las relaciones humanas a través de una estructura depurada que elimina lo superfluo. No deja de ser significativo que los propios directores apliquen a Casi todo bien uno de los consejos que recibe Hilario: Mantener una trama principal clara y despojar lo innecesario.

Observar la vida

El tono general de la película es profundamente cotidiano, como si observáramos la vida de los vecinos a través de un agujerito. Esa cercanía distante construye una sensación de realismo muy eficaz. La fotografía, oscura y algo tristona, acompaña ese universo. Ni los personajes ni los espacios están romantizados, desde un Hilario que parece algo sucio hasta los pisos, con su mobiliario descuidado.

Esta apuesta por lo cotidiano que tiene la película constituye su mayor virtud… pero también su talón de Aquiles. En algunos momentos, esa insistencia en lo aparentemente anodino puede dificultar el mantenimiento del interés. Sin embargo, recompensa la paciencia. Su final, mesurado, pero lleno de vida, aporta sentido al recorrido. Hay, además, una coherencia interna destacable, se elimina lo superfluo y se construye una obra sobria y concisa. Esa concisión se agradece.

Las interpretaciones destacan por su frescura y naturalidad, reforzando el tono realista del conjunto. Se percibe una construcción conjunta entre dirección e intérpretes, incorporando elementos vitales que aportan verdad al conjunto. Especialmente notable es el trabajo de Marcel Borràs como Hilario. El actor catalán logra transmitir la sensación de un hombre insoportable de una manera tan sincera que termina resultando reconocible. No es una caricatura, sino un ser humano lleno de contradicciones.

En resumen, la película es el retrato de un escritor frustrado, pedante y sin empatía. Casi todo bien combina comedia y drama en un tono cotidiano y realista. Su humor incómodo, basado en la vergüenza ajena, convive con una mirada sobria sobre las relaciones humanas. Destaca la interpretación de Marcel Borràs, que humaniza a un personaje insoportable. Una obra concisa, coherente y honesta, cuyo final contenido pero lleno de vida justifica la espera.


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Casi todo bien

7

Puntuación

7.0/10

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