Crítica de ‘Resident Evil: El capítulo final’: Final complaciente y redundante para una saga irregular

Las críticas de Óscar M.: Resident Evil: El capítulo final

Alice y las entregas de Resident Evil son como esa amiga que te encuentras después de mucho tiempo y te resume su vida en cinco minutos y después puedes relajarte para disfrutar de todo lo que viene. Todas las secuelas de esta franquicia comienzan igual: con un recordatorio de los mejores momentos de las entregas anteriores. Y no es un mal planteamiento, teniendo en cuenta la continuidad que se pretende dar y que la propia saga se salta a la torera cuando le viene en gana (o cuando no encuentran forma de continuar la historia anterior, como en el caso que nos ocupa).

En Resident Evil: El capítulo final (sexta parte de la saga de zombies basada en la conocida franquicia de videojuegos del mismo nombre) recuperamos a Alice en un mundo ultra post apocalíptico, donde la raza humana ha sido prácticamente extinguida (ya he recuperado dos subtítulos de películas de la saga: Apocalípsis y Extinción) y donde no hay ni rastro de sus compañeros de la secuela precedente, a pesar de que el final de la quinta parte prometía un enfrentamiento en grupo contra infinidad de muertos vivientes.

La historia va más o menos dando tumbos sin rumbo fijo (pero con muchas escenas de acción), hasta que la heroína tiene la misión de volver a Racoon city y a la colmena, el emplazamiento original de la primera película, para terminar con la Corporación Umbrella. Así, el argumento recupera localizaciones, recrea escenas de la primera adaptación y cierra con cierta redundancia de temática un ciclo que podría haber terminado en la tercera parte.

Como conclusión de la historia, el guión de Paul W.S. Anderson (guionista de toda la saga y director de la primera y las tres últimas entregas) es bastante deficiente, ya que deja un final ampliamente abierto y, aunque acaba con la trama original, no se atreve a hacerlo de forma definitiva y da que pensar si en los despachos no se está planeando ya una séptima entrega (aunque tendrían más suerte con un reinicio con otros protagonistas y dejando de lado la agotadora e interminable historia de Alice). Los muertos vivientes hace mucho que pasaron a un segundo plano y ahora a los productores sólo les interesa dejar inconclusa la historia de la superviviente para continuar obteniendo (futuribles) beneficios.

Teniendo en cuenta que estamos ante la sexta parte, la capacidad de causar sorpresa en el espectador está bastante limitada, puesto que ya hemos podido ver a su protagonista hacer prácticamente de todo. Esta última parte tiene a una Alice sin poderes mágicos, pero muy habilidosa y rodeada de monstruos pasados por la picadora (todos los enemigos resucitados parecen haber sido llevados al extremo del gore) que entretienen, pero no dejan escenas memorables como había en las primeras entregas. Los constantes saltos, piruetas, giros imposibles y golpes fatales rellenan unas escenas de lucha rodadas frenéticamente y donde la mayoría de las veces es complicado distinguir quién golpea a quién.

Milla Jovovich vuelve a dar vida a Alice, que continúa recordando y olvidando su propia historia con la misma credibilidad que en anteriores partes, no hay diferencias, pero tampoco hay reproches al respecto. A su alrededor hay (como ya viene siendo habitual) un nuevo grupo que recita unas rimbombantes y transcendentales frases con soltura antes de convertirse en carnaza de los hambrientos zombies; y donde destaca Iain Glen (que cumple como villano sin motivación clara) y la recuperación de Ali Larter, de nuevo como Claire Redfield.

Los efectos especiales son de primer nivel, el diseño de producción y la estética de esta sexta película mantienen el estilo de la saga, hasta que llega un momento en el que es difícil diferenciar cada secuela (excepto por la aburridísima tercera parte), algo que otorga una deseable consistencia a la franquicia, pero que limita mucho el trabajo de Anderson.

Resident Evil: El capítulo final no es la mejor ni la peor película de la saga, aunque cumple (a medias) como cierre de la historia. Entretiene (que es un principal función), gustará a los seguidores menos exigentes de la saga y ofrece otro capítulo de una franquicia que ya comienza a acusar desgaste. Pero podría haber sido peor, podría haberse estrenado en 3D.

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