11 D’A FILM FESTIVAL. Crítica de ‘Make Up’: Otra (rutinaria) historia de autodescubrimiento sexual

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 11 D’A FILM FESTIVAL: 
Make Up
 

Un camping de autocaravanas en el turístico enclave de Cornualles es el único escenario de Make Up, la película debut de Claire Oakley que se presenta estos días en la sección Talents del D’A Film Festival de Barcelona. El largometraje que comienza como una especie de historia de amor juvenil de vacaciones pronto deviene en un drama de identidad sexual con tintes de thriller psicológico con componentes fantásticos y rasgos surrealistas.

Y acaso sea precisamente ese el principal problema de Make Up, que pretende ser muchas cosas al mismo tiempo y no termina de resultar convincente en ninguna. Como drama juvenil resulta demasiado rutinario, como exploración de la sexualidad es decididamente cobarde en sus planteamientos y como thriller insuficiente en su arco narrativo y en su desarrollo fílmico.

Su joven protagonista, Ruth (interpretada por Molly Windsor, ganadora del BAFTA a mejor actriz de televisión por Three Girls) se dispone a pasar un mes de vacaciones junto a Tom (Joseph Quinn) en el camping en el que éste trabaja habitualmente. Lo que en principio iba a ser un plácido periodo de descanso pronto se tornará pesadilla por culpa de los celos, las dudas sobre su relación y una ambigüedad sexual con la que no acaba de sentirse conforme. La aparición de otros personajes accesorios servirá de detonante de una trama que, como se ha dicho, no termina de apuntalarse en ninguno de los lugares hacia los que apunta.

Filmada de un modo bastante convencional y marcando distancias emocionales con sus personajes protagonistas, Oakley utiliza un montaje un tanto artificioso para conferir a su película un tono autoral con el que distinguirse. La sobredosis de planos insertos con intenciones narrativas va in crescendo a medida que avanza el metraje hasta convertirse casi en el único medio con el que hace avanzar la evolución psicológica de la protagonista que, en todo momento, está por encima de una narración que, en realidad, tiene bastante poco interés.

Entre los méritos hay que reconocerle cierta capacidad para crear atmósferas y una afinada dirección de actores con un reparto de buen nivel general en el apartado femenino en el que destacan la citada Molly Windsor y Stefanie Martini. No puede decirse lo mismo de los intérpretes masculinos, inexpresivos y arquetípicos hasta el límite.

Agradeciblemente breve en su desarrollo, Make Up juega con el maquillaje aludido en su título para establecer una serie de metáforas bastante ramplonas sobre las identidades ocultas, los escondites de la psique y los disfraces de la personalidad. A Oakley, a la que se le adivinan intenciones de llegar más allá en sus planteamientos, le pueden las ganas de hacer varias películas en una y las prisas por cerrar un argumento que, en realidad, no es más que una excusa para contar otra historia de autodescubrimiento e iniciación sexual.  


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Make Up

4.5

Puntuación

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