65 SEMINCI. Ciclo Free Cinema. Crítica del primer programa de cortometrajes

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 65 SEMINCI: 
Primer programa de cortometrajes Free Cinema
 

Fijar la fecha del nacimiento de un movimiento cinematográfico es bastante más complicado que ponerse de acuerdo en el momento de su puesta de largo. En el caso del Free Cinema, podemos fijar el mes de febrero de 1956 cuando los directores Tony Richardson, Lindsay Anderson, Karel Reisz y la estudiante de arte Lorenza Mazzetti proyectan en el National Film Theater su primer programa de cortometrajes al mismo tiempo que presentan el manifiesto del Free Cinema con el que defienden una nueva aproximación a la realidad y que literalmente decía:

I Manifiesto del Free Cinema, febrero de 1956

Estas películas no se rodaron a la vez, ni se hicieron con la idea de proyectarlas juntas. Pero una vez reunidas, apreciamos que tienen una actitud común. Implícita en esta actitud hay una creencia en la libertad, en la importancia de la gente y de la vida cotidiana.

Como cineastas creemos que ninguna película puede ser demasiado personal.

La imagen habla. El sonido la amplifica y comenta. El tamaño es irrelevante. La perfección no es un objetivo.

Actitud significa estilo. Estilo significa actitud.

Como dice el manifiesto, los tres cortometrajes que conformaron esta sesión fundacional no fueron concebidos para ser exhibidos juntos y no hay entre ellos ninguna vinculación temática deliberada. El nexo de unión no es otro que haber sido realizados bajo los mismos principios de libertad y de rechazo hacia el cine británico de la época al que acusaban de ser gregario de los modos de producción americanos y de existir al margen de la realidad social británica contemporánea. Estos tres títulos fueron O Dreamland que había sido realizado por Lindsay Anderson en 1953, Momma Don´t Allow codirigido por Karel Reisz y Tony Richardson y Together, obra de Lorenza Mazzetti. Estos dos últimos fueron ambos realizados en 1956.

O Dreamland (Lindsay Anderson, 1953)

El primer cortometraje exhibido en la primera sesión de Free Cinema había sido realizado por Lindsay Anderson tres años antes de su primera exhibición pública.

Anderson colocó su cámara en el Parque de Atracciones de Margate, una localidad costera situada en el distrito de Thanet, en el condado de Kent. Allí se dedicó a filmar a decenas de personas agrupadas en familias y grupos de amigos que asisten con rostros atolondrados al ensordecedor despliegue de luces y sonidos paseando de atracción en atracción.

Algunas son francamente siniestras como un espectáculo que recrea las diversas formas de tortura a través de la historia ante la espantada mirada de unos niños mientras se escucha una grabación que proclama “no se lo puede perder, sus hijos lo adorarán”. Otras son las típicas casetas de feria, autos de choque, norias y puestos de juegos de azar como una especie de bingo donde la machacona voz del locutor va canturreando los números mientras los jugadores rellenan sus cartones. Tampoco faltan puestos con animales enjaulados o máquinas de discos donde poner música a la carta. Sobre todas ellas Anderson pone una mirada crítica, todo tiene un aire decadente incluidos los rostros de la gente que parecen cualquier cosa menos divertidos.

Rodado con absoluta libertad en la concepción de los planos o de la concepción no sincronizada del sonido y montado con más libertad aún, O Dreamland ofrece una mirada naturalista hacia la evasión de la clase media baja en un sábado por la tarde.

Momma Don´t Allow (Karel Reisz y Tony Richardson, 1956)

De marcada naturaleza documental, Momma Don´t Allow alterna secuencias de una variopinta gama de jóvenes trabajadores en su medio laboral (un joven carnicero, la asistente de un dentista o una limpiadora del ferrocarril) con esos jóvenes, tras su jornada laboral, acudiendo a un club de jazz donde actúa la Chris Barber Jazz Band.

A pesar de que no hay rasgos estilísticos transgresores ni innovaciones rompedoras en la puesta en escena salvo un voluntario descuido en la concepción de los planos, la fotografía se manifiesta como sujeto activo a la hora de acentuar el carácter realista de la filmación con un tono mucho más amable que el de O Dreamland a la hora de retratar a los sujetos de la clase trabajadora.

Together (Lorenza Mazzetti, 1956)

Lorenza Mazzetti nos muestra en Together un Londres suburbial, lleno de zonas bombardeadas por la guerra y todavía sin reconstruir, callejuelas estrechas, o la ribera del río. Con cierto aroma a neorrealismo, Mazzetti filma también almacenes, mercados y pubs. Los niños juegan en la calle lo cual es casi una constante en estos films. Miran fijamente a la cámara haciéndole burla de manera descarada, oímos el sonido de los barcos en el muelle.

Sin embargo, Together incorpora como novedad que en él hay dos personajes protagonistas que se superponen al tono documental convirtiendo el mediometraje en casi un film de ficción. Por todas esas localizaciones citadas pasean los dos protagonistas, dos muchachos sordomudos que sufren el aislamiento del resto de la gente del que solo pueden huir el uno a través del otro.

Mazzetti no se sujeta prácticamente a ninguna regla, filma a gente hablando sin que oigamos lo que dice, interrumpe a capricho la banda sonora, compone planos oblicuos, y mueve la cámara con absoluta libertad sin importarle que el enfoque o la iluminación se vayan al garete. Pero todo cobra sentido con el tratamiento del sonido en las secuencias en las que aparecen los dos protagonistas sordomudos.

Alterna planos generales con primeros planos de gente en la calle, son planos descarnados e inmisericordes que muestran los rostros de las clases más humildes que devoran cervezas en los pubs, rodeados de decenas de borrachos cantando. Together es, en conclusión, un mediometraje a caballo entre la ficción y el documental que hace bandera de su absoluta libertad creativa.

Food for a Blluuusssshhhhh (Elisabeth Russell, 1959)

El ciclo que programa la SEMINCI de Valladolid ha decidido completar esta sesión, por razones que se me escapan, con otro cortometraje de 1959 titulado Food for a Blluuusssshhhhh (se titula así, no se me ha quedado el dedo pegado al teclado) de Elisabeth Russell. Este cortometraje se exhibió tres años después en el sexto (y último) programa del Free Cinema. Su inclusión en esta sesión de la SEMINCI junto a los tres films fundacionales del movimiento me parece cuando menos cuestionable porque, aparte de alargar la duración de la misma y alterar el programa original del Free Cinema, guarda poca (o ninguna) relación con los otros tres al tratarse esencialmente de un ejercicio de estilo surrealista que no pasa de curiosidad para estudiosos del cine. 

Elisabeth Russell experimenta con los planos, los movimientos de cámara, el montaje, los efectos sonoros y la música en estos 30 minutos sin un argumento coherente en el que tan pronto se nos explica una disparatada teoría sobre la radioactividad de la leche como juega con formas y maneras interpretativas del cine mudo. En cualquier caso sus treinta minutos se hacen demasiado largos.

 


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