Crítica de ‘Nueva vida en Nueva York’: Un rompecabezas chino

Las críticas de Óscar M.: Nueva vida en Nueva York

Apropiándome del título de la novela (y título original francés de la película) que está escribiendo el protagonista, Nueva vida en Nueva York es realmente un rompecabezas cinematográfico gigante, cuya resolución se ha prolongado durante más de una década: su director ha conseguido contar una historia enorme a través de tres películas, continuando la vida de los personajes más allá de los títulos de crédito de cada entrega.
Cédric Klapisch comenzó la historia hace 13 años con la particular y (aparentemente) descontrolada Una casa de locos, para continuar la historia seis años después con Las muñecas rusas, y ahora en Nueva vida en Nueva York vuelve a recuperar a los personajes años después en la ciudad que nunca duerme tras haber pasado por Barcelona y París en las películas anteriores.
A pesar de ser la tercera parte de la trilogía, la película funciona perfectamente para los espectadores que no hayan visto las anteriores: el inicio y el pequeño resumen que hace el propio protagonista sirve de introducción al espectador nuevo y como recordatorio para los seguidores de las otras películas, sin resultar en ningún momento redundante o evitable (gracias a la imaginativa y animada edición).

El montaje en sí ya es un puro rompecabezas, mezclando desde los créditos escenas de las anteriores películas y adelantos de lo que el espectador va a ver, y juega con él comenzando la película con una escena de la mitad de la trama, cómo llega el protagonista a dicha situación y la resolución posterior, pero todo narrado con un punto de vista cómico y positivo.

La trama (que da muestras una clara evolución de los personajes desde la primera película -cuando tenían veinte años-, a la siguiente -con treinta- y ahora que rozan los cuarenta) es el claro final de un arco argumental que representa la evolución hacia la madurez de dichos protagonistas, como el propio Xavier explica, en una vida donde todo se ha ido complicando (al igual que en la película) y cuyas situaciones personales parecen estar a millones de años de diferencia de cuando se conocieron.
El argumento se va complicando (hilarantemente) poco a poco, aprovechando para mostrar las particularidades de la vida de los inmigrantes en EE.UU. (que son comunes a otras películas similares) cuando buscan trabajo o alojamiento, se desplazan por la (enorme) manzana y llega a su momento más cómico con el desternillante matrimonio de conveniencia y el departamento de inmigración.
Quizás tenga unos momentos dramáticos un tanto excesivos, que hacen bajar un poco el ritmo general del metraje, pero al igual que la propia vida que representa, el día a día está lleno de momentos buenos y malos, la comedia y la tragedia se cruzan en cada hora, por lo que la película gana en realismo con ellos.

El estilo de la película se ha adaptado perfectamente a las nuevas tecnologías y destaca sobre todo la convivencia con ellas: SkypeGoogle maps o las páginas para encontrar piso aparecen totalmente integradas en las vidas de los protagonistas, mientras se mantiene el recurso de la voz en off del protagonista para dar continuidad a las anteriores entregas.

Nueva vida en Nueva York es una brillante conclusión (por el momento, seguro que ya está planeando el guión de los protagonistas con cincuenta años) de la particular trilogía de Klapisch que no decepcionará a los fieles seguidores del director (que se conocen las anteriores películas al fotograma y repiten los diálogos) y conseguirá nuevos adeptos para su (evolucionada) filmografía.

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