Crítica de ‘Quo Vadis, Aida?’: La mejor película del año

Las críticas de José F. Pérez Pertejo : 
Quo Vadis, Aida?

 

No acostumbro a distinguir públicamente a una película como la mejor del año, lo hago, eso sí, en conversaciones privadas con mis amigos o colegas cinéfilos, pero la palabra “mejor” suele repugnarme siempre que la materia a tratar sea algo artístico y no mensurable mediante métodos objetivos. Voy a hacer una excepción por puro agradecimiento a la primera película que en mucho tiempo ha conseguido estremecerme, revolverme las entrañas y atormentarme la conciencia. Quo Vadis, Aida? es una película intensa, dura, honesta en su planteamiento y con una puesta en escena pulcra y veraz. La película que más me ha gustado de todas cuantas se produjeron en 2020, por tanto, en mi subjetivísima opinión, la mejor película del año. Puro cine. 

Durante unos años, a mediados de los 90 y principios del siglo XXI, proliferaron las películas sobre la Guerra de los Balcanes, un conflicto bélico al que ahora muchos historiadores prefieren referirse como las Guerras Yugoslavas y que tuvieron lugar entre 1991 y 2001 para vergüenza de la ONU, de la Unión Europea y de todas las sociedades civilizadas que prefirieron mirar hacia otro lado, no ya ante la guerra en sí, sino ante todas las atrocidades cometidas por el ejército vencedor incluyendo violaciones masivas de mujeres y matanzas indiscriminadas de civiles. Casi todas aquellas películas eran fantásticas, recuerdo con especial admiración Antes de la lluvia (Milcho Manchevski, 1994), Underground (Emir Kusturica, 1995) en la que se ocupaba de todas las guerras yugoslavas desde la II Guerra Mundial, la poética La mirada de Ulises (Theo Angelopoulos, 1995), la oscarizada En tierra de nadie  (Danis Tanović, 2001), Bienvenidos a Sarajevo (Michael Winterbottom, 1997) o Las flores de Harrison (Elie Chouraqui, 2000).

Una de aquellas películas fue Grbavica a la que en España se le añadió el subtítulo de El secreto de Esma, se estrenó en 2006 y suponía el debut en la dirección de una joven directora bosnia nacida en Sarajevo, Jasmila Žbanić. En ella trataba de las violaciones de mujeres bosnias durante la guerra a manos de las tropas serbobosnias y lo hacía a través de la conmovedora historia de una mujer durante la postguerra que trataba de proteger a su hija de la horrorosa verdad. Aquella película se alzó con el Oso de Oro del Festival de Berlín y recibió los parabienes de la crítica internacional.

Catorce años después y con una solida trayectoria cinematográfica de por medio, Jasmila Žbanić ha filmado Quo Vadis, Aida?, una película absolutamente portentosa sobre la horrible masacre de Srebrenica que tuvo lugar en julio de 1995 cuando el ejército serbio, al mando del general Ratko Mladic, irrumpió en una zona (presuntamente) protegida por los cascos azules de las Naciones Unidas, y llevó a cabo una salvaje limpieza étnica matando a más de 8000 musulmanes bosnios, varones en su mayor parte.

Y para contar esta brutal ignominia, Žbanić, en su doble condición de guionista y directora, parte de una historia particular, la de la Aida que figura en el título del film, una profesora de la zona, reconvertida en traductora al servicio de los cascos azules de la ONU, interpretada por la actriz serbia Jasna Đuričić en uno de los más impresionantes trabajos interpretativos vistos en mucho tiempo. Aida es el eje central (argumental y visual) sobre el que pivota toda la película. Sobre su rostro se dibujan el miedo, la angustia, el coraje, la esperanza y la desolación de una mujer, una esposa, una madre que, por encima de todo, quiere salvar a su marido y sus hijos (varones ambos).

El guion se desentiende de lo estrictamente bélico para situarnos, una vez que el ejército serbio ha entrado en Srebrenica, en lo que se cuece en ese hervidero de gente recluida en una especie de campo de refugiados a la espera de destino. Los parabienes y las cínicas promesas de magnanimidad del ejército serbio son el primer ingrediente de un caldo de cultivo que Žbanić irá cocinando con sutileza, sin ejercer una denuncia explícita pero dejando a la vista las vergüenzas de la negligente inoperancia de los cascos azules holandeses que ni quisieron ni supieron ver lo que en ese caldo se estaba cociendo.

Entre las innumerables virtudes de este film tajante en el fondo y coherente en la forma figura la inteligencia con la que su directora sortea todos los riesgos de maniqueísmo o exhibicionismo en los que podía haber caído de haber cedido a la tentación de la grandilocuencia. Su utilización del fuera de campo para todo lo cruento convierte lo implícito del relato en explícito en la imaginación del espectador, de forma que resulta todavía mucho más duro que si asistiéramos a las habituales secuencias de casquería gore con las que nos obsequia, a menudo, el cine bélico. El film finaliza con un doble epílogo, años después, con el que Žbanić deja testimonio de la pervivencia del dolor, de la pérdida y las heridas sin cicatrizar deslizando su cámara hacia la infancia como única esperanza posible. 

Jasmila Žbanić con su portentosa dirección y Jasna Đuričić con su muy emotiva interpretación hace que sea absolutamente imposible permanecer al margen de esta ignominiosa historia que ocurrió hace solo 25 años para vergüenza de todos cuantos miraron para otro lado, incluidas la ONU y la próspera Unión Europea a quien solo once años después le dieron el Premio Nobel de la Paz. Así, sin sonrojarse. Como si Yugoslavia estuviera en Oceanía.


¿Qué te ha parecido la película?

Quo Vadis, Aida?

9.5

Puntuación

9.5/10

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