Un don excepcional

Incluso las personas que han conseguido perder el miedo a cometer errores con sus propias decisiones en la vida son capaces de reconocer que si hay algo que les atormenta es equivocarse con las decisiones que toman por sus hijos. Decidir cómo educarles, qué valores inculcarles, a qué colegio llevarles, qué ideas cultivar y de cuales proteger es difícil incluso cuando nuestros hijos no tengan, por la razón que sea, necesidades especiales. Pero si el niño en cuestión es, insisto, por la razón que sea, diferente, la cuestión se puede volver mucho más complicada porque no podemos cobijarnos en el refugio común de “hice lo que la mayoría de la sociedad hace”.

Puede que el niño no sea capaz de relacionarse con los demás niños con lo que se ha dado en llamar “normalidad”, puede que no disfrute viendo los mismos dibujos animados o jugando a los mismos juegos, puede que no se comporte como la “mayoría” de sus colegas o que no responda igual a los mismos estímulos, ya sea por una diferente personalidad, por un trastorno con entidad clínica o, como en el caso de la niña protagonista de la película que nos ocupa, porque sea un superdotado. ¿Hay entonces que tomar decisiones diferentes o podemos empeñarnos en que nuestro hijo haga exactamente las mismas cosas que hacen los hijos de nuestros familiares, amigos, vecinos y conocidos?

Crítica completa aquí.

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