Crítica de ‘The Normal Heart’: Lo que pudo haber sido y no fue

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: The Normal Heart

Ocurre a veces y esta es una de ellas. Tenía tantas ganas de ver The Normal Heart, el material del que partía me parecía tan atractivo, el reparto tan selecto, el tema tan interesante, el envoltorio (producción de lujo de la casi siempre infalible HBO) tan cuidado… estaba en definitiva tan convencido de que me iba a encantar, que me ha costado mucho trabajo darme cuenta de que me ha gustado bastante poco tirando a nada. 


Y puestos a encontrar culpables, porque de esto tengo que culpar a alguien inevitablemente, lo siento mucho pero el señor Ryan Murphy tiene todas las papeletas para ser declarado responsable. Y vamos a ir directamente al grano. El señor Ryan Murphy es un brillante creador, productor y como les gusta llamar a los americanos “showrunner” de series de televisión, a él se deben series de tanto éxito como Nip/Tuck, las exitosas Glee y American Horror Story o la fallida The New Normal. Pero el señor Ryan Murphy no es un buen director de cine. O al menos no ha hecho nada hasta la fecha para que se le pueda considerar como tal. Sus incursiones en el cine se reducen a la vergonzante Recortes de mi vida (2006), la larga y tediosa Come, Reza, Ama (2010) y ahora The Normal Heart, producción, como ya he dicho, para la televisión que en España emite Canal+ y ha sido editada y puesta a la venta en DVD (aquí lo tenéis).

Entre los intérpretes encontramos a Mark Ruffalo, Jim Parsons, Matt Bomer, Taylor Kitsch, Alfred Molina y Julia Roberts; y el guión es de Larry Kramer que ha adaptado al cine su propia obra teatral de 1985, que con el mismo título y con gran éxito se representó primero en el Off-Broadway newyorkino y tras un segundo estreno también en el Off-Broadway, dio por fin el salto a los escenarios de Broadway.

En 1981 una serie de enfermedades ya conocidas anteriormente, comenzaron a aparecer asociadas en algunos enfermos que tenían en común ser homosexuales y sexualmente muy activos, pronto se descubrió que estas enfermedades producidas mayoritariamente por patógenos oportunistas se aprovechaban de una situación de inmunodeficiencia de estos pacientes y a todo el síndrome terminó por darse, en 1982, el nombre de la enfermedad más mediática del siglo XX: SIDA.

Hoy, todos sabemos que no es una enfermedad exclusiva de homosexuales ni de drogadictos y todos conocemos (¡o deberíamos conocer!) las vías de contagio. Pero en 1981 el nivel de conocimiento no era el mismo, y la situación de marginación, incomprensión y vulnerabilidad que sufrieron los primeros enfermos no tiene nada que ver con la consideración que mayoritariamente hoy se tiene con ellos.

El cine no fue ajeno a este nuevo fenómeno y pronto comenzaron a surgir con desigual fortuna una serie de películas que trataban ya fuera central o tangencialmente de la nueva enfermedad. Recuerdo como especialmente buenas Compañeros Inseparables (Norman René, 1990), la francesa Las Noches Salvajes (Cyrill Collard, 1992), la también producción televisiva En el filo de la duda (Roger Spottiswoode, 1993) y la acaso más célebre de todas Philadelphia (Jonathan Demme, 1993) que le valió a Tom Hanks su primer Oscar. En el año 2003, la misma cadena HBO produjo un proyecto muy similar a este pero entonces en forma de miniserie de seis episodios, me refiero a Angeles en América, basada también en una obra teatral de Tony Kushner titulada Angels in America: a gay fantasia on National Themes. Contó con la dirección del reputado Mike Nichols y la participación de un montón de nombres de campanillas entre los que destacaban Meryl Streep, Al Pacino, Emma Thompson y Mary-Louise Parker. 

Y ahora, 33 años después del surgimiento de la enfermedad, Ryan Murphy decide llevar a la televisión una obra de teatro que en 1985 era, sin duda, de rabiosa actualidad, pero ahora en 2014 resulta bastante trasnochada, y el autor/guionista Larry Kramer que al fin y al cabo cuenta una historia autobiográfica no ha retocado (como parece lógico, tratándose de su vida) nada de su obra.

Ese es uno de los grandes problemas de The Normal Heart, que como película de actualidad sobre el surgimiento del SIDA llega tarde, demasiado tarde y como drama histórico sobre los primeros tiempos de la enfermedad llega pronto, demasiado pronto. A lo largo de los 127 minutos de metraje no cuenta nada nuevo, todo lo hemos visto ya en las películas que cité anteriormente y en otras muchas que no he citado y además está mal contado. Ryan Murphy no acierta con la narrativa, los hechos están mal hilvanados, no hay un hilo argumental coherente, unos rótulos en negro nos informan de vez en cuando de que hemos cambiado de año, pero da igual, los personajes van a la deriva. 
Y van a la deriva porque como director de actores Ryan Murphy también ha estado ausente. Mark Ruffalo toma él solito las riendas de su papel y de la película y está fantástico interpretando a Ned Weeks, un escritor sosias del autor Larry Kramer que lidera un grupo de activistas gay que se esfuerzan por dar a conocer una enfermedad a la que la sociedad y el gobierno americano dieron la espalda durante mucho tiempo precisamente por considerarla una enfermedad exclusiva de homosexuales. Entre este grupo de activistas se encuentran los personajes interpretados por Matt Bomer, Taylor Kitsch y un Jim Parsons al que no me creo en ningún momento. 
Tiene un grave problema Parsons con su personaje Sheldon Cooper (fantástico por otra parte) en The Big Bang Theory; si quiere hacer carrera en el cine le va a costar mucho desprenderse de los ticks y ademanes que con tanta gracia y acierto compone a Sheldon en la citada serie. No vi en ningún momento a su personaje en The Normal Heart, cada vez que aparecía en plano tuve la sensación de que iba a golpear una puerta y decir “Penny, Penny, Penny…”. Alfred Molina y Julia Roberts son tan buenos actores que salen airosos de sus papeles, pero un buen director les habría ayudado a estar un poquito más comedidos, especialmente a la segunda interpretando a una vehemente doctora en silla de ruedas.

La emotividad está conseguida a base de tremendismo y golpes de efecto para buscar la lágrima fácil del espectador más emotivo, la dudosa selección de canciones (ojo, esto no quiere decir que no sean buenas) está metida con calzador y de forma totalmente arbitraria, el metraje avanza y la ausencia de narración empieza a pesar cada vez más hasta que llega el momento en que todos han dejado de interesarme. Una auténtica lástima para un material (guión, actores y producción) que en manos de otro director (y tal vez diez años antes) hubiera engendrado una película maravillosa.

Nota: La edición empleada para la realización de esta crítica es la editada en España en DVD que podéis adquirir aquí.

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