Crítica de ‘Las dos caras de enero’: Entretenida y correcta gracias a las interpretaciones

Las críticas de Óscar M.: Las dos caras de enero
Las dos caras de enero está basada en otra novela de Patricia Highsmith y continúa el renovado interés de Hollywood por la obra de la artista tras el éxito de El talento de Mr. Ripley (remake de A pleno sol), la poco explotada El juego de Ripley (también adaptada en El amigo americano) y la desconocida Ripley under ground.
Una pareja de vacaciones por Atenas se cruza con un joven guía turístico y, accidentalmente, los tres se ven implicados en un lamentable accidente. Pero el pánico y la paranoia invade al marido y, según se va complicando la historia, todo indica que la recién iniciada relación a tres bandas tiene pocas posibilidades de terminar bien.

A pesar de no estar relacionada con El talento de Mr. Ripley, son muchos los puntos en común y similitudes que unen a ambas historias (al menos en sus versiones cinematográficas): una pareja protagonista, un tercer hombre que forja amistad con ambos, la sombra de la estafa, las dudas y los celos de una posible infidelidad y un acto delictivo que los obliga a confiar entre ellos y a continuar juntos hasta que la situación se tranquilice.
Estos nexos comunes restan personalidad a la película y la hacen excesivamente semejante a la anteriormente nombrada, la inexperiencia del director Hossein Amini (debuta en la dirección tras ser guionista de la estupenda Drive y la cuestionable Blancanieves y la leyenda del cazador) se hace evidente con unos esforzados intentos por no imitar a la película de Anthony Minghella en varias escenas, con desigual resultado. Algo similar ocurre con la composición de Alberto Iglesias, que es correcta y no desentona con las imágenes, pero no llega al nivel de “personaje propio” que tenía la música de la otra adaptación.
Una lástima que la película no consiga quitarse el lastre de esta otra, puesto que los tres actores protagonistas están excepcionales, llevando con bastante soltura el peso de la trama (sobre todo Viggo Mortensen), pero nadie a estas alturas puede dudar del trabajo de Mortensen, Dunst o Isaac, que transmiten una gran complicidad ante la cámara, una estupenda representación de sus personajes y la naturalidad que el argumento requiere.
No he podido evitar dejarme llevar por la añoranza de la película de Minghella y obviar las comparaciones, pero Las dos caras de enero resulta, al menos, entretenida y poco previsible (lo cual es de agradecer en una propuesta actual), tiene una ambientación en los años sesenta excelente (en especial el vestuario y la peluquería), la complicación de la trama hace que el espectador muestre bastante interés por los personajes (correctamente presentados y desarrollados) y por la resolución de la historia, aunque el ambiente de la película no llega a ser tan asfixiante como lo era en la otra, y se echa de menos un inesperado giro final.

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