Centenario Alain Resnais: Crítica de ‘El amor ha muerto‘ (1984)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El amor ha muerto

Con cuatro personajes fundamentales, Alain Resnais filmó El amor ha muerto, su décimo largometraje y tercera película consecutiva basada en un guion de Jean Gruault. Un cuarteto de personajes compuesto por los que probablemente fueron sus intérpretes favoritos: Sabine Azéma, Pierre Arditi, André Dussolier y Fanny Ardant. Apenas hay rastros de otros personajes con la excepción de un médico, el Dr. Rozier, interpretado por el mítico Jean Dasté, protagonista de L’Atalante de Jean Vigo y presente en varias películas del maestro Jean Renoir.

La pareja compuesta por la bióloga Elisabeth Sutter (Sabine Azéma) y el arqueólogo Simon Roche (Pierre Arditi) viven en una austera casa de campo aparentemente aislada de vecinos aunque no tardaremos en saber que, no muy lejos, vive el matrimonio de pastores protestantes compuesto por Jérôme (André Dussolier) y Judith (Fanny Ardant). Ambas parejas, como tantas otras, comparten de vez en cuando cenas en las que la conversación gravita desde anecdóticas cuestiones culinarias hasta temas trascendentes como la fe, la muerte, el miedo, la pérdida o el suicidio. Y también sobre el amor, claro, el amor en su doble acepción carnal (Eros) y espiritual (Ágape) sobre las que Jérôme hace una disertación un tanto pedante que tensa el ambiente.

Después de un engañoso fallecimiento de Simon y una efímera vuelta a la vida, su muerte definitiva deja sumida a Elisabeth en una dolorosa soledad ante la que, como única salida, es capaz de plantearse el suicidio para no separarse de su amado al que prometió acompañar siempre y sin quien no encuentra razón alguna para seguir viviendo.

Tras la (aparente) liviandad de algunos pasajes de La vida es una novela, Resnais y Gruault adoptan en El amor ha muerto un tono severo y trascendente que, en su momento, les puso en comparación con Ordet de Dreyer o varias películas de Bergman, quizá el cineasta que más trató con la fe, la muerte, el silencio y la desesperación vital como sustrato de sus largometrajes.

Lo que se propone en El amor ha muerto es un permanente diálogo entre el amor y la muerte desde posiciones cambiantes a lo largo del film. Si bien, el punto de partida podría ser el más obvio, el de la contraposición entre amor y muerte como términos antitéticos o, dicho de otra forma, la presentación de la muerte como exterminadora del amor, Gruault desde el guion y Resnais desde la realización van cambiando las posiciones de sus dos elementos nucleares hasta el punto de que, en algún momento, no pueda entenderse el uno sin la otra o la otra sin el uno. Amor y muerte, a través de la férrea obstinación de Elisabeth de cumplir una promesa que, tal vez, no fue real, terminan por hermanarse hasta el punto de convertir la muerte en la única vía de supervivencia del amor, tesis esta que, por peregrina que parezca, se apoya en la última frase de Elisabeth que arroja en forma de pregunta: “¿Habéis comprendido que si quiero morir es porque estoy loca de esperanza?”

Los cuatro personajes son presentados en sus respectivos lugares de trabajo con fines que van más allá de la mera descripción de personajes. Judith y Jérôme aparecen oficiando sendos funerales con los que se pone de manifiesto sus diferentes concepciones de la fe y de la vida religiosa. Simon es presentado en la excavación arqueológica en la que trabaja, lo cual sirve a Gruault y Resnais (imposible separar su autoría) para disertar acerca del paso del tiempo a través de los objetos (vestigios del pasado) que encuentran entre los restos excavados. Por último, Elisabeth nos es presentada en una especie de laboratorio donde trabaja como bióloga, precisamente en la disciplina más vinculada con la vida de todas las ramas científicas.

Desde estos presupuestos, los personajes interactúan con diferentes vínculos emocionales que van desde la empatía hasta la incomprensión, y en todos ellos resulta fundamental el trabajo interpretativo de cuatro actores mayúsculos. Arditi personifica el miedo, Dussolier la fe inquebrantable, Azéma el dolor (muy alejada de sus habitualmente risueños personajes) y Fanny Ardant, con su sobriedad y elegancia habituales da vida al personaje más complejo de todos, una mujer religiosa que, sin perder la fe, es capaz de desligarse de ella para entender todo aquello que no podría entender desde la ortodoxia en la que está situado el Jérôme de Dussolier. “Resucitaremos, resucitaremos” son las palabras con las que cierra su comprensión del suicidio desde un punto de vista cristiano.

Pero, a pesar del potente peso temático del film, un ensayista del lenguaje cinematográfico como Resnais no se conformó con contar una historia de fuerte carga filosófica y ceñirse a lo meramente argumental. Resnais dio un paso más en su continua experimentación con la fragmentación del relato aunque esta vez no hubiera saltos temporales ni juegos con los emplazamientos espaciales. Lo que hizo Resnais es dotar a su película de una métrica musical intercalando las secuencias con pequeños interludios musicales del compositor Hans Werner Henze que visualmente se acompañan de fundidos a negro sobre los que flotan pequeñas partículas blanquecinas que bien podrían ser copos de nieve, plumas de paloma o incluso motas de polvo magnificadas por un microscopio.

Estas continuas interrupciones de la narración no aparecen siguiendo un patrón que pueda definirse en virtud de necesidades del montaje o que responda a una lógica de la sucesión de planos y secuencias lo cual puede resultar desconcertante, incómodo o desagradable, incluso para espectadores acostumbrados a las transgresiones de Resnais con la puesta en escena clásica.

El amor ha muerto es probablemente el más corto de los largometrajes de Alain Resnais, apenas 89 minutos (bastantes menos si restamos todo el tiempo que la pantalla está fundida en negro con fragmentos musicales) y al mismo tiempo el más denso a pesar de situarse lejos de las complejidades formales de El año pasado en Marienbad, Muriel o Te amo, te amo.


El amor ha muerto no está actualmente disponible en ninguna plataforma en nuestro país. Existe una edición en DVD por el sello VELLAVISION que incluye una entrevista de veinte minutos con Pierre Arditi y que ofrece una calidad de imagen y sonido aceptables. Eso sí, está descatalogada y no es fácil de encontrar ni en páginas de segunda mano

El amor ha muerto

6.5

Puntuación

6.5/10

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