Centenario Alain Resnais: Crítica de ‘Muriel‘ (1963)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Muriel

Cuando Alain Resnais filmó Muriel en 1963 estaban todavía abiertas las heridas de la reciente guerra de Argelia que, tras ocho años de lucha, había finalizado con la independencia del país africano en julio de 1962 poniendo fin a más de un siglo de colonización francesa. Durante muchos años, el conflicto bélico argelino ha sido un tema tabú para el cine francés que, incluso, estuvo sometido a una férrea censura que impedía ocuparse de una manera explícita del mismo. De hecho, fueron otras cinematografías las que primeramente se ocuparon de llevarlo al cine como la italiana La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1965) que se alzó con el León de Oro del Festival de Venecia en 1966.

Resnais y su guionista Jean Cayrol, con quien siete años antes había realizado el mediometraje documental Noche y niebla sobre los campos de concentración nazis, sitúan el tema de la guerra de Argelia como poco más que un telón de fondo para el desarrollo de una historia de reencuentros (y desencuentros) entre unos personajes de los que, como mucho, sabemos que han sufrido (y siguen sufriendo) algún tormento interior que tuvo su origen en el conflicto argelino.

Aunque puede hacerse, no resultaría fácil (ni prudente) tratar de sintetizar Muriel en un resumen argumental puesto que, como ya ocurriera en El año pasado en Marienbad y como volverá a ocurrir más veces a lo largo de su filmografía, las motivaciones fílmicas de Resnais (y sus guionistas) no se apoyan en la necesidad de contar una historia con planteamiento, nudo y desenlace sino, más bien al contrario, desentenderse de este canon narrativo clásico y utilizar el montaje cinematográfico como instrumento para, actores y localizaciones mediante, sugerir los vínculos emocionales entre los diferentes personajes y las posibles motivaciones que expliquen que esos vínculos sean como son o, al menos, se manifiesten como se manifiestan.

Así, Muriel, el nombre del personaje que da título a la película y a quien nunca conoceremos físicamente, no es (en apariencia) más que una sombra que planea sobre la atormentada memoria de Bernard (Jean-Baptiste Thierrée), un joven recién regresado de la guerra para vivir junto a Hélène (Delphine Seyrig) la segunda esposa de su padre (su madrastra, cabría decir) que regenta un negocio de muebles antiguos en la reconstruida ciudad de Boulogne-sur-Mer, una de las ciudades francesas (junto al Canal de la Mancha) más devastadas por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y en la que, a cada paso, se percibe que todo está recién reconstruido o en fase de reconstrucción.

Situados ya en una localización y con dos personajes principales establecidos, el film comienza con la visita de Alphonse (Jean-Pierre Kérien), un antiguo amante de Hélène que, a su vez, viene acompañado por una nueva amante, Françoise (Nita Klein). La convivencia durante un par de semanas entre los cuatro personajes suscitará el germen para que Alain Resnais se adentre de nuevo en el principal eje temático de su filmografía: los mecanismos por los que las vivencias operan en la memoria para determinar recuerdos (y las formas de recordar) y olvidos (y las formas de olvidar).

Reproches, contradicciones y preguntas sin respuesta se agolpan en esa indefinición entre la volatilidad de los recuerdos y la frialdad de un presente en el que la conjugación del verbo amar siempre se hace en tiempos pasados. Y como ya ocurriera en Hiroshima, mon amour, son los objetos como vestigios del pasado (cartas y fotografías encontradas en el fondo de un cajón) los que permiten tener la certeza de que lo vivido, por etéreo que permanezca en la memoria, al menos ocurrió.

El reencuentro entre Hèléne y Alphonse, quizá lo más parecido a un hecho argumental de todo el film, es tan desconcertante para el espectador como para ellos mismos que no aciertan a comprender su vínculo emocional ni remitiéndose al pasado (la memoria) ni situándose en un presente feo, incómodo y lleno de incertidumbres que Resnais filma en color con la intención de subrayar el realismo de una ciudad en reconstrucción sobre la que, junto a su guionista, sitúa las vidas cotidianas de sus personajes.

Hélène malvive entre su poco lucrativo negocio de antigüedades y su inconfesada ludopatía que únicamente se atreve a llorar en soledad. Bernard vive atormentado por el recuerdo de Muriel, “desde lo de Muriel no vivo” llegará a decir poco antes de, acaso, la secuencia clave de la película, aquella en la que se muestran unas imágenes de rutinarias operciones militares, rodadas en 8 mm con un tomavistas, a las que, voz en off mediante, Bernard dota de significado relatando lo que sin duda fue un crimen de guerra, una violación grupal a una joven argelina que decía llamarse Muriel.

Delphine Seyrig, una actriz fría con la que no resulta demasiado fácil empatizar, recibió la Copa Volpi a la mejor interpretación femenina en el Festival de Venecia. Del resto del reparto no hay grandes virtudes interpretativas que destacar, si acaso, más bien, que lamentar. Particularmente en el caso del muy mediocre Jean-Baptiste Thierrée (de quien nunca más se supo) al que, en uno de sus momentos más emotivos, Resnais termina filmando de espaldas en lo que parece más una solución coyuntural que una decisión estilística.

Resnais prosigue en este tercer largometraje con su camino por la modernidad cinematográfica a través de la indefinición de los espacios y la fragmentación del tiempo. Los brevísimos planos de objetos que se precipitan en la pantalla a un ritmo inusualmente rápido y las secuencias que se suceden sin aparente hilazón son algo más que juegos con el montaje cinematográfico, aunque, nuevamente, como ocurriera en El año pasado en Marienbad, terminen por funcionar como elemento distanciador entre la película y el (gran) público.


Muriel está disponible en las plataformas Filmin y Mubi. En cuanto a formato físico, existe en España una magnífica edición en DVD y Blu-ray de que A contracorriente lanzó al mercado para conmemorar el 55 aniversario de la película con un máster restaurado en 4K y un nuevo transfer digital en alta definición. La edición incluye como extra una entrevista con el propio Alain Resnais.

Muriel

7

Puntuación

7.0/10

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