Centenario Alain Resnais: Crítica de ‘El año pasado en Marienbad‘ (1961)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El año pasado en Marienbad

Una voz en off, una de las señas de identidad del cine de Alain Resnais, abre El año pasado en Marienbad antes incluso de que terminen de aparecer los títulos de crédito en la pantalla. Tras la finalización de los mismos, la cámara se desplaza por techos y pasillos que, en mayor o menor medida, parecen corresponderse con la descripción de un espacio que continúa mediante la voz en off. El discurso se fragmenta, va y viene con obsesivas repeticiones de algunas de las frases cuyo origen nunca, ni siquiera cuando la voz se vuelve en apariencia diegética, queda del todo claro.

Las palabras parecen mantener un duelo con una inquietante música mientras comienzan a aparecer los céreos e inexpresivos rostros de personajes que asisten a una representación teatral que termina con los espectadores puestos en pie aplaudiendo mecánicamente. A partir de ahí vuelven a encadenarse imágenes sin una aparente intención narrativa (clásica) con fragmentos de conversaciones entrecortadas que en ningún momento hilvanan un discurso coherente que pueda asimilarse a un relato.

A pesar de que el montaje ha tomado el mando del fluir de la película, resulta muy difícil para el espectador no iniciado advertir algo que no sea la creación de una atmósfera en la que lo de menos son los personajes, la acción o el relato, es decir, los pilares fundamentales del cine clásico que son puestos en solfa por la confluencia de los dos autores de la película: Alain Robbe-Grillet como autor del guion y Alain Resnais en la dirección de la película. Dos Alain que, en cierto modo, ejercieron como estandartes de sendos movimientos renovadores, literario el primero, el Nouveau Roman (que cuestionaba la narración, la trama y la psicología de los personajes); y cinematográfico el segundo, un cine de modernidad europea enfrentado al cine clásico y más emparentado con Antonioni o con Bergman que con sus coetáneos franceses embarcados en una Nouvelle Vague de la que Resnais nunca participó a conciencia.

Tratar de resumir El año pasado en Marienbad en una sinopsis argumental es un ejercicio tan inútil como vacío: “un hombre llamado X (Giorgio Albertazzi) deambula por un hotel (o un palacio barroco) intentando rescatar a una mujer llamada A (Delphine Seyrig) del aparente olvido de una relación amorosa que tuvieron el año anterior en Marienbad, el único verano en el que, durante unos días, se produjo una helada y, tras el cual, prometieron reencontrarse para huir juntos abandonando al marido de la mujer llamado M (Sacha Pitoeff)”.

Si bien tras la lectura de esta sinopsis, el espectador no iniciado al que nos referíamos unos párrafos más arriba podría pretender asistir a un triángulo amoroso o una historia convencional de infidelidad, alguien debería advertirle que nada está más lejos de lo que se va a encontrar. A pesar de que a partir de la primera media hora la película se hace ligeramente más accesible aunque solo sea por el reconocimiento de unos personajes principales a los que aferrarse como espectador (X, A y M); Resnais no renuncia en ningún momento a jugar con la confusión, con el distanciamiento del espectador a través del ya mencionado montaje fragmentado y de un estilo deliberadamente críptico que huye con pertinaz empeño de cualquier roce con la narrativa clásica.

En cualquier caso, El año pasado en Marienbad no es una película amable con el espectador (medio) que, sumido en un extrañamiento continuo, no ha sido invitado a entrar en una propuesta que únicamente parece concebida para que su guionista y su director enarbolen sus respectivas banderas de renovación de literatura y cine, y en la qué, como ya ocurría en Hiroshima mon amour, el peso del guionista en la autoría del film es, como mínimo, igual al del director cinematográfico; si bien es cierto que no hay secuencias de transición ni planos de relleno y todo responde a una voluntad clara del director (aquí Resnais sí se antoja como el único responsable) de querer dotar de significado a sus imágenes aunque estén impregnadas de una solemnidad fatigante.

El montaje, único catalizador del choque entre las imágenes y las palabras, prescinde de la continuidad y el sincronismo, por lo que en ningún momento es posible establecer una idea coherente del tiempo y del espacio como tampoco es posible entender a los personajes como seres humanos portadores de emociones y pulsiones. Tan solo X es ajeno a esa deshumanización de la que trata de rescatar a A mediante su continua persuasión tratando de hacerle recordar unos acontecimientos que permanecen en el limbo entre la imaginación de X y la memoria de A. Otra vez, como ocurriera en Hiroshima, mon amour, la fragilidad de la memoria y la voluntariedad (o no) del olvido son los principales subtextos de un texto que, en realidad, no existe.

Pocos films a lo largo de la historia del cine han sido sometidos a tantas interpretaciones, desde las que pretenden explicarla como una ecuación matemática a través de sus componentes X, A y M hasta los que se remiten a Pirandello y proponen al personaje masculino protagonista (Albertazzi) como un personaje de cine consciente de serlo, atrapado en una película sin emoción de la que debe tomar el control para rescatar a la mujer y poder huir con ella. Las posibles preguntas son tan inabarcables como irresolubles.

El año pasado en Marienbad ha sido definida como un “laberinto de palabras e imágenes” por el director francés Luc Lagier en su fantástico documental de 33 minutos En el laberinto de Marienbad que acompaña a la edición española en DVD de la película. En él desgrana muchas de las claves que pueden ayudar a entender (a partir de un imprescindible segundo visionado) una película a la que sus detractores califican como un ejercicio pretencioso y sus defensores como una revolución estética.

Pero incluso los espectadores que permanecemos en un término medio entre la detracción y la admiración, no podemos dejar de reconocer encontrarnos ante una película mítica en la que confluyen los presupuestos estéticos del cine moderno con la revolución formal de las estructuras narrativas del Nouveau Roman.


El año pasado en Marienbad puede verse en la plataforma FILMIN. En 2009, Cameo lanzó al mercado español una magnífica edición limitada en DVD de la película que además incluía un breve libro de Carlos Losilla titulado «La perversidad del cine moderno o breve guía para pasear por Marienbad» y el documental En el laberinto de Marienbad, además de dos de los cortometrajes más celebrados de Resnais: Van Gogh y El canto del estierno.

El año pasado en Marienbad

8

Puntuación

8.0/10

Un comentario en «Centenario Alain Resnais: Crítica de ‘El año pasado en Marienbad‘ (1961)»

  • el 8 julio, 2022 a las 22:13
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    La vi hace años y guardo buen sabor de boca, quizás porque la vi absorbido y concentrado en el fantástico vestuario que Chanel creó para A.

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