69 SSIFF. Perlak. Crítica de ‘Competencia oficial’: Desmitificando el cine

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 69 Festival de San Sebastián:
Competencia oficial

Los directores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn, conocidos fundamentalmente por El hombre de al lado (2011) y El ciudadano ilustre (2016), filman una coproducción hispano-argentina (de mayoría española por lo que tengo entendido) que con el título Competencia oficial participó recientemente en el Festival de Venecia y se presenta ahora en la sección Perlak de la sexagésimo novena edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Con un reparto estelar encabezado por nuestros hollywoodienses Penélope Cruz y Antonio Banderas y el excelente actor argentino Oscar Martínez, Competencia oficial es un auténtico ajuste de cuentas con el mundo del cine en general y la interpretación en particular. Todo comienza cuando un empresario multimillonario al borde de la retirada (José Luis Gómez) decide hacer algo con lo que pasar a la posteridad y tras debatirse entre construir un puente y ponerle su nombre o producir una película se decanta por esta última opción.

A partir de aquí comenzará una alocada y por momentos divertidísima desmitificación de todo el proceso de creación de una película empezando por un productor que no tiene ni puñetera idea de cine pero como pone la pasta coloca a su hija en el reparto (Irene Escolar), pasando por una prestigiosa directora encumbrada por su obra radical y rompedora (Penélope Cruz) que no se soporta ni ella misma y dos actores protagonistas, con perfiles muy dispares, pero que tienen en común ser dos divazos insufribles (Antonio Banderas y Oscar Martínez).

Se trata de una de esas películas sobre el cine dentro del cine en las que no resultará difícil reconocerse en algunos momentos a todos los que, desde uno u otro lugar, trabajen dentro de la industria cinematográfica. Es evidente que Duprat y Cohn han tomado referencias reales a la hora de construir sus personajes pero lo han hecho con la suficiente habilidad como para que no sea evidente ninguna identificación concreta con alguien de la vida real. Además de reírse de muchos de los artificios y falsedades que acompañan al proceso creativo de una película, también tienen agallas para arremeter contra la banalidad de los premios cinematográficos o la mediocridad de cierta prensa cinematográfica que, rueda de prensa tras rueda de prensa, hace las mismas preguntas tratando de colocar etiquetas ideológicas, ecológicas, identitarias y, eso sí, debidamente reciclables conforme a estos asfixiantes tiempos de corrección política que nos están tocando vivir.

A pesar de su indisimulada naturaleza de comedia, Competencia oficial deviene en una dramedia con tintes de farsa y notas de esperpento que pone en solfa, con acerada e ingeniosa mala leche, a productores, directores, actores, agentes, críticos, periodistas de cine y espectadores en general. Filmada a golpe de secuencias, montadas encadenadamente sin saltos temporales ni otros artificios narrativos, la película tiene momentos divertidísimos que se alternan con otros que terminan por ser simples sketches y no funcionan tanto, bien por resultar demasiado previsibles o bien por ser ideas que probablemente funcionaban mejor en la mente de sus guionistas que en el resultado final de su filmación. No conviene poner ejemplos ni de los primeros ni de estos últimos pues conocerlos de antemano restaría a la película su mayor aliciente que es precisamente su capacidad para irse desatando progresivamente hasta llegar a algunas cumbres totalmente delirantes.

Sin duda uno de los mayores atractivos del film resulta del hecho de que semejante desmitificación sea interpretada por nombres de la talla de Antonio Banderas y Penélope Cruz, hasta el punto de que el guion juegue, aunque sea tangencialmente, con elementos de las propias carreras de ambos, especialmente de un Banderas que, aunque en la rueda de prensa posterior a la presentación del film aclaró que no se sentía identificado con su personaje, reconoció algunos puntos en común. El caso es que el trío protagonista está absolutamente fantástico en papeles que, a pesar de su aparente sencillez, son endiabladamente difíciles. Pocas cosas son tan complicadas para un actor como interpretarse interpretando y tanto Martínez como Banderas consiguen que parezca fácil. Por su parte Penélope Cruz, con un look deliberadamente kitsch, hace una creación bastante alejada de sus registros habituales que suelen ser más dramáticos y contenidos a pesar de que, especialmente en los inicios de su carrera, tuvo una estrecha relación con la comedia.

Película desenfadada, gamberra e iconoclasta, Competencia oficial es algo más que un entretenimiento y algo menos que una metaficción sesuda y reflexiva. En conjunto funciona muy bien.


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4/5 - (1 voto)

Competencia oficial

7

Puntuación

7.0/10

Un comentario en «69 SSIFF. Perlak. Crítica de ‘Competencia oficial’: Desmitificando el cine»

  • el 4 octubre, 2021 a las 21:47
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    Qué bien, una «dramedia» de vez en cuando es muy saludable. Gracias por tu crítica!

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