domingo, enero 18, 2026

Crítica de ‘El sendero de la sal’: El camino como meta

Las críticas de Laura Zurita:
El sendero de la sal

Tras perder su hogar y su medio de vida, una pareja de mediana edad emprende impulsivamente una caminata de 630 millas a lo largo de la costa suroeste inglesa, una caminata complicada en no poca medida por el reciente diagnóstico al marido de una enfermedad neurodegenerativa terminal.

Marianne Elliott dirige El sendero de la sal sobre un guion de Rebecca Lenkiewicz, basado a su vez en el libro autobiográfico de Raynor Winn. La película está protagonizada por Gillian Anderson y Jason Isaacs, acompañados por Denis Lill, Rebecca Ineson, Tucker St. Ivany, Olivia Edwards, Paul Morel, Angus Wright, Jimmy Gorniak y Georgia Henshaw. La película se estrena el 16 de enero de 2026 de la mano de Adso Films.

Crítica de ‘El sendero de la sal’: El camino como meta

Material autobiográfico

El sendero de la sal parte de un material profundamente humano y, en potencia, incómodo: la pérdida total como punto de arranque de un viaje sin propósito claro ni aprendizaje explícito. Raynor y Moth Winn han sido arrollados por la sociedad, por la enfermedad y por una realidad económica y legal que los expulsa sin contemplaciones. Sin embargo, la película apenas se detiene en las causas profundas de esa caída. Sabemos que la pérdida ha sido devastadora, pero no se nos ofrece un contexto claro de por qué lo ha sido tanto, ni de cómo el sistema ha contribuido a esa situación. Esa ausencia no se plantea como un vacío problemático, sino como un dato que la película acepta con naturalidad, evitando así cualquier incomodidad.

Basada en el libro autobiográfico de Raynor Winn, la película se construye alrededor de una idea potente: caminar como último refugio cuando todo lo demás ha sido arrebatado. No es el planteamiento lo que falla, sino la forma en que la película decide protegerlo. El viaje se presenta como una experiencia casi cerrada sobre sí misma, sin apenas fricción con el exterior ni con los conflictos que esa situación extrema debería activar.

El mundo que rodea a los protagonistas se contempla desde una distancia segura en El sendero de la sal. La destitución, el maltrato sistémico y la indefensión ante un sistema legal que perjudica a esta familia aparecen mencionados, pero nunca encarnados con verdadera fuerza dramática. No se profundiza en las estructuras que los han empujado hasta ese punto, ni en las consecuencias sociales de quedar fuera del sistema. Puede que esta decisión tenga que ver con las sólidas dudas que existen acerca de la verdad factual de la ruina de los protagonistas, en las que no vamos a entrar aquí.

El camino, que debería funcionar como espacio hostil y moralmente ambiguo, se convierte en un entorno casi neutral. El paisaje no amenaza de verdad a los personajes ni cuestiona sus decisiones. Todo parece dispuesto para acompañarlos, con molestias y algún riesgo ligero, pero sin amenazas reales, lo cual es, por cierto, muy realista. Incluso la dureza física del trayecto está suavizada por una mirada que evita deliberadamente incomodar al espectador de El sendero de la sal.

El guion de Rebecca Lenkiewicz opta por un tono inspirador y contenido, muy fiel al espíritu del texto original, pero esa fidelidad se convierte en un límite. El conflicto social y político que late bajo la historia —la pérdida de la vivienda, la precariedad, la invisibilidad de quienes quedan fuera del sistema— se queda en la superficie. Se enuncian los problemas, pero no se desarrollan.

Crítica de ‘El sendero de la sal’: El camino como meta

Ritmo contemplativo

Narrativamente, El sendero de la sal mantiene un ritmo contemplativo constante que acaba uniformando la experiencia. Los kilómetros pasan, pero rara vez se traducen en una evolución dramática clara. Los conflictos se insinúan, pero no se despliegan. El caminar se repite como gesto simbólico hasta volverse reiterativo, y la película parece confiar en que el simple paso del tiempo sustituya al desarrollo narrativo.

Hay episodios que podrían haberse explorado de manera mucho más incisiva —como los encuentros con otros caminantes, la confusión con cierto personaje famoso o la sugerencia de historias de violencia y maltrato—, pero El sendero de la sal prefiere quedarse en la superficie. Incluso la fragilidad física de Moth, que al inicio aparece como una amenaza constante, pronto pasa a un segundo plano y deja ser un foco de preocupación.

La fotografía de El sendero de la sal apuesta por una sobriedad cuidada, casi pulcra. El paisaje está filmado con sensibilidad y respeto, pero también con una prudencia que juega sobre seguro. La mirada es casi como un folleto sobre el camino todo resulta bello, ordenado, contemplativo. Esa elección estética refuerza la sensación de que la película no quiere enfrentarse a sus propias aristas.

Gillian Anderson y Jason Isaacs ofrecen interpretaciones sólidas, pero con pocos retos reales. Anderson construye una Raynor resistente, pragmática y sensata, siempre en control de la situación. Su personaje transmite dignidad y entereza, pero rara vez se permite una fisura que complique su recorrido emocional. Isaacs compone un Moth sometido a presión, marcado por la enfermedad, pero esa tensión pocas veces emerge con fuerza. Está presente de forma constante, pero no llega a sacudir la narración ni a introducir un verdadero conflicto interno que altere el rumbo del viaje. Ambos trabajos son correctos y comprometidos, pero el guion no les exige ir más allá.

En resumen, El sendero de la sal es una película muy cercana a su material de origen. Su sensibilidad y su respeto hacia los personajes son evidentes, pero esa misma corrección emocional limita su alcance. La película se mantiene demasiado pegada a su marco temporal y evita explorar tanto el antes —las razones profundas de la caída— como el después —las consecuencias reales del viaje—, mientras alarga el trayecto con momentos menos significativos. Se ve con interés y cierta admiración por la historia que cuenta, pero deja la sensación de que podría haber sido más incómoda, más arriesgada y más profunda.


¿Qué te ha parecido la película El sendero de la sal?

El sendero de la sal

5.7

Puntuación

5.7/10

Descubre más desde No es cine todo lo que reluce

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Síguenos

9,670FansMe gusta
2,070SeguidoresSeguir
500SeguidoresSeguir
23,108SeguidoresSeguir
5,210SuscriptoresSuscribirte
- Publicidad-

ÚLTIMAS PUBLICACIONES

Crítica de ‘La misteriosa mirada del flamenco’: Amor y muerte en el desierto

Las críticas de Laura Zurita: La misteriosa mirada del flamenco A principios de los 80, en el desierto chileno, Lidia, de once años, crece en el...