Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Adiós, June
No estoy demasiado pendiente de las películas que se estrenan directamente en plataformas por una razón tan obvia como que el tiempo es limitado y no se puede estar a todo. Solo cuando alguna película trasciende de un paso anodino por la plataforma en cuestión y comienza a hacer ruido en medios de comunicación o redes sociales o, particularmente, cuando me la recomienda alguien en cuyo criterio confío, procuro sacar un rato para verla. Es el caso de Adiós, June, película estrenada en Netflix en la pasada Nochebuena que, además, tiene los atractivos añadidos de ser el debut en la dirección de la actriz Kate Winslet y tener un reparto de campanillas: Helen Mirren, Timothy Spall, Andrea Riseborough, Toni Colette y Johnny Flynn se unen a la propia Winslet que se ha atrevido a encarnar un difícil papel además de ponerse, por primera vez, tras la cámara.
Argumentalmente es bastante sencilla y el tema central está sucintamente explicado en las dos palabras que forman el título: June (Helen Mirren) es la anciana y enferma madre de cuatro hijos y se está muriendo. Ante la inminencia del desenlace, su esposo (Spall) y Connor, el único hijo que vive con ellos (Flynn), congregan a las otras tres hijas que, en mayor o menor medida andan esparcidas por el mundo, aún a riesgo de que se destrocen entre ellas. Julia (Winslet) a quien todo parece ir bien a pesar de que siempre anda con prisas, Molly (Riseborough) permanentemente crispada y enfadada con el mundo en general y sus hermanas en particular y Helen (Colette) que, a diferencia de sus hermanas, no tiene una vida familiar convencional y practica una espiritualidad un poquito cargante de esas de limpiar los chakras y demás costumbres un tanto excéntricas para los que somos escépticos.

Por una serie de vicisitudes que convienen al guion, en lugar de irse de alta a pasar sus últimos días en su casa, June decide quedarse ingresada en un centro asistencial que en ningún momento queda muy claro si es un hospital o una residencia de ancianos, pero, en cualquier caso, parece estar a disposición de la familia Cheshire porque no aparecen más enfermos ni otros pacientes ingresados hasta el punto que parece haber más personal que enfermos.
La narración discurre por cauces bastante previsibles, si bien, gracias más a la brillantez de las interpretaciones del magnífico reparto que a un guion poco verosímil que hace aguas por varios sitios, Adiós, June supone un emotivo estudio sobre el duelo anticipatorio en el que cada personaje enfrenta la certeza de la pérdida como mejor puede. El resultado traspasa la línea de lo conmovedor para adentrarse en lo abiertamente lacrimógeno, intercalando algunas secuencias filmadas con autenticidad con otras extremadamente artificiosas por no calificarlas de ridículas. Lo de la obrita teatral de todo el elenco de nietos actuando para su moribunda abuela hará saltar las lágrimas de los espectadores hipersensibles, pero a otros nos provoca cierto sonrojo.
Lo mejor del film, como he anticipado más arriba, es el trabajo actoral. Cada uno compone su personaje desde la emotividad interior para construir el vínculo con los demás. Aunque el foco está puesto fundamentalmente en la relación entre los personajes de Winslet y Riseborough y ambas están francamente bien, es Michael Flynn el que acaba resultando más conmovedor pues sobre él recaen casi todos los desahogos de los demás personajes y aborda su propia pena e impotencia desde una soledad desoladora que Flynn interpreta con enternecedora autenticidad.
Es probable que si no fuera por el reparto, la película no pasaría de telefilm de sobremesa en cualquier televisión. Bueno, en cualquiera no, ojalá pusieran más telefilmes y menos programas de gente gritándose. El caso es que Adiós, June se deja ver y hará llorar a moco tendido a quien pille con la guardia baja o haya tenido una pérdida reciente.
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