61 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘El ciudadano ilustre’: La visita del viejo escritor

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 61 SEMINCI: 
El ciudadano ilustre

 

Los directores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn conocieron el éxito hace seis años con su película El hombre de al lado que les abrió las puertas de la distribución internacional. Llega ahora a la sección oficial de la 61 SEMINCI el largometraje El ciudadano ilustre que ya estuviera en el pasado Festival de Venecia donde la interpretación de su protagonista Oscar Martínez fue galardonada con la Copa Volpi al mejor actor. 

Una vez vista la película, no me sorprende en absoluto el galardón a la contenida y detallista interpretación de Oscar Martínez como Daniel Mantovani, un escritor argentino que habiendo conocido las mieles del éxito, Premio Nobel de Literatura incluido, sufre un bloqueo creativo de tal magnitud que le lleva a dejar de escribir durante varios años y dedicarse a la vida contemplativa en su lujosa casa de Barcelona, desde la cual se dedica a rechazar la inmensa mayoría de las invitaciones a conferencias, congresos, homenajes, galardones, firmas de libros y demás eventos sociales que han terminado por convertirle prácticamente en un misántropo. 
 
Cuando un día llega una invitación para asistir a un homenaje en su pueblo natal, Salas, que abandonó en su juventud para desarrollar su carrera literaria, algo toca el alma de Mantovani que tras rechazar la invitación de manera vehemente, reconsidera al día siguiente su decisión para desconcierto de su agente literaria, encargada de gestionar su agenda, interpretada por Nora Navas en un breve papel. 
 
El comienzo del viaje es también el comienzo de la comicidad con la que los directores impregnarán la película hasta prácticamente el final de la misma, y este tono cómico es, al mismo tiempo, el mayor mérito del film y su peor lastre. Intentaré explicarme. Desde la misma partida del escritor, en el vuelo que le lleva de Barcelona a Argentina, comienzan las situaciones jocosas con las que el guion escrito por Andrés Duprat somete a Mantovani para incomodar su absoluto deseo de pasar inadvertido. La llegada a Argentina empeora las cosas, el traslado desde el aeropuerto hasta su pueblo será un nuevo despropósito y desde su llegada, las situaciones cómicas se repiten unas detrás de otras hasta resultar, a mi entender, excesivas. 
 
Soy un espectador muy agradecido con las carcajadas, y más aún si estas me las provocan durante la SEMINCI, un festival que si por algo se caracteriza es por programar dramas y películas denuncia de las que dejan el alma encogida y, a menudo, el estómago revuelto. Entiendo que cuantas más risas, mejor es la carrera comercial de la película y al parecer así está siendo, la película es un éxito de taquilla en Argentina y ha sido seleccionada por su país para competir por el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Pero en El ciudadano ilustre, a guionista y directores se les va la mano con la comicidad hasta el punto de llevar algunas situaciones hasta un esperpento un poco molesto. 
 
Y es una lástima porque El ciudadano ilustre encierra lecturas muy interesantes, algunas más evidentes como la pobreza intelectual de los políticos representados por el pretencioso alcalde del pueblo y otras, no tanto, como las inteligentes apreciaciones que Mantovani argumenta sobre la creatividad, el arte, y sobre todo la cultura y su instrumentalización política.  A lo largo de sus dos horas podemos encontrar interesantes reflexiones sobre los estragos del paso del tiempo, la melancolía de los amores perdidos, la vacuidad de la fama, la impostación de los halagos y la ruindad que se esconde tras una mal entendida generosidad en forma de invitaciones interesadas. 
 
Me ha parecido encontrar ecos de la obra teatral “La visita de la vieja dama” de Friedrich Dürrenmatt en El ciudadano ilustre, no tanto en la vertiente de fábula moral (en la obra de Dürrenmatt una rica anciana vuelve a su miserable pueblo y ofrece una fortuna a cambio de que alguien mate a su amor de juventud) como en la descorazonadora constatación de que la voluntad del pueblo como masa es algo en lo que no se puede confiar por lo fácilmente que se manipula desde la oligarquía local o desde quien ostente el poder económico. Me gustaría explicarme un poco mejor pero me obligaría a contar pasajes de la película que no deben ser contados.
 
En definitiva una película inteligente y divertida, engrandecida por la sensacional interpretación de Oscar Martínez y por una puesta en escena que desnuda las miserias humanas con descarnada socarronería. Divertida, quizá a ratos demasiado.

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