Crítica de ‘The Prom’: Tan bienintencionada y divertida como olvidable

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
The Prom
 

La costumbre de convertir los musicales de Broadway en películas de Hollywood es tan antigua como el cine mismo por mucho que algunos comentaristas cinematográficos se empeñen en hacerlo pasar como una tendencia reciente. Es cierto que hubo algunas décadas en que el género estuvo de capa caída y ha sido de unos años a esta parte cuando, probablemente estimulados por los avances tecnológicos del cine digital, que facilitan mucho las cosas, y al cobijo de algunos grandes éxitos de los escenarios que pedían a gritos una adaptación fílmica, han florecido, con mayor o menor fortuna, las películas basadas en musicales.

En el caso que nos ocupa, aunque la producción tiene todas las hechuras del formato cinematográfico y es de suponer que habrán cumplido los requisitos de exhibición en cines durante las semanas pertinentes para poder optar a los diferentes premios de cine, no nos engañemos, The Prom es un film producido por Netflix para ser visto, fundamentalmente, en el ámbito doméstico. De hecho, su productor y director no es otro que Ryan Murphy, uno de los hombres más influyentes de la televisión mundial debido a sus numerosas (y exitosas) series de televisión (Nip/Tuck, Glee, American Horror Story, American Crime Story, Feud, Pose, The Politician o Hollywood). Si atendemos, sin embargo, a su filmografía cinematográfica, su nombre se convierte en más pequeñito como autor de la discreta Recortes de mi vida (2006),  la aburridísima Come, reza, ama (2010) o la fallida The Normal Heart.

The Prom es un musical relativamente reciente. Aunque su estreno fue en Atlanta en 2016, su llegada a Broadway se produjo en otoño de 2018 y solo resistió una temporada en cartel viéndose obligado a cerrar tras 309 sesiones, lo cual ya deja bien claro que un éxito, lo que se dice un éxito, no fue. No vamos a repasar ahora las temporadas consecutivas en cartel de otros éxitos como El fantasma de la Ópera, Los Miserables, El Rey León, Mamma Mia o Rent por poner solo unos ejemplos. 

Ryan Murphy: el no-director

El caso es que Ryan Murphy se ha dado mucha prisa en hacerse con sus derechos y encargar a Jack Viertel un guion que adaptase el libreto de Chad Beguelin y Bob Martin, autores del espectáculo original. La lástima es que, además, no hubiera encargado la dirección de la película a alguien con más dotes realizadoras y él se hubiera limitado a hacer aquello en lo que es incuestionablemente bueno: producir. Porque ese es, ni más ni menos, el gran problema de The Prom: que pide a gritos la presencia de un director. Murphy no acierta en la realización de ni uno solo de los números musicales. No hay ni una sola coreografía bien filmada. El abuso de primeros planos y planos medios cortándonos las piernas de los bailarines es de juzgado de guardia.

El argumento de The Prom, cargado de buenas y loables intenciones, es rematadamente simple: en un instituto de Indiana se suspende el baile de graduación para evitar que una chica lesbiana acuda al mismo con su pareja, lejos de allí, en Nueva York, un variopinto cuarteto de artistas de Broadway busca una causa noble con la que lavar su depauperada imagen y relanzar sus decadentes carreras. El cuarteto viaja a Indiana, conoce a la chica y a los peculiares personajes del instituto y tratan de salvar el baile de graduación con una propuesta que relance los valores de inclusión. Todo muy cliché, muy naif, muy colorista y, por supuesto, muy divertido. Pero bajo este sencillo argumento, además de constituirse como un canto a la inclusión y una evidente crítica a la intolerante sociedad de determinados Estados del interior de EEUU en los que, en pleno siglo XXI, sigue siendo difícil declarar abiertamente ser homosexual, The Prom esconde una afilada crítica a la superficialidad del mundo del espectáculo, al cinismo de algunas grandes estrellas y a lo efímero del éxito.

Un reparto de campanillas

El reparto está encabezado por la inefable Meryl Streep dando una nueva lección de porqué es la más grande actriz viva de Hollywood y la genuina heredera de los creadores del Star System clásico. Hablar ahora de su filmografía nos llevaría a una digresión eterna, sencillamente vuelve a dar una vuelta de tuerca a sus creaciones más alocadas en una suerte de tronchante autoparodia. Igualmente divertido y alocado está James Corden que funciona perfectamente por mucho que, en algunos círculos, se haya protestado porque un actor heterosexual interprete a un personaje gay, protesta que no consigo entender. Más desaprovechada está Nicole Kidman en un personaje de mucho menor lucimiento, sin embargo, suyo es uno de los mejores números del musical, un homenaje al gran Bob Fosse que disfrutaríamos mucho más si Murphy hubiera sabido filmarlo en condiciones. El menos conocido Andrew Rannells, pero mejor cantante y bailarín, completa el cuarteto de “visitantes” de Broadway.

En el lado de Indiana tenemos como auténtica protagonista a Emma, la chica en cuestión, interpretada por Jo Ellen Pellman (excelente vocalmente, discreta como actriz), a Ariana DeBose (mejor actriz que cantante), a Kerry Washington como la “mala” de la película y a Keegan-Michael Key como el entrañable director del instituto.  

The Prom es una adaptación divertida con la que pasar un rato entretenido siempre que se asuma su liviandad y no se tengan grandes pretensiones, no hay ninguna canción inolvidable que vayamos a canturrear irremediablemente al terminar la película a pesar de que, en general, son canciones dinámicas y bien engarzadas con la trama. Su gran problema es un metraje un poco excesivo y, como he insistido varias veces, la ausencia de un director con un poquito de talento. (Rob Marshall, por ejemplo, habría sacado oro de algunos números).


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Puntuación

6.5/10

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