Crítica de ‘Tigertail’: Emotiva, intimista y delicada (aunque ya la hayamos visto)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Tigertail
 

Se estrena este fin de semana en Netflix, Tigertail, ópera prima del joven Alan Yang, norteamericano e hijo de inmigrantes taiwaneses que hasta ahora se había dedicado a la escritura y producción de series televisivas como Parks and Recreation de la NBC o Masters of None de la propia Netflix. Para su debut en el largometraje ha elegido una historia de indudables tintes personales, la de Pin-Jui (Tzi Ma), un hombre, taiwanés asentado en los Estados Unidos que, llegada la madurez y sumido en la melancolía de una vida solitaria en Nueva York, recuerda su vida remontándose a la infancia para explicarse a sí mismo cómo ha llegado a este punto de soledad e incomunicación.

Con una puesta en escena intimista y un estilo sorprendentemente pulcro para ser un debutante, Yang aprovecha los escuetos noventa minutos de metraje para hacer un reposado retrato de este hombre triste y lánguido que, como veremos en los numerosos flashbacks con los que se conforma la narración, no siempre fue así.

La prematura muerte de su padre, la separación de su madre hasta que esta pudo mantenerlo y las difíciles relaciones de Taiwán con la República Popular China son someramente esbozadas en el inicio del film para transportarnos al presente, en Nueva York, donde Pin-Jui regresa de un fugaz viaje a su país de origen para asistir al funeral de su madre. A partir de aquí, Alan Yang construirá un evocador relato sobre el exilio de los inmigrantes orientales que persiguieron el sueño americano acentuando el dolor de la pérdida de su último ancestro como el detonante del desarraigo definitivo.

Hay en Tigertail mucho de amores perdidos, oportunidades desaprovechadas, afectos no demostrados en su momento, arrepentimientos y renuncias que son narrados por su director con calculada emotividad y cierto abuso de un leitmotiv musical (muy bonito, por otra parte). Yang subraya la soledad de Pin-Jui centrándose fundamentalmente en su difícil relación con su hija Angela (Christine Ko) que, a su vez, se enfrenta a su propio abismo emocional tras una ruptura sentimental que no logra superar.

Yang resuelve mucho mejor los flashbacks que las secuencias que tienen lugar en la actualidad, algunas de ellas, como una sonrojante discusión conyugal, son resueltas con demasiada rudeza. Es probable que un mayor desarrollo del guion y, en consecuencia, un metraje más prolongado, habría permitido explicar mejor algunos elementos del argumento y desarrollar con más profundidad algunos personajes secundarios que quedan apenas esbozados.  

De impecable factura técnica, la fotografía de Nigel Bluck se pone al servicio de la narración estableciendo sutiles diferencias cromáticas entre pasado y presente. Hermosa, como he apuntado, es también la partitura de Michael Brook aunque Alan Yang se apoye demasiado en ella para subrayar algunos momentos de intimidad en los que hubiera bastado con el recogimiento y sobriedad de la contenida interpretación de Tzi Ma.

El problema de Tigertail es que uno tiene permanentemente la sensación de haber visto ya varias veces esta misma película, hay determinados lugares comunes ya transitados anteriormente por otros cineastas. No he podido impedir recordar las primeras películas de Ang Lee o, la más reciente, The Farewell (también protagonizada por Tzi Ma) en la que la pérdida (anticipada) se erigía también como el tema central alrededor del cual se desgranaban cuestiones como el citado desarraigo o las dificultades de comunicación entre la primera generación de inmigrantes y la segunda generación, norteamericanos a todos los efectos.


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7

Puntuación

7.0/10

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