Crítica de ‘Toc Toc’: Cada cual con su pedrada

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Toc Toc
 

Habrá quien le eche la culpa a la alarmante falta de ideas que asola el panorama cinematográfico mundial (se acusa mucho a Hollywood pero no nos engañemos, pasa en Hollywood, en el cine asiático, en el europeo en general y en el español sin ir más lejos) pero el cine, desde su mismísimo nacimiento, ha bebido siempre del teatro como una de sus principales fuentes de inspiración. No hay éxito teatral que se precie que no tenga su correspondiente versión cinematográfica y, a pesar de lo arriesgado que resulta colocar las palabras “éxito” y “teatral” seguidas en la misma frase, el caso que nos ocupa es absolutamente incuestionable. Toc Toc, la obra escrita por el comediógrafo francés Laurent Baffie, transita en el momento de escribir estas líneas por su novena temporada en el Teatro Príncipe Gran Vía de Madrid con más de 2500 funciones y aproximándose al millón de espectadores (giras por provincias incluidas) y no parece que su tirón afloje a pesar de que a lo largo de sus nueve años haya ido renovando, al menos parcialmente, su reparto.

Aunque soy espectador habitual de teatro, he de reconocer que no he visto la representación teatral a pesar de que no hace muchas fechas se representó en un teatro a cuatrocientos metros de mi casa durante las ferias de mi ciudad. Mea culpa. Pero esta circunstancia ha servido para que me acercara a la película con la mente limpia y sin ideas preconcebidas, algo que en otras ocasiones me ha jugado malas pasadas en forma de desmedidas expectativas.

La primera conclusión que saco tras ver la película es que me resulta perfectamente explicable el éxito de su original teatral, un texto divertido con personajes muy bien definidos y situaciones con las que, en mayor o menor medida, todos podemos sentirnos parcialmente identificados (si alguien se siente identificado totalmente que pida cita urgentemente con un psiquiatra).  Dentro del acrónimo TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) se encuadra una gran variedad de trastornos ansiosos que, como rasgo general, se caracterizan por pensamientos (obsesivos) y conductas (compulsivas) de carácter recurrente e involuntario que provocan en el paciente limitaciones en su vida diaria y un estado de ansiedad con el que, según la variedad e intensidad del TOC, puede llegar a ser difícil convivir.

Seis pacientes con diferentes tipos de TOC se encuentran en la sala de espera de la consulta de un psiquiatra en la que, por error, han sido citados todos a la misma hora. El retraso del psiquiatra por la cancelación del vuelo en el que regresaba de Londres obligará a convivir durante varias horas a estos seis peculiares individuos que, dados sus llamativos comportamientos, terminaran por confraternizar en una suerte de terapia de grupo generando situaciones divertidas.

Aunque creo que tanto texto como personajes se prestan más a ser moldeados por las particularidades del medio teatral que por las diferentes formas de lenguaje empleadas por el cine, el trabajo de Vicente Villanueva es sobresaliente tanto es su faceta de guionista adaptador como en la de director. En ningún momento se tiene la sensación de estar asistiendo a teatro filmado pese a que, en su mayor parte, la obra se desarrolle en un mismo espacio: la sala de espera de un psiquiatra. La ágil puesta en escena de Villanueva, su inteligencia con las múltiples colocaciones de la cámara y un acertado uso del montaje otorgan a la película entidad cinematográfica propia al margen de su procedencia escénica.

En cuanto al reparto, imprescindiblemente clave en el éxito de un material como Toc Toc (con malos actores esto no habría quien lo aguantase), el resultado es un tanto desigual. Siempre que hay un reparto coral se tiene cierta tendencia a calificar al conjunto con los méritos de los que mejor están sin tener en cuenta que unos pueden estar muy bien y otros no tanto; y no sería justo referirse al excelente trabajo de Alexandra Jiménez que está sencillamente fantástica con los mismos términos que al de, por ejemplo, Adrián Lastra que resulta mucho menos convincente o al del (casi siempre) extraordinario actor argentino Oscar Martínez (El ciudadano ilustre) que aquí naufraga estrepitosamente con una recreación un tanto burda del síndrome de Tourette. Francamente bien están Paco León con su taxista aritmomaniaco y Rossy de Palma con su manía comprobatoria llevando a sus personajes a su terreno, en unos registros de comicidad que no por haber explotado ya en numerosas ocasiones dejan de ser eficaces. Completan el elenco unas correctas Nuria Herrero en el papel de una monitora de fitness con ecolalia e Inma Cuevas como la recepcionista de la consulta del psiquiatra.

Una brillante presentación de los personajes, una adecuada puesta en escena, un acertado sentido del ritmo y su escasa duración hacen de Toc Toc una película que sin ser tronchante arrancará alguna que otra carcajada, tanto mayor cuanto mayor sea el reconocimiento propio o de gente conocida en las manías de los personajes que se muestran.

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