Crítica de ‘Paddington 2’: Mejor que la primera (y ya es decir)

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Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Paddington 2
 

Añadan Paddington 2 a la lista de películas que contradicen el aforismo de que segundas partes nunca fueron buenas, la continuación de las aventuras del osito más educado de Londres no es solo una digna secuela de su predecesora si no que, liberada de la obligatoria introducción de la primera parte, retoma con energía los personajes ya conocidos y aprovecha todo el metraje para desarrollar una divertidísima historia con tanta fluidez narrativa como eficacia visual.

Paddington 2 como su predecesora Paddington de la que tuve ocasión de escribir en esta misma página hace un par de años comparten la rara cualidad de combinar la más pura tradición del cine infantil clásico con la modernidad que procuran las diferentes formas de creación visual digital. La animación del oso protagonista es sencillamente fantástica y muchos de los gags se apoyan en efectos visuales de gran resolución técnica en una producción de alto fuste que cuida con esmero cada detalle.

La dirección vuelve a estar a cargo de Paul King sobre un brillante guion a cuatro manos que firma junto a Simon Farnaby, Jon Croker y el mismísimo Michael Bond, el legendario escritor inglés, creador del oso Paddington y autor de los archifamosos cuentos, que falleció este pasado verano a los 91 años, pocos meses antes del estreno de la película. Bajo el envoltorio de “cine familiar” tenemos en realidad una hábil mezcla de géneros: cine policiaco, tronchante drama carcelario, comedia de situación, cine fantástico, thriller de acción y numerazo musical incluido.

En esta segunda parte tenemos al oso Paddington viviendo felizmente integrado en el acomodado barrio londinense de Windsor Gardens con la familia Brown de la cual ya es uno más, únicamente echa de menos a su tía Lucy, que sigue habitando en el “recóndito Perú”, a la que quiere hacer un regalo especial por su cumpleaños centenario. El descubrimiento en una tienda de antigüedades de un precioso libro Pop up de Londres (cuya réplica he visto esta mañana en el escaparate de una librería para alborozo de mis hijas) le obligará a buscar un trabajo para ganar el dinero que le permita comprar el carísimo libro (afortunadamente el que he visto esta mañana creo que podré pagarlo sin buscar un trabajo extra) y enviárselo a la tía Lucy por su cumpleaños. A partir de aquí comienzan a sucederse las aventuras y desventuras de Paddington en sus sucesivos trabajos, con sus correspondientes momentazos de slapstick que arrancarán las carcajadas de los espectadores infantes y de sus padres. Me resisto a comentar algunos de ellos para no destripárselos a los espectadores que no hayan visto la película, pero hay algún que otro golpe memorable.

El grueso del reparto es el mismo de la primera película con el siempre elegante Hugh Bonneville en plena crisis de los cincuenta como el Sr. Brown, la adorable Sally Hawkins como la Sra Brown, Julie Walters como la Sra. Bird y Jim Broadbent como el Sr. Gruber. Las novedades están en un divertidísimo Brendan Gleeson como compañero de aventuras y en el villano de turno, si en la primera parte “la mala” era Nicole Kidman, ahora tenemos a Hugh Grant en uno de esos papeles que es un auténtico bombón para cualquier actor porque le permite hacer prácticamente lo que le dé la gana y que quede bien. Lo que ha tenido que disfrutar Hugh Grant interpretando a este histrión de batín de guatiné y maestro del disfraz.

Paddington 2 es, además, un frenético paseo por algunas de las localizaciones más reconocibles de Londres que Erik Wilson fotografía con la misma pasión que empleó en la primera parte. La música de Dario Marianelli completa el envoltorio estético de esta fantástica película que demuestra que se puede hablar de buenos sentimientos sin resultar ñoño, derrochar ternura sin caer en la sensiblería y proponer a un oso de peluche como héroe de acción sin que parezca un disparate. De lo mejor del año en cuanto a cine infantil se refiere. Si no tienen ningún niño a mano para llevarle como coartada, no se corten, vayan solos, regresarán a su infancia durante noventa entrañables minutos.

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