Crítica de ‘Saw VIII’: Falta ingenio, pero sobre todo falta ketchup

Las críticas de Pablo Cózar: Saw VIII

Cuando en el año 2004 el ahora aclamado James Wan estrenase en cines Saw, que en principio iba a ir directa a vídeo, pocos podían imaginar que iba a terminar siendo una de las franquicias de terror con más entregas del siglo XXI. Tras un parón de siete años, DeAPlaneta lleva a las salas Saw VIII (Jigsaw en suelo estadounidense). La ciudad vuelve a llenarse de cadáveres y todo apunta a que Jigsaw está de regreso de entre los muertos.

La cinta cuenta en la dirección con los gemelos alemanes Michael y Peter Spierig, quienes lograron cierta fama en 2009 con Daybreakers y Predestination. A su favor hay que decir que se alejan totalmente del estilo procedimental de bajo presupuesto que exhibían las entregas a cargo de Darren Lynn Bousman. Sin embargo, Saw VIII no deja de parecer, a ratos, un episodio con un poquito de gore de cualquier serie procedimental actual directa a la TDT. Y ese es precisamente el problema de los Spierig, no consiguen volver a la intriga de la original ni estar al servicio del gore y el torture porn del resto de la franquicia, se queda en tierra de nadie. Tampoco ayuda que los guionistas Pete Goldfinger y Josh Stolberg, encargados de las secuelas de Piraña, tracen un guión tramposo que busca un giro a caballo entre Viernes 13 Parte V y Destino Final 5, pero sin lograrlo.

El regreso de Jigsaw años después de varios años de paz trae consigo un nuevo y macabro juego. En esta ocasión cinco personas tendrán que enfrentarse a una serie de macabros y sangrientos desafíos para poder expiar sus pecados y ver hasta donde llega su capacidad de sacrificio y su instinto de supervivencia, todo ello mientras la investigación científica y policial intenta descifrar quien se encuentra detrás de los delitos. Esta mezcla da pie a un intento de juego donde el espectador puede intentar, junto con los investigadores, a averiguar que se esconde detrás de este retorno.

Tobin Bell vuelve una vez más a encarnar a John Kramer, el villano conocido como Jigsaw, pero los años o la desgana empiezan a pasar factura y su interpretación no pasa de correcta. Del resto de rostros que adornan la pantalla no se puede añadir mucho; casi todos provienen de la televisión y aprueban con suficiente raspado su paso por el género del terror. Matt Passmore (The Glades) se presenta como un doctor con un perturbador pasado en Afganistán, mientras que Callum Keith Rennie (Battlestar Galactica) es el policía obsesivo y turbio que intenta resolver el caso. Y no podemos olvidar a Hannah Emily Anderson (Love of my Live) como la joven admiradora de la obra de John Kramer. Por supuesto también hacen su aparición Laura Vandervoort (V, Smallville) y Paul Braunstein (The Thing), quienes serán los focos principales de las torturas en esta ocasión.

En conclusión, Saw VIII es una película que si bien consigue devolver a la palestra una franquicia que llevaba años en el cajón, se queda en tierra de nadie, incapaz de saber si quiere ser una película para fans o para nuevos espectadores. Con un guión tramposo y una producción y reparto nada espectaculares, podríamos hablar de que es una película que claramente necesita mejorar, pero que, comparada con el resto de la franquicia, estaría en un escalón bastante alto del ranking. Es imposible que la frescura de la primera entrega de James Wan vuelva a la franquicia, pero es probable que la propia productora haya entendido que el gore y el personaje de Jigsaw fueron las claves del éxito de la primera entrega y no el reto de la supervivencia. Quizá por eso mismo que Saw VIII se quede entre dos aguas no sea tan malo, tal vez una futurible Saw IX sepa dar en el clavo. Y si eso no funcionase siempre quedaría Jigsaw X In Space.

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