El cine por dentro: El montaje

Anteriormente ya os comentamos el poder que tiene el montaje, ejemplificándolo con el efecto Kuleshov. En el caso de hoy, nos centraremos en como montar una película según los elementos que se puedan llegan a utilizar y el enfoque que se le quiera dar. 

En un principio no había montaje. Las primeras películas que se rodaron, con los hermanos Lumière como protagonistas en la invención del cine actual, no tenían corte alguno y hasta la llegada de George Méliès fue así.

Este último fue un gran propulsor del corte cinematográfico y su propulsor para luego utilizar el montaje. A raíz de estos montajes, que daban la sensación de ilusión que tanto caracterizaba a su cine, se ha derivado en varios tipos que serán en los que nos centraremos hoy.

El montaje narrativo es el más común y el que tiene mayor uso, teniendo como objetivo el dotar a la historia de una manera que explique la situación, utilizando cualquier elemento como flash-backs (saltos temporales al pasado) o flash-forwards (saltos temporales al futuro), el uso de líneas paralelas que sitúen acciones distintas en una misma temporalidad y lugar o el uso de una mima línea narrativa lógica.
El montaje ideológico es usado a base de emociones, de gestos, signos y todo aquello que pretenda llegar al espectador de manera sentimental. 
El montaje expresivo sirve para que se centre en la acción de la secuencia, con planos de corta duración en cuanto a escenas de acción y de más duración cuando pretende dar suspense o dramatismo a la secuencia elegida e incluso llegar a centrarse en el mundo interior de la historia.
El montaje creativo no tiene ninguna pauta a seguir. Es un tipo de montaje en el cual el director pretende transmitir sus ideas de una manera distinta. Esto es algo que se ha podido ver recientemente en Las posibles vidas de Mr. Nobody.

El montaje poético busca causar unas emociones al espectador de manera poética (valga la redundancia).  El uso alterno de flash-backs y flash-forwards puede llegar a ser recurrente para que así el espectador consienta una cierta conexión con lo reflejado en la escena, aunque no es el único elemento, ya que se suele dar también el uso del montaje en paralelo, siendo este cuando existen dos realidades alternadas bajo un mismo nexo en dos planos temporales iguales y con distintas localizaciones.

Muchas son las películas que han utilizado un montaje no habitual y que, por esto y entre otras cosas, serán recordadas. Entre ellas Memento, de Christopher Nolan, ha de tener una mención especial, no sin olvidar otros títulos tales como 21 Gramos de Alejandro González Iñárritu, Pulp Fiction (en general todas las películas de Tarantino que va alternando capítulos) o American History X entre muchas otras.

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