Ciclo ‘El Planeta de los simios’: ‘La conquista del planeta de los simios’ (1973)

Las críticas de David Pérez “Davicine”: La conquista del planeta de los simios (1973)
 
Battle for the Planet of the Apes, quinta entrega de la franquicia El planeta de los simios, fue traducida en España como La conquista del planeta de los simios, estrenada en 1973 y dirigida por J. Lee Thompson. Como ha sucedido con anteriores entregas, hay que tener cuidado, pues no hay que confundir con Conquest of the Planet of the Apes, que en España fue La rebelión de los simios, aunque ciertamente hubiera sido más fiel usar el título de la película que aquí tratamos para esa otra entrega.
 
En 1973, el final de la saga estaba muy cerca y se notaba. La premisa había empezado a parecer quemada, y también lo estaban los realizadores. Después de haber “conquistado” el mundo en su última aventura cinematográfica, no había realmente ningún motivo para que los simios fueran a más, sino todo lo contrario, es decir, entrarían en decadencia, y con ellos La conquista del planeta de los simios.
 
En esta ocasión nos narran la historia a modo de flashback, contando el Legislador la vida del líder simio César (Roddy McDowall) doce años después de la revolución que lideró en la película anterior. En esta sociedad postnuclear, César intenta cultivar la paz entre los simios y los humanos supervivientes. Un general gorila llamado Aldo (Claude Akins), sin embargo, se opone a esto y planea la caída de César, quien está casado con Lisa (Natalie Trundy), simio hembra de la película anterior, con la que tiene un hijo, llamado Cornelio (Bobby Porter) en honor al padre de César.
 
El simio eje central de toda la evolución, César, planea una expedición a la Ciudad Prohibida (que fue destruida por una guerra nuclear en la última película de los simios) con el fin de ver una cinta de vídeo hecha por sus difuntos padres. En ella, predicen que la ciudad será destruida por una guerra nuclear. Sin embargo, la expedición también descubre que en las ruinas subterráneas de la ciudad unos pocos humanos aún sobreviven.
 
A diferencia de los seres humanos que conocen, estos seres humanos se han visto debilitados por la radiación. Su líder está interpretado por Severn Darden, que puede chocar al principio, pues se trata de un cómico estadounidense, pero se las arregla para dar vida a un loco dictador que odia a los simios. Mientras tanto, en la ciudad de los simios, el hijo de César ha espiado a los gorilas militaristas y descubre sus planes para atacar la armería y poner fin a 12 años de paz. Al quedar al descubierto por el líder de los gorilas, provoca que Cornelius caiga a la tierra desde una rama, lo que hace que César, cegado por el dolor, mantenga una vigilia junto al lecho de su hijo, herido gravemente, mientras que los gorilas ponen en serio peligro a los humanos con los que conviven, siendo atacados por los humanos mutados de la ciudad prohibida.
 
Luciendo un aspecto de set de rodaje barato y con unos efectos especiales de saldo, completan la película con flashbacks de las películas anteriores de la saga, ofreciendo en conjunto la sensación de ser una película hecha con prisas intentando recuperar al público familiar después de la apocalíptica y ultraviolenta La rebelión de los simios (1972), pero la historia no es más que un hilo de acción y aventuras rutinarias que no exploran el choque cultural entre el hombre y los simios.
 
Es sorprendente como J. Lee Thompson, a quien le debemos la magnífica Los cañones de Navarone, con Gregory Peck, David Niven y Anthony Quinn, realiza un trabajo bastante flojo, con transiciones desiguales, gran parte de los diálogos apenas se dejan oír correctamente, y los simios pasan más tiempo sentados discutiendo sobre banalidades que centrándose en la trama de la propia cinta. Parece que sabían que claramente era la última entrega de la saga, y se realizó para exprimir un poco más a los fans de los simios.
 
Por si fuera poco, hay algunos puntos que ni siquiera tienen explicación. De esta forma, veinte años después de la historia narrada en la anterior película, donde se empleaban simios como sirvientes, que andaban cabizbajos y apenas tenían una gran movilidad ni el don del habla -salvo César, hijo de los simios llegados del futuro y con esa capacidad-, ahora todos ellos son simios erguidos, parlantes, sin necesidad de una evolución posterior, como se esperaba sucediera con la descendencia de César. Todos han evolucionado sin saber cómo a un estado similar al de César en un corto periodo de tiempo.
 
Aparte de Severn Darden, el reparto parece desinteresado en ofrecer su mejor trabajo, incluso el incondicional de la saga, Roddy McDowall, parece dejarse llevar por el suave y anodino guión.
 
La quinta adaptación de la novela de Pierre Boulle se ve obstaculizada por un guión banal que, con la intención de cerrar el círculo de la historia a través de una interesante lucha entre gorilas bélicos, chimpancés pacíficos y mutantes subterráneos, parece reacia a utilizar el potencial filosófico de la saga, notándose la  carencia de la habitual resonancia alegórica de la saga y su implicación social. 
 
De esta forma concluyen cinco películas que componen la saga original de El planeta de los simios, quemada tanto argumental como económicamente, y que han dado paso a una serie de televisión en 1974, también protagonizada por Roddy McDowall, a un programa de dibujos animados, los cuales mostraron más estilo e imaginación que esta última entrega, y a un posterior remake (2001), así como dos precuelas, de las que continuaremos hablando en este ciclo.
 
Nota: Crítica realizada para el ciclo dedicada a la saga El planeta de los simios, cuyo índice podéis encontrar aquí.

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