Crítica de ‘Un hombre de altura’: Comedia francesa en bote pequeño

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Un hombre de altura

La princesa sale a pasear al jardín. Allí, junto al estanque,
encuentra una rana croándole una bella canción. La princesa, conmovida,
besa al batracio y este se convierte en un atractivo, esbelto y fuerte
príncipe. Se casan, viven felices y comen perdices. ¿Pero qué ocurre si
el príncipe azul no es el modelo de Calvin Klein que los cuentos nos han
vendidos? Pues que la historia se convierte en una comedia francesa.
Este viernes se estrena en nuestro país Un hombre de altura, la última
película del director galo Laurent Tirard, protagonizada por el
oscarizado Jean Dujardin.


Tirard se une a Grégoire Vigneron, con
quien ya ha colaborado en los guiones de El pequeño Nicolás y Asterix
& Obelix: Al servicio de su majestad
, para adaptar el guion original
de Marcos Carnevale, Corazón de león. Así, Un hombre de altura guarda
toda la esencia de su predecesora argentina, con unos diálogos algo
cambiados. El resultado es una simpática comedia romántica, más
encantadora que original, con más sonrisa que carcajada.

Diane es
una abogada que, tras una pelea con su exmarido y socio, olvida su móvil
en un bar. Esa misma noche un hombre la llama para informarle de que
tiene su teléfono y la convence de que se vean para comer. Alexandre
resulta ser un arquitecto de éxito, encantador, divertido, guapo y de
una personalidad arrolladora, solo hay un problema: mide un metro
treinta y cuatro centímetros.

Un hombre de altura sigue al dedillo
el esquema de la comedia romántica clásica. El encuentro entre un hombre
y una mujer, la sorpresa, el acercamiento, la intimidad y por último el
enamoramiento. A continuación, una barrera les impide estar juntos,
pero finalmente lucharán contra cualquier impedimento para poder ser
felices. ¿Cuál es su principal atractivo entonces? La respuesta es Jean
Dujardin.
Un hombre puede medir veinte centímetros si los llena con el
encanto y atractivo de este actor francés que consiguió que Hollywood se
rindiese a sus pies tras su papel en The Artist. En Un hombre de
altura
, Dujardin resulta no solo arrebatadoramente atractivo, sino que
hace de Alexander un personaje fuerte y (casi siempre) ajeno a las
miradas impertinentes. Como dice su hijo Benji, a quien interpreta el
guapísimo César Domboy (El desafío, La princesa de Montpensier) “Cuando
te miro, veo dignidad”. Porque eso es uno de los temas que aborda Un
hombre de altura
; el daño que pueden ocasionar las miradas y juicios
ajenos.

No nos engañemos, en una comedia romántica tan al uso como
esta, las lecturas profundas resultan inútiles. El pequeño juego de
atracción y repulsión al que se enfrenta Diane es tan superficial y está
tan mal desarrollado (apenas dos segundos cuando mira en el espejo el
pequeño cuerpo de su pareja antes de que terminen en la cama) que la
crisis de la pareja resulta artificial y forzada, pero se perdona porque
todos queremos que el chico guapo, aunque enano, termine con la rubia
despampanante y sean muy felices. Eso es lo que tienen los cuentos y las
comedias románticas; si entras por el aro perdonarás todas sus faltas.
Un hombre de altura tiene muchas, pero aquellas que no salva su
protagonista, son obviadas con esa sonrisa idiota de aquellos que
seguimos enamorados de un género que no parece saber dar más de sí.

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